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A punto de perder el mismo tren

Saturday, November 21st, 2009

La revista Columbia Journalism Review dedicó su último ejemplar del año a un impresionante informe sobre “La Reconstrucción del Periodismo Americano“, elaborado por Leonard Downie, Jr., vicepresidente y antiguo editor del diario The Washington Post, y Michael Schudson, profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. Los editores de la publicación no quisieron esperar a que el informe circulara por la red para conocer las reacciones de otros profesionales y el público en general. Pidieron a cuatro especialistas que escribieran su respuesta, publicadas en las páginas siguientes al informe. En una de ellas, el historiador Paul Starr, alerta de que los autores se han olvidado de uno de los factores clave en esta crisis: los cambios en la audiencia.

Nuestros hábitos y costumbres son distintos. La tecnología obliga a los medios a reinventarse. Los periodistas tienen que aprender a compartir la información de otra forma. Y parte de la audiencia hace tiempo que dejó la fórmula del periódico en el desayuno, la radio al ir al trabajo y la tele por la noche. No hace falta insistir que parte de los ciudadanos les gusta recibir la información cuando quieren y donde quieren.

En muchas conversaciones sobre los cambios en los medios hablamos de esto. Pero no siempre tenemos en cuenta hacia dónde van las cosas, seguimos por detrás de la tecnología, por detrás de nuestros lectores. El tipo de ordenador, teléfono o incluso si llevan un periódico en la mano nos está dando pistas de lo que deberíamos estar pensando.

Lo mismo ocurre con la televisión. El escritor y experto en medios para The New York Times, Nicholas Carr contaba la semana pasada cómo la compra de un dispositivo lector de discos Blu-Ray le había abierto los ojos. Como muchos otros norteamericanos, lo compró buscando mejor calidad de la imagen, sin saber que el lector de vídeo puede conectar su televisión a Internet. Sin saber que puede ver películas y vídeos gratis en su pantalla plana colgada en el salón.

Debate presidencial en Current TV

Debate presidencial en Current TV

La tecnología vuelve a llegar antes que un modelo que haga todo esto rentable.

Las cadenas de televisión norteamericanas ofrecen sus series de mayor éxito en Internet, gratis y 24 horas después de su emisión en directo. Podemos verlas (dentro del territorio estadounidense) cuando queramos, donde queramos y a cambio de apenas 3 interrupciones publicitarias de 30 segundos. Se acaban las series de 40 minutos con 20 de anuncios.

Pero hay otra implicación mucho más grave. La suscripción a televisión en Estados Unidos cuesta un mínimo de 40 euros. Los canales de información las 24 horas pierden audiencia en un goteo que desplaza a los televidentes hasta Internet. Las series y los “realities” ganan audiencia, pero también están todos en Internet. Las películas también. Netflix, una de las mejores páginas de 2009 según la revista TIME, ofrece suscripciones mensuales (por cantidades ridículas en comparación con las de televisión) que te permiten ver películas cuando quieres y sin interrupciones. Sin necesitad de descargarlas al ordenador, en alta definición y en tu salón. O en el portátil. Donde quieras.

¿Merece la pena entonces pagar todos los meses por ver la televisión?

Algunas cadenas como Current TV van al mismo paso de la audiencia en esto. Durante los debates presidenciales incorporaron la participación en Internet a la pantalla y aparecían mensajes de Twitter por encima de la imagen de Obama y McCain. Gracias al ordenador podías participar en directo y comentar lo que estabas viendo con otros espectadores. Ahora los televisores conectados a Internet nos permiten hacer lo mismo.

Sería un error pensar que todos los ciudadanos han cambiado drásticamente su forma de consumir información. Pero si no tenemos estos cambios en cuenta, si no pensamos que la fragmentación de la audiencia -dividida no sólo en grupos demográficos, sino también en formas de acceso a la información-, estaremos a punto de perder el mismo tren que se le escapó al periodismo con Internet.