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Si la noticia de Tiger Woods la contáramos las mujeres

Monday, December 14th, 2009

Recuerdo conversaciones en Soitu, ante el lanzamiento de Utoi, sobre la necesidad o no de crear un hilo de conversación en el que sólo escribieran mujeres. Éramos mayoría en la redacción y había suficientes firmas para mantener el tema activo con reacciones de todo tipo ante la actualidad. No se trataba de hablar de “cosas de mujeres” ni pintar las noticias de rosa, simplemente queríamos registrar una voz como otra cualquiera. Entre las dudas, una pregunta importante. ¿De verdad hace falta separar una voz para las mujeres? En Soitu nadie presumió de esa mayoría femenina y quizás la fórmula era seguir así, anclados en la modestia.

Cartel para baños

Cartel para baños - niallkennedy en Flickr

Slate lanzó hace seis meses su blog Factor XX como una publicación independiente. Seis meses que ha tardado en reincorporarlo al dominio slate.com como una sección más. Blogher, la comunidad de blogs liderada por Lisa Stone, es la cuarta más grande de Estados Unidos.

Las mujeres no necesitamos una plataforma como Blogher, la sección de Slate ni el hilo de conversación en Utoi que no fue. Podemos decir lo que pensamos y como lo pensamos. Pero digámoslo más veces para que nadie diga nada por nosotras. Llevo dos semanas negándome a escribir sobre el ídolo caído del golf pero…

¿A nadie más le chirría leer que “Tiger Woods no limitaba sus hazañas al césped de los mejores campos del mundo”? Casi he perdido la esperanza de que alguna locutora se niegue a enseñar las tetas para contarme las noticias, pero alguna editora debería negarse a sacar textos que poco a poco nos condenan al pensamiento rancio que todavía hace de las mujeres un trofeo. Que dé sentido a colgar a una tía en bolas en la última página del diario deportivo.

¿Para quién? ¿Para el lector o el periodista?

Un verano de prácticas en una radio de Madrid, pasé por la sección de deportes. Me encontré a cuatro reporteros embobados con la última rubia que una cadena de televisión había plantado en la banda para decirnos que el árbitro añadirá dos minutos de tiempo extra. No le diría a la rubia que rechazase el puesto, como Vanesa Saez no dejó de ser la chica del tiempo a pesar de los chistes gastados de “Los Manolos”. Le diría al jefe de la rubia que sus empleados no están ahí para vacilar a nadie en directo. Pero quizás esté ocupado contando las incorregibles patadas al lenguaje disfrazadas de metáforas.

Años después, resulta que Woods es tan humano como el que se distrajo con la rubia que canta los cambios. Para comprenderlo, Carlos Arribas reclama (en su pieza de El País de ayer) que “en alguna obra perdida de Freud habrá un estudio sobre el carácter fálico del palo de golf, sobre la fácil analogía sexual del deporte que consiste en embocar una bola en un agujerito. Si no lo hay, debería haberlo”.

Un artículo después, John Carlin le aconseja a Woods, que no hubiera elegido ese papel de chico perfecto, que hubiera mantenido su integridad como lo hizo Ronaldinho, que así “se hubiera evitado la colosal vergüenza que sufre hoy”. ¿Vergüenza de qué? ¿De ser humano? ¿De haberse equivocado?

O vergüenza de no habernos hecho entender que el ídolo lo creamos nosotros, y no él.

No nos avergonzamos por encumbrar figuras que derrumbamos al instante en que nos damos cuenta que son tan frágiles como nosotros. Consumimos con el mismo hambre los triunfos y las derrotas. Y a cada paso, olvidamos el anterior. Catapultamos a Woods mientras quemábamos las polémicas de Kobe Bryant. Contamos que Nadal se hunde tras la lesión mientras citamos a Murray envidiando dichoso bajón. Reíamos las fiestas de Ronaldinho para después hundirle arrastrado por un michelín que ya quisiera el cincuentón medio español. Olvidamos que quizás eso de que le gustaba más un balón que las mujeres no era tan verdad.

El deporte, como la vida, está lleno de mentiras. Y para cínicos, nosotros. Estados Unidos, esa sociedad puritana que condena las expresiones de afecto en público y el deseo sexual con la misma intensidad con la que produce películas pornográficas, devora historias de infidelidades. Es más fácil hundir a Woods por adúltero que por dopaje. Seamos honestos. Clinton engañó como lo hizo Edwards o el menos conocido gobernador de Carolina del Sur. Todos los periodistas preguntaron antes o después por qué sus mujeres estaban a su lado en el momento de admitir la infidelidad públicamente. Muchas periodistas preguntaron a la engañada ojerosa, ¿por qué no le dejaste?

Si la mujer se queda, porque se queda. Y si se va, porque se va. Nunca contamos que si triunfa una mujer independientemente de su marido ya no escuchamos que “detrás de una buena mujer hay un gran hombre”, saltan las sospechas del “qué habrá hecho para llegar ahí” y, como se le ocurra reivindicar su fuerza y nombre, entonces no es lo suficientemente dulce (recuerden que la única vez que han visto llorar a Hillary Clinton fue antes de las primarias de New Hampshire, y las ganó). Por no hablar de los ejemplos, que nos sobran, con especulaciones sobre si una profesional, empresaria o política de prestigio es lesbiana porque “no se le conoce pareja”. ¿De verdad? Pensé que no estábamos para especulaciones.

Pero salto de periódico y leo que “los hombres públicos deben y pueden hacer lo que quieran” -hasta aquí estamos de acuerdo-, “incluso equivocarse, ejercer de cabrones o chulear a sus parejas”. Vale. Ser capullos lo hemos sido todos y todas. En un digital resulta que las amantes de Woods son leonas (no podían quedarse en tigresas) y la mujer, “engañada, furiosa y atacada de los nervios” llamó a una de ellas “como una leona que protege a su tigre (…) ha sacado las garras y ha llamado a la supuesta amante de su marido”.

