Por Cristina Fernández Pereda
Los productos copiados y vendidos en China le cuestan a Estados Unidos 1.000 millones de dólares al año. China ha entrado en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y se ha convertido en una amenaza para la economía de muchos países. Las pérdidas a escala mundial superan los 13.000 millones de euros al año.
La piratería ha superado el reto de las imitaciones. Esta industria consigue copias exactas y ofrece los productos a precios mucho más bajos. Resulta casi imposible distinguir el original de la copia y el precio siempre ayuda a decidir cuál comprar.
Las protestas contra China se escudan en la protección de los derechos de autor, sin embargo, también entran en juego las leyes del mercado. Muchas empresas extranjeras han visto sus productos copiados, por lo que no consiguen vender los originales. Las exportaciones no funcionan porque ha nacido otra forma de competencia en el mercado chino.
La lucha contra la piratería en China se convierte en un problema internacional porque lo que se copia son productos extranjeros. Quizás cuando lleguen las copias de marcas chinas comience la persecución real. Una de las razones que se utilizan para justificar el pirateo radica en la dificultad de los países en desarrollo para acceder a conocimientos nuevos de los países más avanzados. Esta razón explica por qué la versión de Windows 95, que costaba 100 dólares en Estados Unidos, se llegara a vender por sólo 4 en China.
Las presiones internacionales han sido insuficientes. Estados Unidos acusó a China, al entrar en la OMC, de prácticas comerciales desleales. Pero nadie ha conseguido que China empiece a aplicar las leyes de propiedad intelectual. Su concepto de copia es diferente al de Occidente, por lo que la lucha parte de términos distintos. Además, el cierre de las tiendas y mercados dedicados exclusivamente a la venta de productos copiados supondría un aumento del paro en China. El gobierno ya ha decidido qué prefiere combatir.
La piratería china no tiene límites, desde videojuegos a prendas de ropa, pasando por software informático, e incluso fármacos. Uno de los conflictos más notables lo protagonizó General Motors con una de sus filiales en China al ver copiadas algunas de las características de un modelo suyo. La copia de coches ya no es un disparate en un mercado que acumulará, en los próximos 10 años, el 18% del incremento de la demanda mundial de automóviles.
En su versión más conocida, la de la copia de CD’s o DVD’s, alcanza el 90% de las ventas en el mercado chino. El precio de los originales es inalcanzable para la mayor parte de la población, que ni siquiera se plantea comprarlos. Así, una de las estrategias comerciales seguidas por empresas occidentales como Sony, es bajar el precio de los productos en China. Sony lanzó la consola Play Station 2 mucho más barata, intentando convencer a un mercado potencial de 1.300 millones de personas.
La piratería es otra manifestación de las desigualdades. Países que no pueden acceder a determinados productos, deciden copiarlos, imitarlos y ponerles la marca de los países más avanzados. En China no se venderían productos chinos, las copias están hechas allí, pero la marca dice que son occidentales. Una vez más, se comercializa con la marca, no con el producto. Y la marca significa desarrollo.




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