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YouTube Direct hace un favor más a los medios

Tuesday, November 17th, 2009

Llega YouTube Direct. La nueva faceta ayuda a los ciudadanos a colaborar con los medios. Pero no es un canal de periodismo ciudadano. Es un portal donde cada medio de comunicación puede encargar a los ciudadanos la cobertura de determinados eventos, temas o incluso participar en proyectos especiales. Ya se han apuntado Huffington Post, la radio pública estadounidense NPR, Politico o el San Francisco Chronicle.

Una vez más, el medio de comunicación no tiene que desarrollar la tecnología necesaria para todo el proceso y se lleva el servicio con todas sus posibilidades a las páginas del medio digital. Además, los vídeos no quedan alojados en sus páginas sino en YouTube. Aunque pueda parecer que con este aspecto se lleven el contenido de los vídeos a YouTube, en realidad el servicio de Google está haciendo un gran favor a los medios de comunicación por varias razones:

1. Al alojar vídeos dentro de rtve.es, por ejemplo, es RTVE quien paga por el espacio y ancho de banda necesarios para almacenar y ver esos vídeos. Cuantos más vídeos queden almacenados, y más usuarios los vean, mayor es el coste.
2. El hecho de que los vídeos estén tanto en la página del medio de comunicación como en YouTube, duplica las posibilidades de descubrirlos.
3. YouTube se encarga de desarrollar toda la tecnología que después permita que nos llevemos esos vídeos a otras páginas, comentar sobre ellos, enviarlos por email, ponerlos en Facebook, etc. Los periodistas pueden dedicarse a su nueva y obligada faceta, la moderación.

Uno de los principales obstáculos en la tarea de moderar es que la persona encargada de navegar por internet para pescar el contenido más interesante y relevante tiene que hacer eso, navegar por Internet entre redes sociales, agregadores, servicios de vídeo… Muchos medios han habilitado secciones de “periodismo ciudadano” para que la audiencia participe directamente. Estas secciones exigen atención, mantenimiento y una estructura tecnológica proporcionada por el medio. YouTube Direct ahorra este paso.

Y facilita uno más, el de la demanda. La radio pública estadounidense, NPR, es uno de los primeros medios que han adoptado este servicio. Además de pedir contribuciones a la audiencia desde YouTube, lo puede hacer también desde sus propias páginas. Esto no es nuevo. El punto fuerte de este nuevo servicio es la facilidad que supone para el internauta o colaborador el poder cargar el vídeo en su propia página de You Tube y sentirse partícipe al mismo tiempo de la información.

Otro ejemplo: Huffington Post ha querido enviar a una persona a la cumbre del clima en Copenhague. No va a enviar a un periodista. A menos que uno de ellos gane el concurso que ha lanzado esta publicación gracias a YouTube Direct. Quien envíe el mejor vídeo se convertirá en enviado especial del proyecto Hopenhage (un juego de palabras entre ‘Hope’, esperanza, y ‘Copenhage’).

La explosión del periodismo ciudadano ha empujado a muchos medios a quejarse porque la creación de contenido ya no está solo en sus manos. YouTube Direct no les devuelve la exclusividad en esto, pero les convierte en moderadores de la información. Pueden ser directores otra vez. Periodistas y ciudadanos, todos contentos.

La bofetada del hambre tumba el sueño americano

Tuesday, November 17th, 2009

Rachel atiende a los clientes del supermercado con una mano. Con el otro brazo se apoya para no perder el equilibrio. El obrero que vino a por cigarrillos se desespera. “Lo siento pero no tengo tiempo”. Rachel tendría que estar jubilada. Un carro de la compra es su bastón. No pesan los productos que pone en el carro para salvar la distancia de un metro entre la pared y el mostrador. Le pesan sus más de 60 años, las bolsas bajo los ojos y la cojera.

A tres manzanas, otra cajera te ayuda a encontrar los productos de la droguería mientras arrastra una botella de oxígeno. Sin trabajo, no podría pagar por respirar. Sin bombona apenas puede trabajar. Terminas la compra y la calle acaba de dar la bienvenida a otro ciudadano sin techo. Se lava en la plaza con jabones prestados. Se afeita a escondidas en un banco. Se marcha sin dejar rastro.

