Pocos detalles de la reforma sanitaria impulsada por Obama llegan a cruzar el charco. Es difícil narrar un proceso tan complejo. Incluso medios estadounidenses encuentran el debate demasiado largo y farragoso como para retener el interés de los lectores. La votación de la legislación definitiva tendrá que pasar por diferentes consultas cada vez que un demócrata o republicano propone una enmienda a la ley. El congreso logró hace unas semanas votar su propuesta final, que ahora sufre los recortes del senado.
Aunque el nuevo atasco en la negociación lo acaba de provocar la Casa Blanca. Según informa Politico, existe un acuerdo con la industria farmacéutica por el que ésta obtendrá 80 mil millones de dólares por medicamentos gracias a la reforma -gracias al aumento de población asegurada. Pero una de las enmiendas introducidas en el senado esta semana pretende favorecer la importación de medicinas y que los norteamericanos puedan adquirirlas sin imposición por parte de la compañía aseguradora. Obama también apoya la importación de medicamentos pero el equilibrio para contentar a todos los implicados puede terminar con la reforma.
O puede que salga adelante y que la Casa Blanca, el senado y el congreso se pongan de acuerdo. Pero todos y cada uno de estos arreglos que se están haciendo al texto original no sólo retrasarán la votación de la nueva ley, sino su implantación. Obama declaró hace unos meses que se tardará un mínimo de dos años en que los americanos noten los cambios de verdad. En el caso de la importación de medicinas, Estados Unidos todavía tiene que mejorar tanto la legislación como los mecanismos de control para asegurarse que los medicamentos tienen la calidad adecuada, por un lado, y para que las compañías aseguradoras no impongan marcas de la casa, por otro.
Quedan un par de semanas para el receso por navidades y son ya muchas las voces que piden la aprobación antes de fin de año. Entre las prisas pueden entrar muchas enmiendas que haya que arreglar después con nueva legislación. Pero los senadores y congresistas tienen ya la vista puesta en las elecciones del año que viene, que renovaran un tercio de la cámara. No quieren estar a dos cosas a la vez, no quieren ser elegidos por su apoyo o rechazo a la reforma, necesitan tiempo para fabricar el mensaje de su próxima campaña. Hay prisa.





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