¿En qué quedamos, mujeres leonas o a las que se puede chulear?

Yo sólo me pregunto si esto lo escribiría igual una mujer. Si no nos faltan voces, y firmas, para compensar esto un poco. En España el 80 por ciento de los periodistas son mujeres. La cifra da para equilibrar el mensaje más de lo que está. Pero aquí seguimos.


A mi madre, que estaba de cumpleaños.

Seis paradojas de la vida después de soitu

Sunday, November 8th, 2009

Primera: Me especialicé en hablar de la crisis de los medios de comunicación, la falta de ingresos en publicidad y la escasa confianza en que Internet es la plataforma que más opciones aporta al periodismo. Algunos de los factores que han dejado en la calle a la familia soitu.

Segunda: Para muchos era nuestro primer trabajo ‘de verdad’ como periodista. Ahora los responsables de soitu han dejado muy alto el listón para quien quiera contratarnos.
Si alguien soñó con tiempo para trabajar los temas que más le gustaban y con independencia, eso fue lo que tuvimos en soitu. Si soñó con un editor pesado que siempre tiene más preguntas, también. Y todavía hay quien dice que a esta publicación le faltó periodismo. Muchos hemos decidido seguir escribiendo por nuestra cuenta. En blogs, donde haga falta. En nuestro primer trabajo hemos encontrado esa independiencia que muchos se ponen como etiqueta de cabecera y la olvidan ahí.

Tercera: Ahora somos independientes del todo. Sin más cabecera que nuestra firma construímos la marca de la que antes hablé en soitu.

Cuarta: Si le preocupan sus periodistas acomodados, señor director, piense en los responsables de sección. No faltan periodistas para salir de esta “crisis”. Falta exigir responsabilidades a los que más se quejan. Faltan editores y directores de culo inquieto y para los que nada es suficiente. Faltan los que exigen a sus reporteros que salgan a la calle o descuelguen el teléfono y cuenten las cosas como nadie más las está contando. Faltan los que explican esa noticia que estamos hartos de escuchar y nos cuentan por qué es noticia. Y falta inconformismo, mucho. El mismo con el que llegamos a la universidad, dispuestos a protestar por todo, y perdemos al cruzar el umbral de la redacción (si tenemos suerte). El síndrome de que con publicar, ya basta.

Quinta: Escribiré gratis como aquellos de los que hablé. Durante este año he escrito sobre periódicos que cerraban y periodistas que abrían un blog para seguir escribiendo, contando lo que pasa en su ciudad o simplemente hacer lo que más les gusta. Antes cobraban por escribir e informar. Ahora lo hacen porque quieren. Y gratis. Tuve la suerte de que me pagaran por escribir (y aprender) sobre lo que más me gustaba. Ahora escribo porque quiero. Porque hay más cosas que contar.

Busqué argumentos a favor y en contra de los agregadores, la llamada economía de los links y hasta qué punto es justo beneficiarse de lo que ha escrito otra persona sin pagar por ello. He tenido ese debate en mi cabeza días después del cierre de soitu. Escribo en el blog porque es lo que más me gusta hacer. Escribo sin más plataforma detrás que la que sustenta estas palabras y mi firma. Y soitu, como estos meses excavando en Internet, me han enseñado que la red es compartir, recomendar, anunciar, informar. Que la red es como el mercado, la plaza o el bar, donde todos hemos recomendado un artículo, una película o la última columna de opinión del diario, y nadie nos pidió explicaciones por hablar de lo que habíamos leído*.

Y Sexta: el título de este blog me lo advertía. Se renueva el ciclo. Empecé a escribir aquí como reacción a una realidad aplastante. Tenía más posibilidades de escribir en Internet, en un medio digital, que en papel. Y después de pasar por un medio digital, tenía más probabilidades de regresar al blog que me lo enseñó.

One Way Or Another, regreso.

*Sí, vale, tienen razón. Nunca ganamos dinero por recomendar una película. Y algunos agregadores hieren a los medios cada vez que ponen un anuncio junto a información que no es suya. Es un argumento más y señala un problema que hay que solucionar. Pero sentémonos juntos y aprovechemos las posibilidades que, una vez más, internet nos da para realizar un gran debate, dejar de quejarnos y encontrar la respuesta.

Guía para ser un buen ‘community manager’ (*)

Thursday, October 29th, 2009
(*) O editor en las redes sociales, agitador, tertuliano de tu medio, rastreador…

CRISTINA F. PEREDA

“Cuando se escriba la historia del periodismo digital será muy difícil ignorar el gran error que cometieron los medios y empresas de comunicación: pensar que internet es un medio de difusión y publicación de contenidos en una sola dirección”, explica Richard Gordon, profesor de la Universidad Northwestern, en el especial sobre redes sociales y periodismo de la revista Nieman de Harvard.

El 10% del tráfico de nationalgeographic.com llega desde redes sociales. Y cifras parecidas ofrece The New York Times. La revista digital estadounidense Salon.com ha triplicado el número de lectores que accede a sus historias desde sitios como Facebook o Twitter. Sus periodistas ahora se relacionan con la audiencia como un usuario más de estas redes. El pasado mes de marzo, el New York Times nombraba a una periodista con 25 años de experiencia, Jennifer Preston, para distribuir el contenido del periódico en las redes sociales. Es la nueva social media editor.

El trabajo de estos gestores de comunidades digitales ha dado buenos resultados a los medios que han reconocido que el contenido debe estar donde se encuentran los lectores. Las consecuencias han sido todavía más positivas cuando todos los periodistas de la redacción están presentes en las redes sociales. Pero, ¿en qué consiste el trabajo de un editor de medios sociales?

