Por CRISTINA F. PEREDA
De los 308 millones de personas que se estima habrá en EEUU en el año 2010, la comunidad hispana representará el 15% de esta población. Este es el segundo grupo más grande después de los americanos nativos y no sólo ha conseguido que el español sea el segundo idioma más hablado del país, sino que en algunos estados está cerca de superar a los estadounidenses “blancos”.

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milakent Joven manifestante por los inmigrantes de Seattle.
Sin embargo, el Gobierno de Estados Unidos ha perdido la pista a muchos de ellos desde que realizara el último censo en 2000. Se trata de uno de los grupos de más rápido crecimiento (se estima que superarán los 100 millones en 2050), pero también con más movilidad dentro del país. En los diez años que pasan entre un censo y otro puede haber cambiado la demografía de un estado. Y hay algo más: son una de las comunidades más reticentes a colaborar con las autoridades.
“Para los latinos el problema de la confianza es horroroso”, explicaba ayer en Washington William Ramos, director de la oficina local de NALEO, en un evento con oficiales del Censo. “Que llegue una persona y llame a tu puerta puede darte taquicardias. Tenemos que aliviar esos miedos asegurándonos de que participan en el proceso”.
La comunidad hispana sospecha casi siempre de una carta que llega con un sello del gobierno a su buzón. La primera intención —en caso de no tener la información adecuada— siempre es no contestarla. Pero el gobierno tiene preparadas a más de 100.000 personas para ir casa por casa a hacerles preguntas en persona.
Según Ramos, muchos de los hogares que visitarán los especialistas del gobierno cuentan con personas con diferentes estatus migratorios —pueden tener permiso de trabajo temporal pero no la nacionalidad, un miembro de la familia puede ser ilegal, mientras que otro ya tiene la nacionalidad y pasaporte…— “Cuando llega la carta y ven el formulario, pueden pensar: ‘¿A quién estoy poniendo en peligro?’ Tenemos que asegurarnos que saben que toda la información que envíen es confidencial”.
Una de las razones por las que Estados Unidos debe encontrar a todos y cada uno de los ciudadanos, especialmente en las comunidades de inmigrantes, es el reparto de fondos federales para ayudarles. Los datos de dónde están estas comunidades y su tamaño sirven para saber dónde enviar hasta 300.000 millones de dólares cada año que cubren gastos en casos de desastres naturales, emergencias, centros de salud, escuelas donde los niños necesitan refuerzos con el inglés, centros para mayores (que no hablan inglés) o simplemente para saber donde hacen falta traductores en las oficinas gubernamentales y hospitales.
Además la información del Censo sirve después para localizar a votantes, pero hay un problema. El Censo se realiza cada diez años, con dos procesos electorales de por medio. En el caso de los hispanos, hasta 50.000 de ellos cumplen la mayoría de edad cada año. Esto significa 200.000 votantes adicionales cada vez que hay elecciones que el Gobierno no tiene localizados.
Angelo Falcon, asesor del comité del Censo para la comunidad Hispana, explicó que algunas de las dificultades técnicas de censar a una población de más de 300 millones de personas pueden llevar a errores graves. En un estudio reciente sobre la prevalencia del virus del sida en la comunidad hispana, el programa informático no registró a los inmigrantes con origen puertorriqueño, con las tasas más altas de la comunidad latina. Como consecuencia, los resultados mostraron que había menos casos de sida de los existentes y se destinaron menos fondos a la lucha contra el virus en esta comunidad.
Para las organizaciones latinas de Estados Unidos, el censo no es sólo el instrumento para saber dónde están los ciudadanos o cuántos son. Cuando en el año 2000 se descubrió que la población latina había crecido hasta alcanzar los 13 millones, su impacto llegó más lejos de lo esperado. Las empresas quisieron saber dónde estaban para empezar a anunciarse en español o multiplicar la inversión en anuncios de productos que pudieran interesar a latinos. Por su parte, congresistas y legisladores tuvieron que empezar a escuchar las demandas de los nuevos electores.
Antes de encontrar a todos los miembros de minorías como la hispana en Estados Unidos, el gobierno tendrá que invertir en la traducción de los formularios, contratación de personal bilingüe y compra de anuncios en medios de comunicación minoritarios para convencer a todos de que deben participar en el censo. En total, el gobierno tendrá que censar a ciudadanos que utilizan hasta 59 idiomas diferentes del inglés.
Articulo para soitu.es




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