No es casualidad ni exageración. Son tres escenas que puedes ver en un día cualquiera en Washington, D.C. y a muy pocas manzanas de las paredes impolutas de la Casa Blanca. Son las huellas de la recesión, aplastando contra el suelo las oportunidades de muchos ciudadanos atrapados en el miedo a perder un empleo por enfermedad o la vida por falta de seguro médico; organizaciones para personas sin techo cerrando albergues porque ahogan los recursos y adolescentes que desayunan bolsas de doritos y gominolas porque en su casa nunca entra una botella de leche.

La sociedad norteamericana despierta de su propio sueño a golpe de estadísticas. Ayer un informe (PDF) del Departamento de Agricultura descubría que más del 14 por ciento de la población -una de cada siete familias, uno de cada cuatro niños o 50 millones de personas-, viven sin la seguridad de que mañana tendrán comida que llevarse a la boca. Una bofetada de realismo que se siente en los supermercados. Los clientes llevan más cupones de descuento que billetes de dólar.

Hotel Recesión. San Diego, California.

Hotel Recesión. San Diego, California. CFPereda

Son los mismos ciudadanos que pagaron con sus impuestos el plan de rescate de 600 mil millones de dólares que hace un año aprobó el todavía presidente Bush. Un año después, los americanos siguen igual. O peor.

El desastre en Wall Street marcó el estallido de una crisis que dio la razón a todos los deshauciados, parados o ciudadanos anónimos en bancarrota que avisaban de lo que iba a pasar.

La bofetada del hambre se mezcla ahora con cifras de desempleo que cogieron carrerilla en 2007, deshaucios inflando las tasas de familias enteras sin hogar (32 por ciento más en un año) y presupuestos locales que no pueden cubrir la demanda de bonos de comida (un aumento del 24 por ciento en 12 meses).

Hay efectos visibles y no tan dramáticos como el hecho de que por primera vez no puedas coger un tren en la hora punta del metro. La gente deja el coche en casa. Los que trabajan cerca, te enseñan ahora a esperar bicis igual que coches cuando vas a cruzar la calle. O la consolidación de los huertos caseros en jardines y garajes para ahorrar a final de mes. Ni los restaurantes vacíos los fines de semana o ese escaparate que desapareció sin tiempo de colgar el cartel de “liquidación por cierre”.

Entre las consecuencias más serias, el curso escolar acaba de empezar con menos profesores y menos presupuesto. Hay más estudiantes por clase, pero se terminaron las horas extra para aprender idiomas, los tutores de apoyo de matemáticas, o los cuadernos y bolígrafos gratis para los chavales que llegan con lo puesto. Hay quien ya habla de la “generación crisis”. Cada vez más estudiantes llegan al colegio desde un albergue o centro de acogida: el número de estudiantes sin hogar superaba el millón antes de la crisis. En ciudades como Chicago aumentaron un 28 por ciento entre 2007 y 2008. Las cifras de 2009 sólo se esperan peores. Son chavales a los que el colegio debe dar de desayunar y comer. Los dólares que cuestan estas comidas ya no se pueden gastar en bicicletas, arreglar la canasta del patio o la cena de fin de curso.

Los americanos ya no miran los datos de bolsa. Rascan sus bolsillos como nunca lo hicieron. Por eso las primeras empresas en remontar son las que mejor sirven a los norteamericanos al borde de un ataque de nervios… Triunfan los huertos caseros. Lo próximo es comprar la comida de todo el mes y que te la envíen a casa. Hay centenares de tiendas por todo el país. También están en Internet y te atienden por teléfono para que elijas las recetas. Se trata de comprar a lo grande con un bolsillo pequeño. En sólo un año, el catering de la empresa DreamDinners, con platos precocinados para toda la familia, roza un beneficio de 3 millones de dólares.

La primera vez que ves en televisión un anuncio de una empresa como DreamDinners piensas que son “cosas de los americanos”. Después de contagiar de comida rápida a medio mundo, no tienen problema en pasarse a los platos precocinados. Pero en crisis sabes que son “cosas de la recesión”.