2010 es año de censo en Estados Unidos. Censo analógico y digital, porque para evitar errores catastróficos de otros años, el censo ya está en Facebook, Twitter y You Tube. El gobierno quiere encontrar a sus 300 millones de ciudadanos y evitar que una gran proporción se quede fuera de las listas, como ocurrió en el último recuento hace 10 años. Las implicaciones son graves. En España el censo nos suena (ente otras cosas) a las listas electorales; en Estados Unidos también tiene connotaciones económicas.
En el extranjero el Huracán Katrina fue la sorpresa de cómo el país más rico del mundo sucumbía a una tormenta que apenas dejó heridos a su paso por Cuba. Cómo la primera potencia era incapaz de evacuar y ayudar a sus ciudadanos. Cómo fueron incapaces de retener el agua tras esos diques de papel. La primera explicación que se nos ocurrió a muchos fue que claro, el ejército estaba en Irak y Afganistán. No quedaba nadie para ayudar. Después vimos en televisión que la mayoría de los afectados eran afroamericanos y nos preguntamos si Estados Unidos seguía discriminando entre sus ciudadanos.
En Estados Unidos Katrina es muchas historias de supervivencia, surrealismo y un drama que se ha extendido con la migración de muchos ciudadanos de Nueva Orleans que ahora viven repartidos por todo el país. Entre los dramas de Katrina está la falta de conocimiento, por parte del gobierno, de cuántos habitantes y de qué nacionalidades vivían en Nueva Orleans y alrededores. Los avisos de emergencia, las órdenes de las autoridades, señales de rescate… todo llegaba en inglés. Pero la capital de Louisiana también habla vietnamita, español, creole o francés. Y en una proporción más grande de la esperada por el gobierno: había que evacuar a más personas de las estimadas por cualquier cálculo. Los recursos para los servicios de emergencia venían del equivocado cálculo del censo del año 2000. A pesar de que casi un tercio de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza y sin ningún medio de transporte propio, la evacuación por tierra no llegó. No había recursos.
Los datos de 2010 servirán para saber qué estados necesitan mayor porción de la tarta de recaudaciones anuales -unos 300.000 dólares-, dónde hay más inmigrantes, de dónde vienen (muchos hispanos han cambiado el sur por Alaska en esta década), dónde hay que enviar más médicos bilingües y traductores o qué colegios necesitan más profesores para apoyar en tutorías de inglés. Y así evitar desastres anteriores. Aunque puede que los métodos elegidos no sean los adecuados. Para acercarse a los “incontables” el Censo ha decidido volcar muestras de formularios documentos, explicaciones y guías en Facebook. Dicen los responsables que los ciudadanos a veces confían más en sus comunidades que en el gobierno y que las redes sociales ayudarán con esto. Pero son precisamente los “incontables” los que menos acceden a la red, los que menos disfrutan de una conexión a internet en casa (prefieren el teléfono móvil) y los que navegan la burocracia con menor manejo del inglés.
Es cierto, las redes sociales puede terminar con el pánico que muchos ciudadanos, sobre todo inmigrantes, sienten al recibir una carta o una visita de un empleado del censo. Los últimos datos dicen que los grupos étnicos y los menores de 20 años son las poblaciones que más crecen en Facebook. Pero todavía no alcanzan los datos de participación de otros grupos. Puede que los “incontables” sean todavía más difíciles de encontrar en el mar de las redes sociales.





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