El pasado 17 de febrero un periodista del New York Times se vio obligado a dimitir tras ser acusado de plagio. Zachary Kouwe trabajaba para la sección de negocios del Times y colaboraba en el blog DealBook. Entre los errores que cometió estuvo el de no atribuir algunas informaciones a las fuentes originales aunque según el mismo Kouwe, nunca ocurrió de forma intencionada.
Esta es también la defensa que hizo el Times en su disculpa a los lectores, alegando que Kouwe había acumulado información en los archivos del ordenador y que, a la hora de publicar la noticia, no distinguió entre el contenido que él mismo había creado anteriormente y la documentación aportada por otros.
"Si no puedes imaginar a nadie poniendo un link a lo que vas a escribir, no lo escribas". Jeff Jarvis. Foto: Will Lion on Flickr
Según declaraciones del mismo Kouwe al New York Observer, “dada la velocidad del trabajo, miraba a varios teletipos y los copiaba en nuestro sistema de edición; después contrastaba esos datos con mi propio trabajo para asegurarme que eran correctos. No es como una pieza de investigación. Es algo que viene de una nota de prensa, un informe de beneficios, un documento legal”.
Tanto Matthew Ingram como Felix Salmon están de acuerdo en que “la velocidad del trabajo” apuntada por Kouwe no debe terminar con el estandar de veracidad y atribución de la información, algo que un simple link hubiera solucionado. Pero Salmon añade:
“Las grandes publicaciones, cuando contratan a gente para que escriba sus blogs, normalmente contratan a gente sin experiencia escribiendo un blog -algo que es tan equivocado como peligroso. Algunos periodistas son buenos blogueros, la mayoría no. Así que en vez de asumir que has encontrado a uno que es la excepción, ¿por qué no hacer que esa experiencia previa sea un requisito para el puesto?”
En la conversación mantenida a través de Twitter, Salmon le pregunta al editor del NYTimes si el error de Kouwe fue, en parte, negarse a poner links a las fuentes originales. Para LaForge, los blogs consisten en moderar todo lo que pasa en tiempo real, frente a artículos o noticias, que son “más selectivos y reflexivos”. “Esto puede significar más o menos links. Depende”, contestó Patrick LaForge.
La política de links del New York Times especifica que sólo se publicarán cuando sean “relevantes a la noticia publicada [como debería serlo la fuente original] o porque la compañía u organización mencionada tiene un acuerdo con el medio para que aparezca un hipervínculo con su nombre. Si es relevante a la información, entonces la decisión es de los editores”.
Como muestra el caso de Kouwe, los editores no siempre miden con la misma vara los blogs que las noticias.
El ejemplo de DealBook contrasta con el trabajo de otros blogs del New York Times, como The Lede, que modera contenido de noticias internacionales basándose en la agregación de links y contenido de otros medios. En casos como las revueltas en Irán o los terremotos de Chile y Haití, el trabajo de Robert Mackey es una referencia. Y el valor de The Lede radica en eso, en que es un punto de partida en el que informarse, obtener el contexto de la noticia y profundizar gracias a los links.
Ya hace tiempo que los diarios digitales aprendieron que su versión online debe ser algo más que el volcado de las noticias del periódico combinado con algunas notas de agencia para cubrir la última hora. Las redes sociales les han obligado a entender que compartir y recomendar es parte de la experiencia de los usuarios con el medio. Lo más justo sería que los medios y los periodistas convirtieran el hecho de compartir en algo esencial de su trabajo: desde dentro de la noticia.
Casi todos los medios digitales han demostrado ya que pueden emitir un evento en directo y combinar vídeo con comentarios de lectores y expertos gracias a widgets de Twitter o Facebook. Los comentarios extienden la noticia. Las reacciones de los lectores pueden ayudar a los periodistas que presten atención a saber por dónde continuar la información. Pero en el caso de los eventos en directo, extender la noticia no significa profundizar en ella. Ese es un trabajo que debe hacerse antes del directo.
Así lo demostró la semana pasada la Sunlight Foundation, una organización de Washington destinada a la asistencia a los periodistas mediante técnicas de investigación por ordenador. No tienen la fuerza de un medio de comunicación, pero dieron una lección importante durante la cumbre para la reforma sanitaria organizada por Obama en la Casa Blanca. Su retransmisión a través de internet se ganó tantos elogios que la Sunlight Foundation ha explicado en su blog cómo lo hicieron y cuál fue la clave: el trabajo durante la semana anterior a la reunión.
“Nuestra intención era dar contexto en tiempo real a las afirmaciones hechas por los políticos y hacerlo utilizando datos del gobierno. Queríamos dejar que los números hicieran algo más que simplemente lo que hablaran los políticos”, explica Jack Brewer en el blog de Sunlight Foundation.
Retransmisión de la Sunlight Foundation
Los elementos elegidos fueron los más básicos: pantalla de vídeo empotrada gracias al código compartido por la Casa Blanca (a partir de ahora todos los vídeos se podrán “empotrar” en blogs y páginas web) junto al hilo de comentarios en directo. El valor añadido: la Sunlight Foundation destinó a 6 reporteros durante la semana anterior para recabar datos sobre cada uno de los participantes en la reunión. Investigaron desde sus vínculos con aseguradoras médicas o la industria farmacéutica hasta declaraciones previas sobre los asuntos del debate.
Gracias a este trabajo, los periodistas de Sunlight fueron ofreciendo links a gráficos, tablas y textos relacionados con cada uno de los políticos que intervinieron. La información aparecía en directo. La noticia se extendía gracias a los comentarios y los periodistas profundizaban añadiendo información a lo que pasaba cada minuto.
En un esfuerzo similar, el New York Times fue cambiando la portada el domingo por la noche durante la entrega de los Oscars. Un menú con las cinco categorías reinas combinaba fotografías con vídeos de cada uno de los candidatos. Cada vez que se entregaba uno de estos premios, el mosaico quedaba dedicado al ganador.
Menu interactivo en la portada del NYTimes.com
La Sunlight Foundation demostró que no hace falta el potencial ni los recursos del New York Times para añadir profundidad a una retransmisión en directo. Hacen falta ideas claras y voluntad de llevarlas a cabo. Los medios no hacen más que mirarse unos a otros para averiguar quién acierta la pregunta mágica: cómo ofrecer información de profundidad, con calidad, en internet y en directo. Resultó que la respuesta estaba fuera de un medio de comunicación.
Para un análisis completo de la experiencia del usuario en retransmisiones en directo, recomiendo este artículo de David Johnson en Poynter que también analiza el trabajo de Sunlight Foundation.
“Estamos en un momento en el que la tecnología nos va a permitir leer y consumir los medios de comunicación de forma totalmente distinta, ya sea en papel, teléfonos móviles o el iPad”, explica Scott Dadich, director creativo de la revista Wired. “Seguirá habiendo riqueza narrativa, la narración seguirá siendo el eje, pero lo podremos hacer en vídeos cortos, en imágenes en 360 grados y con la posibilidad de ver y girar la imagen de un producto para verlo desde todos los ángulos”.