Jennifer Preston es un buen ejemplo. Se encarga de gestionar tanto la comunidad interna de lectores del periódico, los que envían cartas al director o dejan comentarios en artículos de nytimes.com, como la comunidad externa, los lectores que ‘hablan’ con los periodistas en redes sociales. Preston es la persona que está detrás del usuario New York Times en Facebook, Twitter, Flickr, MySpace… y también es quien debe responder, conversar y preguntar a los internautas que comentan la información del periódico en internet.

Podemos reducir a tres las claves del trabajo de un editor de medios sociales, aunque cualquier periodista debería seguir los mismos pasos: conversar con la audiencia, “escuchar” en las redes sociales y distribuir el contenido de la publicación allí donde están los lectores.

Conversar

Como afirma Richard Gordon, internet nunca ha sido un medio unidireccional. No basta con publicar contenido. El límite está más allá de los comentarios al final de una noticia. La audiencia analiza el trabajo de los medios de comunicación en internet igual que lo hace en su casa o en la calle. Los periodistas tienen ahora la oportunidad —y casi la obligación— de contestar y preguntar como un internauta más.

Twitter trabaja estos días en herramientas que ayudan a los periodistas a moderar el contenido en esta red social, según anunció uno de sus fundadores, Evan Williams, el 3 de Octubre en San Francisco. Para Williams, “moderar es la clave”. Una de las aplicaciones (en pruebas desde la semana pasada) permite crear grupos y moderar discusiones en directo. Algunas conversaciones pueden convertirse en entrevistas en directo como las que ya hacen muchos medios de comunicación. El trabajo de Twitter responde así a la última tendencia en periodismo: conversar con los lectores en internet, aunque muchos medios todavía no hayan incorporado las redes sociales a su plan de distribución.

La cuenta de Twitter de Jennifer Preston muestra cómo se puede recomendar contenido y hablar con los lectores
Pero esto no se queda en los editores de medios sociales. Los periodistas que quieran charlar directamente con la audiencia pueden hacer pequeñas encuestas o preguntar a sus lectores qué piensan, qué les ha parecido su trabajo, si necesitan más información sobre una determinada noticia o incluso en qué reportajes les gustaría que trabajasen.

Escuchar

“¿Utilizar las redes sociales para escuchar? Estoy totalmente de acuerdo”, escribió Preston al comienzo de su trabajo como editora de medios sociales. “Estaré escuchando más que escribiendo mientras exploro mi nuevo papel”.

Las redes sociales reflejan las opiniones y preocupaciones de los internautas que participan en ellas. Y esto no es una cosa que se quede al otro lado del océano. En Facebook ya hay 6 millones de españoles. Cualquier periodista que forme parte de esta red puede ‘escuchar’ a la audiencia gracias al intercambio de mensajes en la red. Tanto si responden a la pregunta de un reportero como si están hablando entre ellos. En las reacciones a determinadas noticias hay oportunidades para continuar la información. Ya no basta con publicar. Internet no es como la televisión, a la que no se puede contestar.

Y en las respuestas de los internautas muchas veces hay información con la que completar y evolucionar las noticias. Hace unos días, tres de las 10 palabras más utilizadas de todos los usuarios de Twitter eran ‘Guardian’ —en referencia al diario inglés—, ‘gag’ (denuncia) y ‘Trafigura’. Todas ellas están relacionadas con la investigación del Guardian sobre un vertido tóxico en Costa de Marfil. El barco de la empresa Tafigura no tenía permiso para deshacerse de los residuos en ningún país europeo por los niveles de toxicidad. Ante la falta de pruebas definitivas durante estos meses, la empresa que realizó el vertido denunció al periódico por difamación. El Guardian acababa de revelar las pruebas finales que confirmaban el delito.

La noticia del día siguiente fue si el revuelo creado en la red forzó la retirada de la denuncia. Más que resultar un ejemplo de cómo accedemos a la información —cada vez más desde las redes sociales que directamente desde los medios—, esto refleja cómo las noticias saltan de un diario tradicional a las redes sociales y evolucionan.

La radio publica estadounidense (National Public Radio, npr.org) ha sido uno de los organismos que más ha apoyado a los periodistas en su uso. Está permitido tanto recomendar contenido de la cadena como compartir audio mediante widgets con marca “NPR” o hacer entrevistas a personas contactadas en la red social. La única condición es que el periodista “no se comporte en internet de una forma diferente a como lo haría en cualquier otro lugar público”.

Distribuir contenido

“Las redes sociales no son tanto herramientas [para el periodismo] como el océano en el que vamos a estar nadando, por lo menos hasta el siguiente capítulo de la revolución digital”, según Geneva Overholser, directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad de California.

Ahí está la audiencia y algunos medios ya se han dado prisa por enviar hasta ellas el contenido de sus ediciones digitales. Esto es lo que hace un editor de medios sociales:

  • Envía mensajes a través de Facebook, Twitter y otras redes sociales. Puede ser un titular con el link a la página del medio de comunicación o una frase que explica la noticia.
  • Actualiza su “estado”. Facebook y Twitter preguntan a sus usuarios qué están haciendo o pensando. Los medios de comunicación y los periodistas también pueden responder y compartir así el tema en el que están trabajando, lo último que publicaron o preguntar a los lectores. También hace preguntas para encontrar expertos en temas concretos o detectar tendencias de opinión.
  • No se olvida de otras publicaciones. Los expertos apuntan que hay que recomendar también el trabajo de los demás. A veces varios ciudadanos colaboran en la creación de un mapa que puede añadir información a una noticia importante. Un mensaje en una de estas redes basta para relacionar el mapa con la información publicada por un medio de comunicación.
  • Anuncia entrevistas en directo. El “editor de medios sociales” puede anunciar que un periodista está disponible para preguntarle en directo o lanzar una encuesta entre los internautas.
  • Retransmite eventos. Gracias a los teléfonos móviles, muchos reporteros pueden compartir información —desde textos breves hasta fotos o vídeo— con la audiencia igual que lo harían con sus amigos en la red. El diario brasileño O Globo enseña a sus periodistas a enviar contenido a la redacción con las mismas herramientas que han creado para periodistas ciudadanos.
  • Publica noticias de última hora. Es más rápido publicar un texto breve con información de última hora en páginas de Twitter o Facebook que en un medio de comunicación. Aunque sólo sea por cuestiones técnicas. Sabemos que la audiencia también está en internet y las redes nos hacen más rápido el camino hasta los lectores.
  • Invita a los usuarios a compartir lo que han aprendido. Las redes sociales de Twitter y Facebook, sobre todo ésta última, cuentan con aplicaciones que permiten a cualquier usuario compartir desde un link hasta una página o una conversación que hayan mantenido en un grupo. Cada vez que un usuario “comparte” contenido dentro de Facebook, todos sus amigos reciben una notificación o “noticia” cuando se conectan a la red, por lo que los lectores de una noticia se multiplican más allá del medio de comunicación.
  • Utiliza las estadísticas de servicios como Facebook para saber cuántos participantes en los grupos dejan comentarios y aportan contenido. Ya hay quien aboga por premiar a los lectores que más contribuyen a la publicación con sus comentarios, visitan repetidas veces la página o el tiempo que pasan en cada visita. La fidelidad de los lectores puede ser tan importante como el tráfico de visitas a la publicación a la hora de crear una comunidad con la audiencia.

El balance entre todas estas tareas debe basarse en la generosidad. Robert Murray, editor de medios sociales para National Geographic, apenas recomienda artículos de la casa desde su perfil en Twitter: se dedica a hablar con otros internautas y recomendar material de otros medios.

Según el experto en redes sociales J. D. Lasica, de cada cuatro mensajes que un periodista publique en una red social, en tres debería estar conversando con otro usuario. El cuarto puede dedicarlo a recomendar contenido de la publicación para la que trabaja. Quizás esta sea la regla de las redes sociales más difícil de aprender para el gremio periodista, acostumbrado a lanzar un mensaje y no tener que escuchar después.

Articulo para soitu.es 

Un hueco y muchas historias por contar

Wednesday, October 28th, 2009

El primer impulso, aunque triste, después de soitu, es seguir escribiendo aquí. Al fin y al cabo es donde empecé.
El segundo impulso es la rabia, el enfado por la condena de un proyecto valiente. Porque se han callado muchas voces.

Y el tercero es que quedan muchas historias por contar, así que seguiremos contándolas aquí.
Hasta la próxima.

Huecos - By CFPereda

Huecos - By CFPereda

“La única solución a la crisis es una huida hacia delante”

Saturday, October 10th, 2009
CRISTINA F. PEREDA
“Ésta se ha convertido en la conferencia de Twitter”. Durante tres días, la revolucionaria red social ha sido la protagonista de la décima conferencia de la Online News Association (ONA), donde 700 periodistas de todo el mundo han debatido sobre qué pueden hacer los profesionales para aprovechar la cantidad de información publicada en ella y mejorar así su trabajo.

Evan Williams, cofundador de Twitter, inauguró la edición de la ONA con una charla en la que detalló el gran número de usuarios que tienen fuera de Estados Unidos —el 60%—, y los últimos estallidos en Japón y Brasil. La relevancia de Twitter en noticias internacionales como los atentados en Bombay en noviembre de 2008 o las elecciones en Irán parecen haber pillado también por sorpresa a los trabajadores de la red social.

Williams se declaró “inspirado” por el papel que jugó su invento en ambas ocasiones, especialmente útil para los periodistas que quisieron cubrir las revueltas posteriores a la reelecciones de Ahmadineyad, cuando el régimen expulsó a todos los corresponsales. Rodeado de periodistas, el cofundador del gigante adelantó nuevas facilidades para los medios que utilicen esta red social.

“Moderar es la clave”, dijo Williams. Twitter ofrecerá nuevas herramientas muy pronto para que los periodistas puedan moderar conversaciones y extraerlas en páginas independientes, que puedan ser publicables en sus medios. “Las conversaciones de los usuarios añaden valor al trabajo de los periodistas”. Por ello, “queremos aumentar las posibilidades de verificar la autenticidad de todos los mensajes”, anunció Williams.

Twitter tiene la mirada puesta en el periodismo, y los periodistas también miran a Twitter. El ambiente en estos tres días de conferencias en San Francisco ha sido el de profesionales de medios digitales que no miran a las redes con miedo, sino que quieren aprovecharlas para mejorar su trabajo y servir así mejor a los ciudadanos. Nadie ha puesto en duda esta posibilidad.

Mayor relación con el lector

“El contenido tiene que estar en las redes sociales y los periodistas también”, afirmo Joan Walsh, editora de Salon.com, una revista online estadounidense con 14 años de recorrido. Walsh explicó que están enseñando a los 50 periodistas de Salon.com a participar en conversaciones con los lectores, demostrándoles que es rápido y divertido: “Las redes sociales tienen más de una dimensión, no es sólo poner links a tu último artículo, sino desarrollar una relación con el lector, ser una persona de verdad”.

Entre los resultados obtenidos, Walsh destacó el valor de las aportaciones de los lectores que sirven para mejorar el contenido, un aumento del tráfico que llega desde las redes sociales —Salon.com ha triplicado el número de visitas que les llegan desde sitios como Facebook o Twitter gracias a las conversaciones— y una mayor lealtad de los lectores hacia la publicación. “El periodista está obligado a ser honesto en internet, —opinó Walsh—. Y gracias a las redes sociales, los ciudadanos nos devuelven la responsabilidad de servirles con la mejor información”.

