No preguntes ‘cómo estás’ si no quieres escuchar. Everybody’s fine.

Everybody’s Fine. Todos están bien.

El título de la última película de Robert DeNiro y un síntoma de muchas familias norteamericanas.

Después de que los hijos se marchen de casa a la universidad o empezar su vida independiente, muchos encuentran casi imposible mantener una relación normal con los padres. Estas navidades, alguno de los artículos más leídos son sobre aplicaciones para teléfonos móviles que te ayuden a “sobrevivir” las fiestas. Nada de aplicaciones que te ayuden a encontrar el mejor regalo, restaurante o estilo para el árbol de navidad.

La tecnología abunda en una sociedad donde faltan los abrazos. Depende de las familias, del estado, de la casa, de cada historia. Pero después de más de dos años aquí me he acostumbrado a no ver a la gente abrazarse en la calle. Me faltan gestos de afecto. Y me sobra gente hablando por teléfono sin decir nada. Enviando mensajes a un jefe impaciente al otro lado de la pantalla. Me faltan conversaciones.


Tráiler de la película “Everybody’s Fine”

Everybody’s Fine arranca con la promesa de una autocrítica de la sociedad actual estadounidense en la que los hijos no encuentran tiempo para meterse en un avión y visitar a su padre, que acaba de enviudar. A su padre enfermo. Viven pegados a un teléfono pero no hay tiempo -y sobran las excusas- para contarle si están bien.

La palabra “fine” es la clave. No significa nada. Si contestas que estás “good”, mejor que fine, estás imponiendo cierta felicidad y optimismo al que te escucha, que no está acostumbrado a que la gente le diga que está estupendamente. Pero tampoco puedes contestar “not good”. Nunca cuentes tus problemas a un americano. No están aquí para escucharlos. Con las debidas excepciones, pero has de saber que si te preguntan por aquí “how are you?” no quiere decir que vayan a quedarse a escucharte. Es parte del saludo.

Esta semana el New York Times entrevistaba a la directora de una escuela artística. Su interés en conocer a la persona antes que al artista, antes que al alumno, centraba la pieza. Pero fue una frase, y también parte de su filosofía, la que sorprende tanto por aquí que mereció ocupar el titular: “No preguntes “¿cómo estás?” si no estás dispuesto a escuchar la respuesta.

El arranque de la película es una colección de todas las situaciones que más me sorprendieron al llegar aquí. Más allá de ir a contestar qué tal estoy cuando la otra persona ya estaba a cinco pasos. Más allá de notar que la otra persona ha perdido el interés en la conversación pasado un minuto. Es la sensación de que todos viven en permanente huida. Hacia dónde, todavía no sé. Creo que huyen de sus emociones que nunca tuvieron tiempo de explorar y mucho menos de expresar. Se perdieron buscando una nota mejor, un trabajo mejor, una carrera mejor, una casa mejor, un coche mejor… Las emociones son para las películas y las series de televisión. El cine sigue siendo ese mundo de los sueños donde los americanos pueden ser lo que siempre soñaron. Nos venden un cine realista en el que es fácil traducir a la sociedad norteamericana. Pero no vemos todos los detalles. No hasta que no llegamos aquí.

¿Se dieron cuenta de que en las comedias románticas casi nunca salen los padres? ¿Que éstos sólo aparecen si parte del argumento es “conocer” a los padres?

Porque no están, porque no cuentan.

La realidad es que aquí se vive a la velocidad con que pinchamos en el ratón para cambiar de página o cambiamos de canal de televisión. Dicen que la gente sólo lee las páginas de internet un par de minutos (y gracias) y que tienes que captar su atención en las primeras líneas, casi palabras. Que dejamos de ver los vídeos si se enganchan al cargar la pantalla. Conversar con algunos jóvenes americanos, sobre todo en las grandes ciudades, es lo mismo. Cuenta lo que tengas que contar en un minuto, 140 caracteres, lo que dura un SMS. Si no, olvídate. Siempre puedes contestar “I’m fine”.

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One Comment

  • Jesus wrote:

    lo malo no son los saludos con preguntas: que tal?, como estás?, como andas?,…
    todos tienen sus repuestas rápidas: bien, mal, hasta, …

    No preguntes (cualquier cosa),
    si no estás dispuesto a escuchar,
    si te dan lo mismo mis respuestas,
    si no me vas a dejar terminar de responder y ya me vas a realizar otra pregunta, que nada tiene que ver con la anterior,
    si tu supuesta amabilidad al preguntarme, es contraria a tu falta de educación al no escucharme

    aqui si tenemos abrazos, besucus y caricias,
    es lo único que nos diferencia,
    porque en el resto, en esta España nuestra, hay muchos que no han salido del S. XIX

    apunto la película

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