Como periodista, el vídeo ha despertado inspiración en mí para seguir pensando en historias que no tienen que contarse sólo con 1000 palabras y una fotografía. La tecnología de internet ya nos permite construir artículos como un puzzle en el que cada uno de los elementos aporta un valor complementario. ¿Por qué nos da tanto miedo? Comparado con el iPad o cualquier otro dispositivo parecido, el ordenador me resulta limitado; desde que uso el iPhone, a veces el primer instinto es tocar la pantalla y cuando cojo un periódico, me faltan links. A continuación están los porqués.
La revista Wired introdujo esta semana su versión digital para un dispositivo como el iPad de Apple. El vídeo de presentación muestra la posibilidad de navegar por las páginas de la revista como lo haríamos en su edición impresa. La sorpresa está en lo que pasa con cada una de estas páginas a nivel individual. No se puede apreciar si el usuario podrá modificar el tamaño de la letra, pero sí podrá jugar con las imágenes -tanto de los artículos como de los anuncios- y reproducir vídeos o galerías de fotos que acompañen al texto.
He encontrado muchos comentarios en la red sobre el trabajo de Wired y una de las mejores reflexiones llega de mano del laboratorio de periodismo Nieman, en Harvard, donde entrevistaron a John-Henry Barac, creador de una de las mejores aplicación para iPhone de un periódico, en este caso el diario inglés The Guardian. Barac repasa con Joshua Benton, director del Nieman Journalism Lab, las posibilidades que ofrece una plataforma como el iPad para publicaciones impresas como Wired y para periódicos.
“¿Qué pasará cuando muevas la pantalla hacia abajo? ¿Y si la mueves hacia la izquierda?” se pregunta Barac. Pensar que al hacer esto llegaremos a la siguiente página es arrastrar la experiencia del usuario de un periódico o revista a un dispositivo que está desafiando a diseñadores e ingenieros por igual. No hay nada parecido en el mercado y el salto que tuvieron que dar del ordenador a los teléfonos móviles puede quedar ridiculizado cuando se exploten del todo las posibilidades de las llamadas tabletas.
“Lo que más me interesa es la posibilidad de ofrecer a los usuarios un viaje en el que encuentren sorpresas por todas partes, llegar a ese modelo en el que puedes tener una experiencia que sorprenda al lector“, comenta Barac. ¿Y cómo llegan esas sorpresas? Gracias a los links, ventanas (pop-ups) que se abren cuando pinchamos con el dedo en una foto o información relacionada sobre lo que estamos leyendo. Los lectores quieren algo más que una galería de fotos pegada al texto o una cascada con mensajes de Twitter distrayendo la lectura.
Gracias a su experiencia con la aplicación para Guardian, Barac recomienda que nadie piense en un espacio grande sin más en el que navegar por el contenido. “Tienes que pensar en la pantalla táctil, en el toque, la forma en que el usuario manipula la información, la manera en que puedes coger una foto, ampliarla, ponerla de nuevo en su sitio y seguir leyendo”.
Las respuestas a estas preguntas las tendrán los diseñadores de aplicaciones como la que permitirá leer la revista Wired en un iPad o cualquier otro dispositivo similar. Y llegarán después de muchos dolores de cabeza, porque ni siquiera existen los programas específicos para diseñar dichas aplicaciones. Wired está trabajando con Adobe, empresa enfrentada ahora mismo con Apple porque el iPad, como el iPhone, no puede reproducir Flash, uno de sus productos estrella. Wired tendrá que esperar a que Apple apruebe la aplicación y probablemente imponga algunos cambios, pero de momento se han atrevido a dar el salto.
El resto de publicaciones trabajarán en silencio o quizás escuchan, esperando a que otro se arriesgue primero, evitar sus errores y copiar sus triunfos.
Hace dos años tuve la suerte de cruzarme con profesores que me dieron un consejo: “olvídate de que lo único que vas a hacer es escribir. Puede que necesites audio para contar todo lo que ha ocurrido, puede que necesites hacer fotos, y también puede que el texto necesite un vídeo que lo complemente”. Supe muy pronto que tenían razón. Y ahora sé que cada vez está más cerca el formato para producir todo ese contenido y olvidarnos del consumo pasivo de la información que tan poco servicio hace al lector.
Como el fanático seguidor de Perdidos que no entra en Twitter para que nadie le desvele lo que pasó en el úlitmo episodio antes de verlo, algunos fans de los juegos se quejan por tener que esperar a la NBC para ver competiciones de las que medio mundo ya conoce el resultado.
Los Juegos Olímpicos de Pekín pusieron de manifiesto en Estados Unidos que las exclusivas de televisión para emitir los eventos empiezan a tener poco sentido. La diferencia horaria con China obligaba a retransmitir las competiciones con casi 12 horas de retraso para ajustarlas al horario de máxima audiencia en Estados Unidos. La NBC, cadena con la exclusiva, logró permiso del Comité Olímpico Internacional para bloquear los vídeos de cualquier medio online extranjero. Aunque quisieras ver la llegada a meta de un corredor, tenías que conformarte con los titulares, el texto y las fotos -el mismo problema existe durante los juegos de Vancouver.
No es sólo una cuestión de diferencias horarias. La inversión de la NBC en estos Juegos está hipotecada a retransmitir lo más interesante en horario de máxima audiencia para rentabilizar la publicidad, aunque los americanos sepan que su estrella ya ha ganado.
El verano de 2008 consolidó el uso de las redes sociales en Estados Unidos gracias a las elecciones presidenciales. La diferencia horaria con China impidió que los americanos comentaran eventos deportivos en las redes, pero los Juegos de Invierno en Vancouver pueden marcar un punto y aparte para la NBC o cualquier cadena que quiera retransmitirlos en exclusiva.
Los dos años que pasan entre la edición de los juegos de invierno y los de verano marcan como una grieta la ruptura de la audiencia con la televisión. Muchos todavía quieren la magia del directo. Y ésta no se la transmite su locutor de siempre, la voz que narra la tensión del descenso, el riesgo del supergigante, o el sacrificio de los competidores de fondo. Ahora viene de locutores anónimos que llenan de mayúsculas y exclamaciones sus mensajes en Twitter. O quizás mejor, de los atletas después de un entrenamiento o nada más bajar del podio.
La misma organización de los Juegos comparte vídeos y mensajes en redes sociales desde que arrancó el primer relevo de la antorcha olímpica. Ahora narra en directo en Twitter y Facebook los resultados de los eventos.
Gráfico interactivo de NBC
La NBC sabe que no puede vivir de la franja horaria de más audiencia y por eso ha dedicado una página en su edición digital para clasificar todos los mensajes que llegan en tiempo real hablando de eventos en Vancouver. El gráfico interactivo es sencillo e incluye una sección con los mensajes enviados a Twitter por los atletas.