Uno de los retos que afrontan los medios digitales es crear una comunidad de lectores que se identifiquen con la publicación y que participen en ella, lo que acaba traduciéndose en tráfico de usuarios. “Las comunidades se construyen a base de conversación. Hasta ahora han ocurrido en blogs y redes sociales, la clave es traerlas hasta el medio de comunicación”, explicó JD Lasica, el creador de Socialmedia.biz.

La cuestión es qué debe (y no debe) hacer el periodista en Twitter, Facebook o cualquier otra red para ayudar a crear esa comunidad. Lasica trató de responder con algunas recomendaciones: responder a comentarios en cualquier red social; reenviar comentarios y sugerencias; y recomendar contenido de otras publicaciones. Y para los que aún necesiten orientación en el mar de mensajes que vemos al entrar en cualquier red, Lasica invita a utilizarlas para estar pendiente de las noticias de última hora; pedir opiniones y comentarios; identificar expertos y fuentes de información; lanzar ideas y preguntas a otros usuarios; o distribuir contenidos de tu publicación.

‘Periodista marca’

Gracias a la interacción del periodista con los lectores nace el concepto de ‘periodista marca’, en el que también se ha insistido estos días. Los lectores ahora reconocen a los periodistas porque participan en los comentarios y acceden al contenido por la relevancia de la firma, igual que antes lo hacían por la reputación de la cabecera de un periódico. Steve Fox, de la Universidad de Massachusetts, quiso añadir una clave más: “el periodista tiene que escuchar en las redes, no es sólo un método de distribución”. Los periodistas tienen que dejar atrás el concepto de que al publicar una noticia el trabajo en ésta se termina. Escuchar lo que dice el lector puede ayudar a mejorar y actualizar el contenido. Aunque no todo es desconocimiento de los medios sobre cuál es el siguiente paso que dar. La décima edición de la ONA ha demostrado la fuerza de la innovación en internet y cómo los medios miran hacia el futuro y hacia los lectores. Como ejemplo, varias charlas sobre el acceso al contenido desde teléfonos móviles. Y no sólo en Estados Unidos. O Globo, en Brasil, es un ejemplo de cómo los medios deben poner el contenido ahí donde están los lectores: más del 80% de los lectores del diario brasileño acceden a la publicación desde su teléfono móvil. Además, hacen un esfuerzo importante por distribuir el periódico en teléfonos móviles, con 40 suscripciones diferentes por SMS. “La información viaja tan rápido como los hechos”, explicó Cilene Guedes, coordinadora de la sección móvil de O Globo, en la sesión sobre innovación fuera de Estados Unidos, en la que también participó Soitu.es presentando Utoi. “La oportunidad de crear una comunidad en el medio de comunicación también está en el teléfono”, apuntó Guedes.

No limitarse a reproducir nuestro medio en el móvil

Parte del debate de los dispositivos móviles se centró en la conveniencia de crear aplicaciones para todos los tipos de teléfonos, iPhone y Blackberrys desde los que acceden a la información. “Sabemos que nuestra fuerza radica en el contenido. Dejamos que otros creen las herramientas que nos ayuden a trabajar mejor”, dijo Josh Belzman, editor de msnbc.com. La cadena estadounidense tiene diferentes aplicaciones en función de los programas de más éxito y las características de la audiencia. “Tienes que poner el contenido donde quieran tenerlo los lectores”, afirmó Belzman.

El tiempo que se ha tomado la CNN en lanzar una de las aplicaciones más completas para tener un medio de comunicación en el iPhone es, según Staci Kramer, vicepresidenta de ContentNext Media, un ejemplo de por qué compensa llevar el poder de la marca hasta el usuario. El secreto puede no estar en llevar páginas de internet hasta el teléfono sin más. “La clave está en no reproducir tu página exactamente igual”, opinó Lawrence Coburn, del portal de recomendaciones Rate It All. “Tienes que aprovechar las mejores cualidades que te da el teléfono y combinarlas con lo que los usuarios quieren hacer con tu página”, aseguró Coburn, que acaba de encargar la aplicación de Rate It All para iPhone a dos estudiantes de la Universidad de Pensilvania.

El desafío sigue estando en la rentabilidad de todas estas aplicaciones y cómo hacer publicidad en ellas. Aunque alguno se lanzó a adivinar la solución. “Creo que estará en ofrecer a los lectores dos opciones: pagar por las aplicaciones para que no lleven anuncios, o ver publicidad junto al contenido”, adelantó Benjamin Mosse, Director de Productos Móviles para Associated Press.

Otra alternativa será ofrecer anuncios sólo al sector de la audiencia al que le interesa el producto. Leo Laporte, periodista especializado en nuevas tecnologías, se preguntaba en su discurso por qué hay que pagar la difusión de un anuncio a toda la audiencia, si sólo interesa que llegue a unos pocos por sus características demográficas, por ejemplo. Medios como el New York Times —en su sección hiperlocal—, incluso Facebook y Google, ya se han dado cuenta y ofrecen servicios de publicidad personalizados.

Los medios serán personales, no de masas

El estallido del uso de teléfonos y otros dispositivos para acceder a la información, y las consecuencias que esto supone para la publicidad, significa el final de la era de los medios de comunicación de masas para Paul Saffo, uno de los dos gurús que dieron un discurso en San Francisco. “Esa revolución se ha acabado, estamos en la era de los medios personales”.

Saffo y Leo Laporte, el genio detrás de This Week in Tech un portal de podcasts sobre tecnología, fueron los únicos que se arriesgaron a decir hacia dónde van los medios de comunicación. No escuchamos en ninguna ocasión la frase “internet tiene que salvar a los periódicos”, ni hubo palabras para debatir si los medios deben cobrar por las ediciones digitales o no. Todos los asistentes parecían convencidos de que el ancla de las publicaciones será internet. Como ejemplo, el mismo Laporte, quien después de una carrera como presentador de radio tiene una audiencia ahora de 175.000 personas a la semana gracias a sus podcasts.

