No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro (*)
Lee a Benedetti, entra en sus juegos de palabras. Lo que él quiso contarte lo tenía muy claro. Encuentra verdades escondidas. En un poema, al recodo de un verso. Aprende que el significado a veces es sólo de quien lo escribe. Benedetti no fue el autor que pierde el sentido de una canción en el instante en que otros empiezan a tararearla; regaló poemas, cuentos y novelas, siempre fue el dueño de sus trampas con las palabras. Aunque nunca supe si Benedetti hacía trampas con las palabras o era al revés. Escribía a veces como un enredo y
otras te hacía bajar
por la escalera de un poema
sintiendo que despedazas
un párrafo a saltos.
Sólo al terminar te descubres al final de un verso. Sube otra vez y vuelve a caerte, verso por verso. Tropieza con este punto aquí, esta coma allí.
Se marcha Benedetti y salgo corriendo a por su ‘Inventario’. No sé si leo en alto soñando que nos escuche a todos en su partida. Quizás sólo trato de retenerle. Dicen que ha dejado huérfana a la poesía. Siento que nos ha dejado desnudos.
Mudos sin la voz comprometida
del que ha sufrido y protesta sin gritar,
del llanto en calma,
del que exige sin rabia.
Quién nos enseñará ahora cómo suena el silencio del exilio, el dolor de la distancia, el sabor del regreso. Quién lo escribirá ahora. Quién romperá ahora frases en versos y versos en poemas. O era al revés. Quién nos contará
del amor de la justicia
de la muerte del silencio
del miedo del olvido
de la guerra de la revolución.
Quién nos lo explicará ahora. Quién vendrá a hacernos trampas disfrazado de tímido. Quién nos hará reír mientras se burla de la muerte. Quién nos hará recitar poemas desde un tejado para burlar su adiós. Quién.
(*)‘Las Palabras’, de Mario Benedetti.




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