Antes del comienzo de los juegos saltaron las alarmas en Estados Unidos. A falta de grandes estrellas que enganchen a la audiencia, la NBC podía haber hecho una inversión condenada a las pérdidas. Los Juegos de invierno no tienen las misas cifras de audiencia que los de verano y, a falta de una estrella que cree expectativas entre el público, la NBC parece haberse volcado a las redes sociales para que los usuarios vuelvan más tarde, pero eso sí, para sentarse ante la televisión.
Y desde el sillón, puede que vuelvan a compartir en Twitter, Facebook, Buzz o en su blog lo que acaban de ver. Volverán a las redes, alimentando el hilo de mensajes sobre cada uno de los eventos. Si hay un acontecimiento internacional con un gran sentido de comunidad son los Juegos Olímpicos. Los usuarios ya lo han arrastrado a las redes sociales y los medios empiezan a asomarse. En dos años, Londres demostrará si este nuevo aspecto en la cobertura de unos Juegos ha venido para quedarse.
Haití no es Nueva Orleáns después del Huracán Katrina. Haití no pertenece a Estados Unidos. Pero la respuesta norteamericana a las consecuencias del terremoto bien podría equipararse a la que daría el gobierno de Obama ante cualquier catástrofe dentro de su territorio. O la que muchos exigieron a Bush tras el paso del huracán en 2005. Desde la donación inmediata de 100 millones de dólares a las promesas casi diarias de que Estados Unidos no abandonará a Haití una vez terminadas las labores de rescate y emergencia, Obama parece mirar a Haití como un estado más. Y los medios americanos así lo contaron: “Haití, en todos los sentidos, se convirtió en el estado número 51 el martes a las 4.53h de la tarde con el terremoto”, publicaba la revista Time bajo el título El ejército americano en Haití: Una invasión compasiva.
Una semana antes de que la tierra sacudiera Haití, Hillary Clinton comparecía en Washington para hablar sobre USAID, la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos. USAID es una agencia con el orgullo herido, atrapada entre la falta de fondos para ayudas y acusaciones de que las últimas respuestas en el tsunami de 2004 y los terremotos en China en 2008 no fueron suficientes. Una semana antes de la catástrofe, la Secretaria de Estado norteamericana anunciaba reformas en USAID para convertirla en un ejemplo a nivel internacional.
Pero el despliegue de ayuda no se ha visto con los mismos ojos dentro y fuera de Estados Unidos. Para los americanos, empujados por el lenguaje de los medios de comunicación, el ejército y los marines han dejado de imponer su imagen más dura para dedicarse a entregar agua y comida. Aunque vayan armados. En el extranjero, sobran las preguntas sobre por qué hacían falta 10.000 efectivos del ejército, un buque y la guardia costera mientras Haití clamaba por personal sanitario y medicamentos.
Algunos editoriales defendieron que el terremoto en Haití no pone tanto a prueba a Estados Unidos como a Obama. Es la oportunidad de cumplir otra de sus promesas: que no dejarán sólo a ningún país o pueblo necesitado. Y de rebote, la posibilidad de mejorar la imagen de Estados Unidos en el extranjero. Pero Obama respondió igual que Bush durante Katrina. Cuando el estadio de Nueva Orleáns quedaba atestado de desplazados por el huracán a finales de Agosto de 2005 y los servicios de emergencia de Louisiana fallaron, Bush envió al personal de Blackwater, la agencia privada de seguridad que después manchó su nombre en Irak.
El diario Los Ángeles Times ha descrito el despliegue de medios de comunicación en Puerto Príncipe como el mayor desde el tsunami en Asia en 2004. Y parecieron trabajar al unísono. Mientras las televisiones estadounidenses mostraban imágenes de haitianos arañando el cemento para rescatar a familiares, los titulares dictaban la preocupación sobre la seguridad. A ningún locutor le chirriaba ese rótulo hablando del peligro en las calles de Puerto Príncipe, cuando su voz acompañaba escenas de heridos, desplazados, huérfanos y haitianos solidarios con desconocidos bajo los escombros. Las cámaras de la CNN tardaron varios días en encontrar escenas de gente en busca de comida entre los cascotes de los supermercados. Para entonces, la llegada de miles de marines parecía obedecer el dictado de los titulares: “La seguridad se convierte en la preocupación número uno”.
Un artículo de la revista online Slate titulado “Por qué Estados Unidos se centró en la seguridad en vez de ayudar a los haitianos” concluía la semana pasada que cualquier respuesta a esta pregunta es negativa para los americanos. O bien Estados Unidos tiene intereses en el país caribeño que sólo el tiempo va a revelar, “o no importa de qué color sea nuestro presidente. Incluso cuando esté haciendo las cosas bien, el gobierno americano puede ser racista y, aún en una operación civil y puramente burocrática, salvajemente cruel”.
Los rostros de los haitianos pidiendo ayuda han recordado a muchos a las víctimas afroamericanas de Katrina. Los mismos que se quejaron por el lenguaje utilizado en función del color de las víctimas del huracán Katrina -el adjetivo de saqueador siempre acompañaba a los afroamericanos, los blancos eran víctimas-, se preguntan estos días por qué después del tsunami en Asia o el terremoto en China los titulares no nombraron problemas de seguridad.
Las televisiones norteamericanas se dieron prisa por retratar a los marines como guardianes de la ayuda. Para apoyar esta teoría, todos los días llegaban imágenes del mismo rincón comercial de la ciudad. Grupos de haitianos escalando entre los escombros para conseguir cualquier cosa. Comida o una caja de cartón. Algo que pudieran vender. Los reporteros norteamericanos a veces tuvieron suerte y hasta encontraban imágenes de la policía intentando hacerse con el control. La estrella de la CNN Anderson Cooper (en sus peores cifras de audiencia antes de aterrizar en Puerto Príncipe) se topa con un adolescente desorientado. Le acaba de caer una pedrada en la cabeza. La imagen de Cooper llevando al joven ensangrentado hasta otra esquina alimenta el horario de la CNN durante toda la tarde.
En España Francisco Perejil nos contaba que para encontrar escenas como esta, bastaba con ir al mismo cruce de calles donde antes estaba la actividad comercial. En Estados Unidos nadie confesó que repetían localización a diario.
Las imágenes de Haití llegaban con los nombres y apellidos que los norteamericanos nunca ponen a sus víctimas nacionales. Sean soldados o civiles, sus heridas nunca llegan a la pantalla de televisión ni a las páginas de un periódico. Las de los haitianos aparecían después de dos mensajes. Uno, la advertencia de que podían herir la sensibilidad de algunos televidentes. Y dos, que los medios se veían obligados a mostrarlas porque “esa es la realidad ahora mismo”. Si los norteamericanos necesitaban ver el terremoto en directo desde dentro de un orfanato, esos 15 segundos de gritos en la oscuridad, o si de verdad hacía falta poner el micrófono del reportero de la CNN entre los escombros para escuchar a las víctimas pidiendo ayuda, no lo sabemos.