El cambio en el significado de los medios viene, para Saffo, de un cambio en los productos digitales. “El consumidor es a la vez productor”, explicó. Google vio esto hace años y lo puso en práctica: sólo puedes obtener resultados del buscador si introduces una búsqueda. Saffo dice que “participar es obligatorio”. Si lo traducimos a los medios de comunicación, los comentarios son la primera puerta abierta a los lectores para participar.

Y de nuevo, en el debate apareció Twitter, como uno de los caminos que pueden tomar los periodistas para relacionarse con su audiencia. Aunque para Laporte no todo es positivo en este aspecto, pues la red social actúa como “sistema nervioso de internet”, se decir, un modelo que permite compartir información, participar y conversar , pero controlado sólo por esta empresa.

“En este momento nada es seguro, todo es riesgo”, sentenció Saffo sobre el entorno actual de los medios. “La única solución es una huida hacia delante”. Y como resumen mostró la fotografía de un vaso de propinas que encontró hace tiempo en un restaurante con un mensaje válido para el actual momento: “si te da miedo el cambio, déjalo aquí”.

Para soitu.es

Aprendemos porque alguien se equivocó primero

Wednesday, October 7th, 2009

Han sido tres días de conferencias, charlas y conversaciones en las que más de 700 periodistas han mostrado lo que comparten en común: creen en internet, creen en el uso de la tecnología para impulsar su trabajo periodístico y están concentrados en mirar hacia delante.

Ayer publiqué en soitu.es en resumen con lo mas importante e impactante de la décima edición de la conferencia de la Online News Association en San Francisco. Este es mi resumen personal:

1. El contenido sigue siendo lo mas importante.

Independientemente de si lo contamos en Internet, papel, televisión o radio. Si lo que contamos no es de calidad, da igual toda la tecnología que estemos utilizando (o no).

2. No temas al cambio: Internet es el medio que más posibilidades aporta al periodismo

Desde mapas que contextualizan la información hasta gráficos o archivos de audio que acompañan a una entrevista, todo esto son posibilidades  que aporta internet a los medios. El papel no lleva sonido. La radio no se puede leer. Nadie en San Francisco parecía tener miedo a la oportunidad de contar las cosas desde la adaptación al lenguaje digital.

3. El futuro te espera

¿De qué nos sirve seguir mirando al pasado y condenando a Internet como la alternativa maldita? Siempre vemos los cambios tecnológicos como una amenaza para todo lo que estaba aquí antes.  La radio no acabó con la prensa ni la tele acabó con la radio. Los medios no son excluyentes. Podemos aprovecharnos de las innovaciones tecnológicas para mejorar nuestro trabajo, que sigue siendo acercar información al ciudadano.

4. Aprovecha la tecnología que más te guste y convenga

Prueba como si fueras un usuario más. Juega con páginas y servicios que hay en internet, disponibles para cualquier persona que este navegando la red. Descubrirás que algunos te van a servir para publicar contenido. JD Lasica dijo una frase que marcó una de las sesiones: “Lo gratis no es tu enemigo”. Hay cantidad de aplicaciones que podemos usar adaptándolas a las necesidades del periodismo. Si lo hacen los ciudadanos, ¿por qué nosotros no?

5. Aprendemos porque alguien se equivocó primero

Estamos en un momento de gran incertidumbre y cambio. Todos estamos arriesgando y cometiendo errores. Hemos visto eventos en los que algunos medios se lanzaron a colgar una cascada de mensajes de Twitter en su portada digital y la velocidad de los mensajes los convertía en un engorro, sin aportar información.  Otras veces el filtrado de mensajes corría el riesgo de añadir contenido editorial a una portada que no debe ser subjetiva.

6. Recuerda por qué quieres ser periodista

¿No era tu intención llevar la información hasta el ciudadano? Internet y la tecnología pueden llevar tu trabajo hasta donde esta la audiencia, desde su correo electrónico hasta las redes sociales o su teléfono. La audiencia ha aprendido a utilizar todas estas herramientas para llegar hasta la información, pero los periodistas (y responsables de medios) no siempre reaccionan a tiempo para ir donde esta la audiencia.

7. Quizás sea porque se trata de Estados Unidos y la cultura de innovar y mejorar siempre las cosas. Aquí siempre hay que hacer más y mejor. En otros países tenemos mucho que aprender de esto. 

National Geographic no le tiene miedo a internet

Saturday, September 26th, 2009

Por CRISTINA F. PEREDA

Una de las asignaturas pendientes de las pantallas de ordenador es la baja calidad de las imágenes. Esto podría plantear un obstáculo importante para una revista como National Geographic. Sus fotografías son conocidas en todo el mundo y en torno a ellas también gira la edición online. Sin embargo, igual que la revista pasa por la crisis con prestigio y calidad, la edición digital se sirve del potencial de internet para hacernos olvidar que cualquier foto funciona mejor en papel.

nationalgeographic.com suma casi 14 millones de usuarios únicos al mes, con un crecimiento del 10% desde el año pasado. Pero a pesar del éxito en internet, todas las piezas que aparecen en la revista de National Geographic son pensadas, preparadas y creadas como un producto impreso. Después, el equipo asignado a cada reportaje cuenta con una persona dedicada exclusivamente a idear cómo adaptar el contenido a la red.

“La edición digital y la impresa siguen separadas, pero empiezan a integrarse cada vez más”, cuenta Juan Velasco, director artístico de la revista.

Los gráficos y las ilustraciones de la revista terminan siendo como una foto más. Aparecerán prácticamente iguales en la pantalla de nuestro ordenador, aunque poco a poco los mapas cuentan con cierto grado de animación para que el lector participe en el contenido. Pero con las imágenes todavía tienen que resignarse.

