Hace unas semanas mi hermana me envió esta canción, un reencuentro con frases que abandone. No las he olvidado, en cuanto las leí brillaron como se enciende la memoria al abrir un álbum antiguo. Siguen conmigo. Sólo se perdieron en la prisa de los días, las horas o el reloj, no lo sé.
Será “el tiempo que se nos va”
Y el placer de reencontrar.
Hay gente que lo llama volver a casa, regreso, tu tierra o tu lugar. También puede ser tu almohada, el cojín que llevas a todas partes, una mochila, un rato en el sillón o los anuncios de la tele en tu idioma. No es simplemente volver de viaje. Volver a casa cuando vives lejos no es un regreso cualquiera. Es un reencuentro.
Y nada mas llegar, olvidas que te fuiste.
Te abrazan los sabores, los colores, hasta el ruido de las calles y las caras de la gente. Siempre olvido lo pequeñita que es la gente en Madrid. Los coches se me hacen enanos acostumbrada ya a los mastodontes que manejan los americanos.
Buscas un vaso en la cocina con la misma soltura con la que abrías el armario todas las mañanas con los ojos a medio despertar.
Y no sé si porque es España, o porque es Madrid, o porque es mi casa, pero todo cobra una intensidad que pareces llenar días interminables que aquí se me escapan en minutos y siempre con ganas de hacer más. Por alguna extraña razón, cuanto más despacio haces las cosas, te da tiempo a hacer más.
Recordar esto es el mejor reencuentro. Y siempre llega al ver las mismas caras encontrarme entre la gente en Barajas.
Tela, cinta, otra vez a empezar.
Lápiz, tinta, y al paisaje a robar.
Y al placer de reencontrar
el limbo de un tiempo que se nos va.
Libro, nube, ese es mi descanso.
Árbol, fuente, cada vez que despierto.
Ser durmiente. En la espuma de un antojo camuflarse.
Para completa inocencia,
en las calderas del sueño divagar.
Que los días se van, río son.
Ahora quiero sentir, caminar.
Ahora quiero pintar, percibir
el color de esa flor que se marchitará.
Pinto, verdes parajes de belleza desolada,
vivo lo efímero y su valor.
Bebo, apuro desperdicios de mi vida,
me recojo en la templanza de la tregua que me da
la anestesia del recuerdo.
Que los días se van, río son,
ahora quiero sentir, caminar,
ahora quiero pintar, percibir
el verano fugaz que ya se nos va.
Lápiz, tinta, y al placer de reencontrar.
El Ultimo de la Fila




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