Este fin de semana los defensores del lector del New York Times y Washington Post dedicaron una columna a justificar el uso de estas imágenes. Para el Times, “resultó duro mirar algunas imágenes de sufrimiento y muerte, pero era imposible no publicarlas”. En el Washington Post, sin embargo, reconocen que los lectores esperaban ese tipo de imágenes, “pero no estaban preparados para ver durante días una representación tan gráfica de la muerte”.
Puede que sin esas imágenes no hubieran llegado millones de dólares a través de mensajes de texto. Aunque, seguramente, sin cada uno de esos fotogramas dedicado a una víctima el argumento de que el ejército estaba allí para ayudar no sería sostenible.
Rebecca Solnit, autora del libro “Un Paraíso Construido en el Infierno” sobre Nueva Orléans después de Katrina, estudia la reacción de las autoridades en catástrofes naturales. Según Solnit, desde el terremoto de San Francisco en 1906 las autoridades y las leyes que les amparan están más preocupados por la propiedad que por las vidas humanas. “En casos de emergencia”, escribe Solnit, “la gente puede y de hecho acaba muriendo por esas prioridades. O son disparados por pequeños robos o por robos imaginarios. Los medios no sólo empujan estos resultados sino que casi de forma repetitiva prepara el camino para que se dé esta reacción”.
Con ayuda de los medios o no, Estados Unidos ha conseguido crear una imagen de salvador en Haití. Sólo los marines podían garantizar la entrega de ayuda, por eso la custodiaron en el aeropuerto de la capital durante días, mientras las organizaciones internacionales en el terreno se quedaban sin palabras para explicar que necesitaban la entrada de personal sanitario y medicamentos. Sólo los marines podían garantizar la seguridad de aquellos que entregarían las botellas de agua y raciones de comida. Por eso esperaron los haitianos.
En casa, Obama ha vendido el mejor ejemplo de su prometida diplomacia humanitaria, la de la compasión y el diálogo. La compasión llegó en forma de dólares, buques y soldados. El diálogo aterrizó con Hillary Clinton, quien se sentó junto a René Préval, presidente de Haití. No hubo imágenes de Clinton sobrevolando la zona de la catástrofe en helicóptero. Llegó, escuchó y se marchó.
En el terreno, quedan los marines sin fecha de regreso.
Haití ha consolidado el uso de las redes sociales por parte de grandes medios de comunicación. Quedaron atrás las dudas y los avisos sobre la veracidad de la información colgada en Twitter y Facebook minutos después de la catástrofe.
Haití no es Irán.
Los medios, como otros usuarios, localizaron rápidamente a los dueños de esas cuentas en Twitter que se apresuraron a colgar fotos mostrando la magnitud del desastre.
Gracias a la información proporcionada por todos estos periodistas accidentales, que no ciudadanos, los profesionales y las organizaciones en el terreno, medios de comunicación en todo el mundo han podido crear mapas y colecciones de imágenes y vídeos que hoy nos cuentan las consecuencias del terremoto.
Más allá de la información, los familiares de los desaparecidos contrastan mensajes, direcciones, fotos y mapas para conseguir pistas sobre el paradero de sus allegados. Ya hay quien ha conseguido verificar que están vivos porque les vieron en la tele.
A continuación dejo una colección de mapas y trabajos de distintas organizaciones.
Los Desaparecidos en Haití - New York Times
Puerto Príncipe, Antes y Después - New York Times
Explicación del seísmo - Los Angeles Times
Las siguientes tres imágenes pertenecen a un proyecto lanzado ayer en diferentes ciudades de Estados Unidos. Una reunión entre desarrolladores y programadores de todo el país ha dado lugar a una aplicación para iPhone y mapas digitales al servicio de las organizaciones humanitarias, es el Open Street Map Project. El miércoles por la noche, Google anunciaba la descarga gratuita de datos para hacer mapas de Haití, revelando dónde se necesita más ayuda, puntos de entrega de agua y comida o dónde están situados los campamentos de las víctimas del terremoto.
El martes por la tarde (a las 5, hora local) un terremoto de 7.0 en la escala Richter sacudió la capital de Haití, Puerto Príncipe. Associated Press fue la primera en citar el derrumbamiento de un hospital. Después llegaban referencias al Palacio Presidencial, parcialmente derruido con su presidente, quien ha sobrevivido, dentro. Hacer una llamada telefónica a Haití un día cualquiera es una lotería. Puede funcionar, o no. También falta agua y electricidad en un país en el que la poca estabilidad la han inspirado edificios como su palacio que con tanto cariño llaman su “Casa Blanca”. Hoy está derruido. A continuación sigo agregando las últimas noticias, datos, mensajes… que llegan de Haití. (En hora local)
Viernes, tres días después del terremoto. La ayuda se acumula en el aeropuerto, mientras se amontonan los cadáveres en las calles de la ciudad.
Actualización 3.30PM
Un dicho en Creole, el dialecto francés que habla la población de Haití. “Tenemos que ayudarnos nosotros mismos”. Resume la historia de unos ciudadanos siembre abandonados por las instituciones y sus gobiernos. Haití es el país del mundo donde trabajan más ONGs, a pesar de contar con apenas 9 millones de habitantes.
Hay una palabra en inglés, resilience, que carece de traducción exacta al español. Es la confianza en que todo volverá a estar como antes, una mezcla de resignación y confianza ciega en el futuro, marcada por la certeza de que sólo tendrás lo que resulte del día de hoy.
Mensaje en Twitter de una joven haitiana
En las televisiones americanas sigue la competición por mostrar historias personales. Desde la joven evacuada el primer día en avión privado y que ha perdido un pie, hasta el padre que supo que su hija, también americana, no había sobrevivido y faltaba en el grupo de evacuados. Le habían dicho que estaba viva. Haití tiene una relación complicada con Estados Unidos. Los americanos no siempre gustan en Haití. Pero desde el primer día los haitianos arañan el cemento con sus manos ensangrentadas para sacar a cualquiera que se haya quedado atrapado. Y les llevan en moto al aeropuerto para que vuelvan a casa.
Para los locales, organizaciones humanitarias preparan hospitales de campaña y campamentos de refugiados donde poder concentrar a la población y entregarles la ayuda. La logística sufre y la ayuda se acumula por tercer día en el aeropuerto.
Tres días de reportajes también dejan huella en los reporteros. Este es un corresponsal de guerra de la cadena FOX:
Actualización 2.30PM
Últimas declaraciones del Presidente Obama sobre la reacción del país estadounidense a la crisis humanitaria en Haití.
Actualización 12.30PM
La Cruz Roja ha anunciado la recaudación de 8 millones de dólares a través de SMS en Estados Unidos. El Presidente Obama también está teniendo una respuesta “récord” con el país caribeño y hoy celebrará su tercera comparecencia ante la prensa para detallar los esfuerzos por parte americana.