“A veces sólo puedes disfrutar de la foto completamente en la revista”, explica David Griffin, editor de fotografía de la revista, antes de recordar que la versión digital posibilita publicar imágenes que se quedaron sin espacio en el papel. Las galerías cuentan con unas cinco imágenes más que no aparecieron junto al texto. “Sabemos que no podemos poner más. A partir de 15, perdemos al lector”.

Esa es la palabra que más se escucha después de varias entrevistas en la sede de National Geographic: el lector (o la audiencia, el usuario). “Cuando pensamos en publicar un reportaje, nos planteamos siempre cómo lo va a utilizar el público. Si querrá llevar la galería de fotos a su blog o sólo poner comentarios sobre nuestra página”, analiza Brendan Hart, vicepresidente de Marketing.

“Cuando pensamos en publicar un reportaje, nos planteamos cómo lo va a utilizar el público”

La estrategia de la empresa en internet va más allá de publicar contenido que se ha quedado fuera de la revista, vídeos sobre cómo se hizo un documental o blogs con las anécdotas de un reportaje. El equipo de marketing de la organización no considera internet como un problema. Las redes sociales, todavía menos. En un momento en que los agregadores y buscadores de internet se ganan todas las críticas por beneficiarse a través de links del contenido de otros, ellos han decidido colocar sus trabajos en todos los sitios que puedan. Un millón y medio de páginas de internet ya tienen un link a nationalgeographic.com. Y no les preocupa, la idea es cuanta mayor visibilidad, mejor.

“Pensamos en extender el contenido. La táctica es buscar cómo distribuir una foto en múltiples sitios. Nuestra página web es el primer destino de esa foto, pero después la ponemos en Facebook, creamos un widget para que los usuarios se la puedan llevar a su propia página, terminen en plataformas móviles o sean parte de vídeos que distribuimos en YouTube, Hulu, iTunes o MySpace…”, dice Hart.

“Tenemos contenidos únicos con los que la gente conecta y, además, los comparten. Eso es exactamente lo que pasa en las redes sociales, coges una foto que significa algo para ti y decides compartirla. Nosotros tenemos que aprovechar para reforzar los lazos con la audiencia y al mismo tiempo, seguir ocupándonos del objetivo de la organización”, cuenta Robert Murray dos semanas después de estrenar el puesto de vicepresidente de medios sociales.

¿Cómo hacerse sociales?

“El aspecto social ya es parte de National Geographic. Creo que pensamos diferente a otras organizaciones de medios. Ellos se tienen que poner a pensar cómo hacerlo y buscar tanto las herramientas como la estrategia. Pero nosotros ya lo somos, así que sólo nos falta pensar de qué forma las redes sirven para lograr nuestra misión”, explica Murray.

Detrás del título de vicepresidente de medios sociales se esconde el esfuerzo por hacer que el contenido salte de nationalgeographic.com a la audiencia, pasando por las redes sociales. Y tiene muy claro cómo y por qué le sirven. Una foto del último reportaje en la revista no cabe en los 140 caracteres de Twitter. Facebook tampoco le hará justicia. Pero a la organización no le preocupa demasiado: “Twitter te ayuda en cuestión de conexiones en tiempo real, pero siempre hay un segundo paso, siempre hay un link a una foto, un artículo o un evento en el edificio, y eso es lo que nos interesa”.

Gracias a este esfuerzo, casi el 10% de los 14 millones de usuarios únicos al mes a nationalgeographic.com llegan desde redes sociales. Hart lo describe como la “explosión” del último año: en 2008 llegaba apenas el 1% de los lectores. Es un resultado que han logrado a pesar de que la web no cuenta con los elementos a los que poco a poco nos acostumbramos. No se puede dejar comentarios, participar en foros, recomendar una foto en Twitter o hacer que nuestro comentario en un vídeo aparezca también en Facebook. Todo esto llegará con la nueva versión de la página a finales de año.

“Hasta que lleguen las novedades, nos estamos dedicando a escuchar”. Hart explica que su personal se dedica a leer en otras plataformas donde aparece contenido de National Geographic para saber qué piensa la audiencia. Qué les gusta y qué echan de menos. Qué consideran prescindible y qué contenido recomiendan. También aprenden desde qué paginas llegan a los reportajes de la revista y por qué abandonan las páginas para ir a otra sección o cerrar la página por completo.

“Lo que hemos aprendido es que cuando los lectores vienen desde todas estas páginas, nos dedican más tiempo, ven más anuncios y además recomiendan el contenido, por lo que nos ayudan a expandir la audiencia de la publicación”, dice Hart.

Una vez que consiguen que los lectores lleguen a nationalgeographic.com, el objetivo es engancharles con descargas de juegos, puzles, tonos para móviles, fondos de escritorio o iniciativas como ‘My Shot / Your Shot’ (’Mi foto / Tu foto’), que convierte a los usuarios en protagonistas de la revista. Las mejores fotos acaban siendo publicadas con el resto de reportajes profesionales. Los 60.000 miembros de esta comunidad han enviado medio millón de fotografías en sólo un año.

Sin embargo, el uso que cualquier lector hace de la edición digital también depende desde dónde accede a ella. No siempre es desde un ordenador. “Nos gustaría que las pantallas de ordenador tuvieran mejor resolución para poder mostrar las fotografías con mayor calidad, pero también estamos experimentando para poner la revista disponible para iPhone”, cuenta Griffin. Un departamento está dedicado al completo a transformar el producto impreso para que podamos disfrutarlo en cualquier dispositivo móvil. Desde un teléfono a una Blackberry, iPhone o un lector de libros electrónicos.

La innovación y experimentación con otras formas de leer la revista sigue estando al servicio de la misma estrategia. “Apenas invertimos en publicidad. El planteamiento es que cuando un lector encuentre nuestro contenido, esté a un ‘clic’ de llegar a nuestra página. Preferimos estar en todas las esferas donde nos pueda encontrar la audiencia. Vamos donde está la audiencia en vez de invertir recursos en atraerla a nuestras páginas”.

