La noche que no olvidaré

No se me olvidará que hace unos años alguien me dijo que nunca dejara de soñar, por difícil que pareciera el sueño. Que la vida se encarga de robarte cosas, de ponerte obstáculos, y si no te atreves a soñar, siempre te quedarás lejos de donde querías llegar.

Live high. Dream high.

No se me olvidarán las 12 horas delante del ordenador, el vuelco en el estomago cada vez que me decía a mi misma “estoy cubriendo unas elecciones, éstas elecciones”, cada vez que me acordaba que hace apenas un año empece un blog diciendo que quizás no empezaría a escribir en el papel, sino en Internet.

One Way Or Another.
Y se ha cumplido.

No se me olvidarán las imágenes de Chicago, pero mucho menos la de las calles de Washington, la gente gritando cada vez que alguien salía de un portal para unirse a la fiesta, los coches pitando, las banderas, la gente gritando por las ventanas, coches parados en medio de la calle con gente bailando encima, los abrazos espontáneos entre extraños… la sensación de que no había ganado una persona, un equipo, sino un movimiento de gente empujando desde hace dos años.

No se me olvidará el ruido de los tambores, la gente haciendo cola para tener una foto delante de la fachada con la imagen de Obama.
Incluida yo misma.

No se me olvidará la cara de felicidad de la chica subida a la parada de autobús, tocando un tambor, animada por la gente como una estrella de rock; la mujer en trance bailando junto a los músicos, tres extraños y un tambor.

No se me olvidará la cara de los adolescentes, de las parejas de blancos, hispanos, hindús, etíopes, todos mezclados, algo tan difícil de ver por estas calles.

No se me olvidará el silencio en Chicago minutos antes de la fiesta, la quietud mientras hablaba Obama, las lágrimas de Jesee Jackson y la mujer negra que hace no tanto no tenía derecho a votar, quizás tampoco a coger el autobús y sentarse donde ella quería.

No se me olvidará el discurso de Yes We Can, y el susurro de miles de personas como una plegaria.
Yes We Can

No se me olvidará que lo que significa el 4 de Noviembre no es la victoria de unas elecciones si no la victoria de todas esas personas que se han atrevido a hablar, a tener una conversación sincera consigo mismos, con los demás, y se han atrevido a dudar: de verdad importa tanto que sea negro a la hora de decidir un voto, a la hora de liderar este país?

No está todo ganado, pero hablando es como se empieza y el triunfo de todas esas conversaciones es lo que significa para mi el 4 de Noviembre.

El triunfo de quien se atreve a soñar, a empujar al mundo para que cambie, aunque el mundo no quiera atreverse a soñar.

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