Por su parte, Google se ha unido a las redes sociales y estrenado una página para poner en contacto a las víctimas con sus familiares.
Ante las dificultades para transmitir desde Puerto Príncipe, dada la falta de gasolina y electricidad, Reporteros Sin Fronteras ha establecido un puesto para periodistas locales que necesitan seguir transmitiendo información.
A continuación, la enviada especial de Noticias Cuatro, Edurne Arbeloa, resume la situación en Puerto Príncipe.
Jueves, dos días después del terremoto. La ayuda empieza a llegar, la Cruz Roja estima en 50.000 los fallecidos.
Actualización 5.30PM
Supervivientes haitianos aprovechan la presencia de periodistas internacionales. Se acercan a las cámaras preguntando ¿América? Posan. Dicen su nombre y apellidos para que el reportero explique que los familiares, muchos en Miami y Nueva York, sepan que están bien.
Y los familiares aprovechan la red, convirtiendo la sección de periodismo ciudadano de CNN en un foro para ponerse en contacto con supervivientes. La CNN ha colocado un buscador por nombre y apellidos para encontrar información -omito las fotos porque muchas de las identidades ni siquiera están vetadas por la CNN-. Hay más de 2000 mensajes:
Búsqueda de supervivientes en la sección de periodismo ciudadano de CNN
Actualización 4.30PM
Las cadenas estadounidenses están difundiendo estas imágenes captadas en el momento del terremoto:
La CNN acaba de conectar en directo con el puerto de la capital haitiana, totalmente devastado. Hay varios buques y embarcaciones esperando, llenos de ayuda, a metros de la orilla. Otra parte de la ayuda humanitaria tendrá que llegar por tierra ahora que el aeropuerto parece colapsado. Richard Morse, autor haitiano que está actualizando su cuenta en Twitter desde Haití, cuenta que el sonido de los aviones va y viene, como en una operación militar.
Las imágenes de la NBC desde la frontera entre la República Dominicana y Haití muestran camiones y furgonetas acumulados, esperando permiso para pasar. La frontera sólo está abierta en dirección a Haití para ayuda humanitaria. Periodistas consultados cuentan que es más fácil pasar si te acompaña personal sanitario. En dirección a la RD, sólo pueden pasar profesionales, haitianos documentados o heridos, ante el temor de un éxodo hacia tierras dominicanas. Esta es la narración de un periodista de la cadena FOX que intenta entrar en estos momentos.
Así funcionan los hospitales hinchables de Médicos Sin Fronteras, organización que ya ha enviado uno hacia Puerto Príncipe. Este vídeo fue tomado después del terremoto ocurrido en Pakistán en 2005.
Según informa la CNN, el puerto de la capital de Haití está completamente inoperativo, con los diques hundidos y todas las grúas derrumbadas. Un equipo de bomberos de Nueva York viaja hacia allí para ayudar en en rescate con las infraestructuras que faltan en Haití.
Actualización 2.30PM
Estados Unidos, el huracán Katrina y Haití.
El Huracán Katrina fue el desastre de las fuerzas de ayuda norteamericanas, que no respondieron ante la población de Nueva Orleans. Entre las promesas de Obama durante su candidatura estaba la remodelación del sistema de emergencias en casos de catástrofe para que no se repitiera la misma historia. La semana pasada era Hillary la que anunciaba que las fuerzas de rescate norteamericanas deben ser un ejemplo a nivel internacional. Siete días después, la naturaleza les ha puesto a prueba.
Por otro lado, EEUU arrastra una dolorosa deuda con Haití desde hace décadas. (Os remito a este post de Ramón Lobo para más detalles). 2009 fue el año del nombramiento de Bill Clinton como enviado especial de EEUU en el país haitiano en un gesto de que los americanos reaccionaban. Ayer el antiguo presidente demócrata declaró que Haití ocupa un lugar especial en su mente desde que lo eligiera como destino para su luna de miel con Hillary.
El terremoto del martes es la ocasión no sólo de los Clinton sino también de EEUU de resolver dos problemas: demostrar que sus fuerzas de emergencia están listas para responder y que no se olvidarán de Haití después de la catástrofe. De momento, ha prometido la mayor ayuda de su historia, adelantando 100 millones de dólares. Obama declaró además que los recursos seguirán llegando para garantizar la recuperación.
Actualización 2PM
En declaraciones a la NBC, la Secretaria de Estado Hillary Clinton ha compartido las dificultades de las labores de ayuda en Haití. La agencia de aviación estadounidense parece estar cerrando el aeropuerto por la saturación. Hay más ayuda de la que se puede distribuir. “Tenemos que restablecer la estructura que permita coordinar la ayuda”, ha explicado Clinton.
Mientras organizaciones como la Cruz Roja baten récords de recaudación gracias a las donaciones mediante mensajes electrónicos (1 millón de dólares en las primeras 24 horas), algunas empresas telefónicas en EEUU han dejado de cobrar los mensajes enviados a cualquiera de estos servicios.
Vídeo enviado a la CNN por un pastor haitiano. Les Cayes es una ciudad cercana a Puerto Príncipe que también se ha visto afectada.
Actualización 6.30PM
Bill Clinton contesta las preguntas de la CNN: “La primera preocupación es salvar el mayor número de vidas posible. Restituiremos el centro de Naciones Unidas y tendremos refugio, lo primero es el agua y las herramientas necesarias para el rescate de posibles víctimas”.
Por su parte, la Secretaria de Estado Hillary Clinton ha cancelado los últimos días de su viaje a Asia. Se encargará así de liderar las labores de cooperación con Haití para facilitar la recuperación y los rescates. Hay unos 45.000 ciudadanos norteamericanos en Haití y la embajada intenta todavía localizarlos. El Departamento de Estado ha pedido a los ciudadanos que quieran abandonar la isla que se acerquen al aeropuerto porque fletarán aviones a partir de mañana.
En un reportaje anterior, ciudadanos de Puerto Príncipe denunciaban la falta de gasolina para llevar a los heridos hasta donde está la ayuda, que ya empieza a llegar al aeropuerto. Los haitianos están donando taxis y coches particulares (aunque escasean en la isla, sólo uno de cada 200 ciudadanos tiene uno) para llevar víctimas hasta los hospitales y centros clínicos que se mantienen en pie.
Las familias en el extranjero, (su mayoría, unos 400.000, está en Miami) siguen valiéndose de internet con álbumes que los haitianos están dejando en Facebook, Twitter y Flickr o en sus páginas personales para evaluar las zonas más dañadas. El servicio de periodismo ciudadano de la CNN, por ejemplo, se ha visto desbordado con fotografías de familiares buscados en Puerto Príncipe para que cualquiera que pueda aportar información, la deje en forma de comentarios.
Actualización 4.30PM
Comparece Bill Clinton, enviado especial de Estados Unidos a Haití, que ha definido como un país que ya lleva trabajando en condiciones críticas las últimas décadas. “Lo que necesitamos ahora es comida y protección para los heridos. También necesitamos proteger a los y fallecidos para que puedan ser identificados por sus familiares”.
Nuevas fotos de Yves Montoban, Salvation Army:
Actualización 3.30PM
El reportero Sanjay Gupta (CNN) acaba de entrevistar al presidente haitiano en las inmediaciones del aeropuerto. “No puedo ayudar aquí, no puedo volver a casa”, ha declarado. “Todavía estamos tratando de comprender la magnitud de todo esto. Lo peor es la cantidad de muertos en las calles y la impotencia para ayudar a los heridos (…) Necesitamos doctores, médicos y medicinas. Algunos hospitales están derruidos y otros completamente llenos, con gente agolpada en las calles “.
Preval ha manifestado que sigue habiendo riesgo de que casas aún en pie se derrumben y que es muy pronto para establecer una cifra de fallecidos. También ha querido agradecer a todos los países que están enviando ayuda a Haití.
La corresponsal de CNN en Puerto Príncipe, Susan Candiotti, acaba de compartir sus impresiones en directo, describiendo el viaje desde el aeropuerto, donde los edificios muestran daños importantes y muchos ciudadanos se agolpan esperando un vuelo para abandonar la isla; hasta las zonas más afectadas de la ciudad, donde los cuerpos se acumulan junto a las casas.
Primeras imágenes aereas de Puerto Príncipe desde el terremoto (VIDEO AP)
Actualización 3PM
La CNN coloca las fotos enviadas por lectores en un mapa y ayuda a aquellos que buscan a sus familiares tratando de identificar edificios en las fotos.
Fotos de lectores enviadas a CNN
Y más mapas, The Guardian explica en este interactivo cuáles son las zonas más afectadas por el terremoto de ayer con epicentro a apenas 15 km. de la capital haitiana.
Rueda de prensa de Médicos Sin Fronteras (VIDEO) Sus efectivos están encontrando heridos con graves traumatismos, heridas en la cabeza y miembros aplastados. Por su parte, un representante de Save The Children cifra en un 40 por ciento los edificios derrumbados y un 70 por ciento las estructuras afectadas. Estas eran sus declaraciones anoche en la CNN:
Actualización 2.20PM EST
Según declaraciones en la CNN, las autoridades haitianas estiman en cien mil los fallecidos. Un senador haitiano, sin embargo, elevaba la cifra hasta medio millón en palabras a Associated Press.
La ayuda humanitaria tendrá que solventar el obstáculo de la falta de coordinación e infraestructuras. La sede de Naciones Unidas está afectada, así como numerosas embajadas y edificios de ONGs. Médicos Sin Fronteras ha informado que no ha localizado a la mayoría de sus 900 efectivos en el país (corregido 2.30 PM).
Ayudas desde España: La Cadena Ser ha recopilado una lista con cuentas y recursos para aquellas personas interesadas en hacer donaciones para la recuperación y ayuda a las víctimas. (via @davfernandez)
Fotos de ciudadanos durmiendo a la intemperie - Liliane Pierre-Paul
Actualización 1.30PM EST
Imágenes de la periodista Liliane Pierre-Paul, de Radio Kiskeya. Está compartiéndolas en Twitter y muestra a ciudadanos durmiendo a la intemperie la primera noche tras el terremoto.
Mi lista de Twitter con fuentes que envían información desde Haiti.
La cadena estadounidense CBS ha subido a You Tube este vídeo con imágenes de rescates esa madrugada.
Actualización 1PM EST
Según Médicos Sin Fronteras, todos los hospitales de la capital están derrumbados o abandonados. La organización informa que hay muchas personas heridas por quemaduras, tras las explosiones causadas por los derrumbamientos.
Las imágenes emitidas por las cadenas estadounidenses en estos momentos muestran a miles de personas vagando por las calles, tumbados en parques y caminando desorientados.
El hotel Oloffson, uno de los que se temían derrumbados en un primer momento, sigue en pie según la imagen compartida en Twitter por el músico haitiano Richard Morse.
Relato en inglés de un misioneroen Haití. (via @rosenthal) El blog cuenta cómo ha despertado Puerto Príncipe esta mañana y los esfuerzos por recuperar víctimas con vida. El desafío es la ayuda humanitaria en una ciudad sin hospitales operativos. Haití ha pedido un buque hospital para atender a la población.
Redes de ayuda
Página de Facebook para poner en contacto a víctimas y familiares. En Estados Unidos hay unos 600.000 ciudadanos de origen Haitiano que en estos momentos tratan de comunicarse por teléfono con la isla. La red es el lugar donde colgar fotos, nombres y números de teléfono para cualquiera que pueda aportar datos.
El blog de actualidad internacional del New York Times, The Lede, también ha abierto un hilo con este propósito.
Actualización 12PM EST
Naciones Unidas informa que una de las prisiones de la capital ha sufrido graves daños y un número indeterminado de presos ha salido en libertad. (Via @breakingnews
Por su parte, la CNN ha entrevistado al primer ministro de Haití, Jean-Max Bellerive, quien ha declarado que esperan cientos de miles de fallecidos. El primer ministro ha compartido impresiones sobre “la mitad de la capital hecha añicos”.
FOTOS: Boston.com dedica su sección The Big Picture a las imágenes que empiezan a llegar desde Haití.
Recopilación de la Cruz Roja Americana:
Actualización 7.40AM EST
Informaciones contradictorias sobre el estado del director de la fuerza humanitaria de la ONU en Haiti, el tunecino Hedi Annab. El servicio de la NBC @BreakingNewsinforma que ha fallecido, citando a medios franceses. En España, Rtve.es detalla que “podría haber fallecido”.
Todavía no hay cifras de víctimas, aunque la Cruz Roja estima en 3 millones de personas los afectados. Haití tiene nueve millones y medio de habitantes, de los cuales casi la mitad viven en la capital. Falta agua, electricidad e infraestructuras básicas como sanitarios. Es el país más pobre del hemisferio oeste y sólo ahora empezaba a “recuperarse” de la serie de huracanes que atravesaron la isla el verano de 2008. Sumémosle el peor terremoto en la zona en 200 años de historia.
Fotos de Haití publicadas en Twitter
Puede que este sea la primera tragedia que nos despierte ante la efectividad de los teléfonos móviles en un país subdesarrollado. Han vuelto a funcionar las redes sociales e Internet, pero sólo gracias al acceso desde móviles de haitianos que no podían comunicarse de otra forma. En Picfog.com hay una recopilación actualizada en directo con fotos que llegan desde Puerto Príncipe. También han llegado desde Flickry Facebook. Y desde medios tradicionales: este es el primer vídeo, mostrado por CNN y la BBC.
(Por curiosidad, algunas estadísticas que explicarán las dificultades de la recuperación.)
Pocas veces coinciden una tormenta de nieve en la costa este de Estados Unidos y en Europa, afectando además a España. Menos veces nieva en Washington como lo hizo el último fin de semana y todavía menos en el mes de Diciembre, cuando es poco habitual que una tormenta bloquee la ciudad durante más de 24 horas. Fueron dos días sin metro en la mitad de las estaciones, sin autobuses, sin sirenas de policía ni ambulancias, saturadas rescatando a gente atrapada en la carretera.
Aeropuerto de Washington un día después de la nevada
El caos aquí y allí me brindó la oportunidad perfecta para ver lo que provoca la nieve, aquí y allí.
Aeropuerto de Washington. Cerrado durante la noche del sábado por acumulación de nieve y falta de visibilidad. El domingo por la mañana funciona con algunos retrasos. El lunes ya no hay vuelos cancelados. Por la tarde, mi avión tardó dos horas en despegar porque los equipos de tierra no dan a basto para quitar el hielo acumulado en los aviones mientras embarcan los pasajeros. Más allá de las pistas y las zonas por donde deben circular los aviones, ya limpias, el resto es un paisaje blanco con 30 cm. de nieve acumulada.
Aeropuerto de Munich. Desde hace tres inviernos, siempre lo encuentro helado, sumido en la niebla que se funde con el blanco del suelo. Nunca he visto cuándo aterrizamos. Ayer encontré retraso para despegar, no para aterrizar. Es porque vamos a Barajas. El avión arrastraba retraso desde Madrid. Es que había nevado en la capital.
Alrededores de Munich
Aeropuerto de Madrid. No ha nevado un día ni dos. Nevó unas horas. No hay temperaturas bajo cero como en Munich o Madrid. No queda nieve en los alrededores de las pistas.
Mi querido Barajas. Aterrizar en la T4 es llevarse una imagen del Madrid moderno que debe sorprender a muchos turistas. Aterrizar en la T2 o T1 es una bofetada de realismo, vengas de la caseta/terminal en medio del desierto en Marrakesch o el gigantesco aeropuerto internacional de Frankfurt. La madera y cristal de la T4 no cuadran con el impaciente turista español, la familia asomada a la cinta que transporta las maletas con ganas de quitarle el equipaje de las manos al operario al otro lado de los flecos de goma; los desplazamientos torpes por hablar por el móvil, sujeto con la mano en la que también llevamos el abrigo y ese regalo que no cupo en la maleta, mientras empujamos un carro desequilibrado con la otra; los niños subidos a una cinta a punto de empezar a moverse arrastrando las mismas maletas desde hace dos días; el abrigo de piel que nos sirve en Moscú pero sobra en Madrid, provocando unos calores que pagamos con el operario marroquí que sólo tiene un trabajo, traer y llevar carros. Traer y llevar carros. Traer y llevar carros.
Esto pega más con la T2. Como las 3 horas para recuperar una maleta que nadie sabía dónde estaba. O la cola de 2 horas para reclamar justo antes de que apareciera desperdigada en una cinta espontánea. O la sala de equipajes llena de gente reclamando por tercer día consecutivo. O las ocho cabinas de reclamación. Sólo dos están abiertas. Sólo trabajan dos inocentes a los que les ha caído el gordo de las reclamaciones. Hay chinos, alemanes, finlandeses, hindús… nadie entiende nada.
Esto es Barajas. Salgo al exterior -casi cuatro horas después de aterrizar y 20 después de salir de Washington-, y me cuentan que han cerrado Air Comet. Me ahorro mi anécdota con ellos para otra ocasión. A lo mejor eso es lo que pasaba en Barajas. Pero he tenido la suerte de viajar y ver otros aeropuertos, otros caos, otros “Barajas” recuperándose de una nevada. Y a Barajas le pasa algo más.
Me pregunto si ese comité olímpico que nos niega los juegos año tras año aterriza de incógnito en la T2. Siempre me sorprenden esos aires que tenemos de ciudad candidata a la élite internacional de no sé qué. Tanta modernidad nos viene grande.
Ah, os dejo unas fotos de regalo. Feliz Navidad a todos.
Recuerdo conversaciones en Soitu, ante el lanzamiento de Utoi, sobre la necesidad o no de crear un hilo de conversación en el que sólo escribieran mujeres. Éramos mayoría en la redacción y había suficientes firmas para mantener el tema activo con reacciones de todo tipo ante la actualidad. No se trataba de hablar de “cosas de mujeres” ni pintar las noticias de rosa, simplemente queríamos registrar una voz como otra cualquiera. Entre las dudas, una pregunta importante. ¿De verdad hace falta separar una voz para las mujeres? En Soitu nadie presumió de esa mayoría femenina y quizás la fórmula era seguir así, anclados en la modestia.
Cartel para baños - niallkennedy en Flickr
Slate lanzó hace seis meses su blog Factor XX como una publicación independiente. Seis meses que ha tardado en reincorporarlo al dominio slate.com como una sección más. Blogher, la comunidad de blogs liderada por Lisa Stone, es la cuarta más grande de Estados Unidos.
Las mujeres no necesitamos una plataforma como Blogher, la sección de Slate ni el hilo de conversación en Utoi que no fue. Podemos decir lo que pensamos y como lo pensamos. Pero digámoslo más veces para que nadie diga nada por nosotras. Llevo dos semanas negándome a escribir sobre el ídolo caído del golf pero…
¿A nadie más le chirría leer que “Tiger Woods no limitaba sus hazañas al césped de los mejores campos del mundo”? Casi he perdido la esperanza de que alguna locutora se niegue a enseñar las tetas para contarme las noticias, pero alguna editora debería negarse a sacar textos que poco a poco nos condenan al pensamiento rancio que todavía hace de las mujeres un trofeo. Que dé sentido a colgar a una tía en bolas en la última página del diario deportivo.
¿Para quién? ¿Para el lector o el periodista?
Un verano de prácticas en una radio de Madrid, pasé por la sección de deportes. Me encontré a cuatro reporteros embobados con la última rubia que una cadena de televisión había plantado en la banda para decirnos que el árbitro añadirá dos minutos de tiempo extra. No le diría a la rubia que rechazase el puesto, como Vanesa Saez no dejó de ser la chica del tiempo a pesar de los chistes gastados de “Los Manolos”. Le diría al jefe de la rubia que sus empleados no están ahí para vacilar a nadie en directo. Pero quizás esté ocupado contando las incorregibles patadas al lenguaje disfrazadas de metáforas.
Años después, resulta que Woods es tan humano como el que se distrajo con la rubia que canta los cambios. Para comprenderlo, Carlos Arribas reclama (en su pieza de El País de ayer) que “en alguna obra perdida de Freud habrá un estudio sobre el carácter fálico del palo de golf, sobre la fácil analogía sexual del deporte que consiste en embocar una bola en un agujerito. Si no lo hay, debería haberlo”.
Un artículo después, John Carlin le aconseja a Woods, que no hubiera elegido ese papel de chico perfecto, que hubiera mantenido su integridad como lo hizo Ronaldinho, que así “se hubiera evitado la colosal vergüenza que sufre hoy”. ¿Vergüenza de qué? ¿De ser humano? ¿De haberse equivocado?
O vergüenza de no habernos hecho entender que el ídolo lo creamos nosotros, y no él.
No nos avergonzamos por encumbrar figuras que derrumbamos al instante en que nos damos cuenta que son tan frágiles como nosotros. Consumimos con el mismo hambre los triunfos y las derrotas. Y a cada paso, olvidamos el anterior. Catapultamos a Woods mientras quemábamos las polémicas de Kobe Bryant. Contamos que Nadal se hunde tras la lesión mientras citamos a Murray envidiando dichoso bajón. Reíamos las fiestas de Ronaldinho para después hundirle arrastrado por un michelín que ya quisiera el cincuentón medio español. Olvidamos que quizás eso de que le gustaba más un balón que las mujeres no era tan verdad.
El deporte, como la vida, está lleno de mentiras. Y para cínicos, nosotros. Estados Unidos, esa sociedad puritana que condena las expresiones de afecto en público y el deseo sexual con la misma intensidad con la que produce películas pornográficas, devora historias de infidelidades. Es más fácil hundir a Woods por adúltero que por dopaje. Seamos honestos. Clinton engañó como lo hizo Edwards o el menos conocido gobernador de Carolina del Sur. Todos los periodistas preguntaron antes o después por qué sus mujeres estaban a su lado en el momento de admitir la infidelidad públicamente. Muchas periodistas preguntaron a la engañada ojerosa, ¿por qué no le dejaste?
Si la mujer se queda, porque se queda. Y si se va, porque se va. Nunca contamos que si triunfa una mujer independientemente de su marido ya no escuchamos que “detrás de una buena mujer hay un gran hombre”, saltan las sospechas del “qué habrá hecho para llegar ahí” y, como se le ocurra reivindicar su fuerza y nombre, entonces no es lo suficientemente dulce (recuerden que la única vez que han visto llorar a Hillary Clinton fue antes de las primarias de New Hampshire, y las ganó). Por no hablar de los ejemplos, que nos sobran, con especulaciones sobre si una profesional, empresaria o política de prestigio es lesbiana porque “no se le conoce pareja”. ¿De verdad? Pensé que no estábamos para especulaciones.
Pero salto de periódico y leo que “los hombres públicos deben y pueden hacer lo que quieran” -hasta aquí estamos de acuerdo-, “incluso equivocarse, ejercer de cabrones o chulear a sus parejas”. Vale. Ser capullos lo hemos sido todos y todas. En un digital resulta que las amantes de Woods son leonas (no podían quedarse en tigresas) y la mujer, “engañada, furiosa y atacada de los nervios” llamó a una de ellas “como una leona que protege a su tigre (…) ha sacado las garras y ha llamado a la supuesta amante de su marido”.
¿En qué quedamos, mujeres leonas o a las que se puede chulear?
Yo sólo me pregunto si esto lo escribiría igual una mujer. Si no nos faltan voces, y firmas, para compensar esto un poco. En España el 80 por ciento de los periodistas son mujeres. La cifra da para equilibrar el mensaje más de lo que está. Pero aquí seguimos.
Bill Gentile comenzó la clase mostrando su documental “Afganistán: La Guerra Olvidada”. Era hace dos años y Estados Unidos todavía no había dado un giro de Irak hacia el este, centrándose en la guerra que arrancó en 2003. La obra muestra los estragos que pasan los soldados americanos en un territorio donde el desconocimiento del idioma y la cultura puede ser tan tramposo como una mina en la carretera.
Extracto del documental de Bill Gentile en la cadena pública estadounidense PBS.
Cuando terminó el vídeo, un compañero pakistaní que había aterrizado en Nueva York una semana antes del 11 de Septiembre de 2001, levantó la mano para comentar una escena en el que un soldado intentaba enterarse de si Al Qaeda había hecho acto de presencia en un poblado al que intentaban entrar. “Ese intérprete no estaba traduciendo correctamente, no estaba diciendo la verdad, el americano no se enteraba de nada”.
El ejército necesita algo más que la diplomacia de los caramelos con las poblaciones afgana e iraquí.
Al Pentágono le faltan soldados y expertos que hablen los dialectos de Irak y Afganistán. Los soldados ignoran las peculiaridades culturales y étnicas de un país en el que cumplen con rondas de 12 a 18 meses. En la base viven rodeados de videojuegos, McDonalds, iPods y marcas “de casa”. Mientras el gobierno busca cómo reclutar suficiente personal desde Estados Unidos, la dependencia de intérpretes ha empujado más de un contingente a un callejón sin salida. Hay libros enteros dedicados a la falta de preparación de las tropas y sus consecuencias, como éste de la corresponsal para la cadena ABC Martha Raddatz, sobre la emboscada que atrapó al ya icono Casey Sheenan y otros 7 soldados en Sadr City.
El largo camino a casa, de Martha Raddatz
A falta de intérpretes y conocimiento sobre la cultura local, el ejército norteamericano confía en la ayuda de antropólogos dentro de Irak y Afganistán. Los expertos sociales les explican las peculiaridades de la cultura, esos detalles que de no conocerse pueden arruinar una negociación, y que tanto necesitan los soldados cuando intentan saber si un poblado cuenta con insurgentes de Al Qaeda o no. Pero, según informa hoy la revista Time, la Asociación Americana de Antropología (AAA) ha levantado la voz con un informe (PDF) para condenar que se utilice el trabajo de los antropólogos en estas dos guerras.
De acuerdo con la publicación norteamericana, no es un proyecto nuevo. La práctica viene desde hace varias décadas. Pero cada vez que un proyecto ha salido a la luz, el Pentágono se ha visto obligado a cancelarlo. El trabajo de los antropólogos consiste en estudiar las poblaciones locales de las que el ejército conoce poco más que su situación en el mapa y facilitar el diálogo con ellas. Pero los responsables de la AAA no tienen claro si la información compartida por los más de 500 especialistas que trabajan con el ejército es utilizada en favor de la paz o de la guerra. Es difícil saber si el ejército la utiliza para colaborar mejor con los civiles o localizar mejor sus objetivos.
Hay antropólogos a los que no gusta perder el control de toda la información que obtienen con su trabajo. Otros prefieren que el ejército no trabaje a ciegas, que es como lleva navegando por Afganistán desde la invasión. La AAA, según Time, no está en contra de ayudar al Pentágono para mejorar el conocimiento de otras culturas e idiomas entre sus filas, pero la línea entre apoyar al ejército para que se defienda mejor y colaborar en un objetivo militar cada vez es más borrosa.