Para soitu.es

La revista National Geographic resiste la crisis con sus 121 años de historia

Wednesday, September 9th, 2009
CRISTINA F. PEREDA

Tiene 40 millones de lectores en todo el mundo. Nueve millones son suscriptores. Sus reportajes, fotografías, mapas y gráficos han multiplicado sus seguidores a través de 31 ediciones en otros países. A sus 121 años, la revista National Geographic sufre la crisis como el resto de los medios, pero capea la falta de ingresos publicitarios con el poder de su marca, la obsesión por la calidad y el mimo a los detalles. Esta receta y un marco amarillo son los ingredientes de un prestigio que hace historia.

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C.F.P. Juan Velasco muestra el póster final del proyecto de reconstrucción de Wilma.

La idea es dar siempre lo mejor y para ello ponen todos los medios económicos y todo el tiempo posible“, explica el editor gráfico Fernando Baptista en la sede de National Geographic en Washington. “Eso es algo que ahora mismo no hace nadie más”.

A diferencia de otros, National Geographic es publicada por la entidad que lleva el mismo nombre, que no depende únicamente de los beneficios económicos por suscripciones, ventas y publicidad. Por el contrario, se trata de una organización sin ánimo de lucro que se ha permitido fundar más de 9.000 proyectos, investigaciones y expediciones. Junto con la revista, los canales de televisión, documentales, productos educativos, recopilaciones, libros y material especializado alcanzan una audiencia de 325 millones de personas al año.

Baptista era un seguidor más del trabajo de esta institución hasta que hace dos años recibió una llamada de ellos, cuando se encontraba trabajando en el diario El Correo. “Fue pasar de tercera división a primera”, cuenta Baptista en la sede la revista en Washington. “Nada más llegar me preguntaron cuál era la tirada de mi periódico, a lo que contesté que de unos 130.000 ejemplares. El director de arte de entonces me dijo: ‘Mira, National Geographic vende nueve millones en más de 30 países. Además, tu periódico, una vez leído, va a la basura, y nuestra revista se guarda. Tienes que venirte”.

El infógrafo español aún describe con asombro la capacidad de la organización para mandar a grandes equipos de personal y material a cualquier localización. “Sólo National Geographic puede contratar ilustradores especializados, pagar miles de dólares por un dibujo o contactar con expertos únicos en todo el mundo”, añade.

Pero la potencia de esta marca no sería la misma si el nivel de exigencia no estuviese a la altura del tiempo y dinero invertidos en cada proyecto. Para David Griffin, director de fotografía de la revista, lo que marca la diferencia son las ideas. Las propuestas de temas para un reportaje pueden llegar desde cualquier departamento o empleado. Para que la proposición vaya hacia adelante tendrá que pasar el filtro de un comité encargado de juzgar cuáles son lo suficientemente buenas. Sólo pasará “si es una historia que no haya contado nadie antes o si está presentada desde un punto de vista único”, puntualiza Griffin.

Un trabajo en equipo

También la producción de la revista es diferente a la de otras publicaciones. Cada propuesta aprobada es producida por un equipo de varias personas que trabajan conjuntamente entre seis y ocho meses hasta dejarla lista. El editor de fotografía se une a un fotógrafo, un escritor, un editor de arte, un maquetador, un documentalista y un editor para la edición digital del proyecto.

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La sede principal de National Geographic en Washington, D.C. C.F.P.

Una de las decisiones que toma esta cuadrilla es si el texto irá acompañado de fotografías o necesitará mapas y gráficos. En caso de que tengan que hacer uso de estos últimos, entran en escena dos españoles clave en la organización. Uno de ellos, Juan Velasco, dirige el departamento artístico donde trabaja Baptista. Anteriormente, creó infografías durante cinco años en El Mundo y otros cinco en el New York Times.

El último proyecto de Velasco es un ejemplo de la obsesión de National Geographic con la perfección. “Es lo más complejo que he hecho en mi vida profesional: la reconstrucción de un neandertal, en este caso la primera de una hembra [apodada Wilma], a tamaño real y en la que invertimos ocho meses de trabajo”, relata en su despacho.

El equipo buscó fósiles de los huesos por diferentes partes del mundo, ensamblaron el esqueleto con las réplicas y, a partir de ahí, añadieron tejido muscular para darle las dimensiones exactas, la piel, el pelo… Una tarea que no encargaron a cualquiera. Velasco trabajó con dos gemelos holandeses expertos en esta época prehistórica. Mientras Kennis & Kennis construían la figura de Wilma en Holanda, Fernando Baptista echaba una mano en Washington para encontrar las poses en las que fotografiar el esqueleto articulado —para el que diseñarían también las barras de hierro de sujeción—. La sesión de fotos en los Picos de Europa llegaba después de muchos meses de investigación para que todo estuviese al detalle.

La función de Baptista se centra más en ilustraciones y gráficos, creando primero reproducciones a mano de los objetos que después pasa al ordenador, aunque sus últimos proyectos también le han obligado a mirar atrás en la historia. Acaba de idear un mapa que explica la importancia de la ciudad de Jerusalén e incluye todas las implicaciones político-religiosas para cristianos, judíos y musulmanes.

El proyecto le llevó a contactar con entendidos tanto en política y religión como en la evolución de la arquitectura de la ciudad. “En cada tema siempre buscamos el experto y después vamos hasta la fuente, o la mayor autoridad”, explica antes de confesar que quizá la parte más complicada es lo que viene luego. “Todo tiene que ser original. El proceso de corrección es casi mayor que el de producción. En el momento en el que está casi acabado, el proyecto empieza a circular por todo el edificio y te llegan comentarios de todos. Es la parte más agobiante; ese nivel de control, de que todo sea perfecto”.

Cada caso es casi siempre igual de complejo. Las anécdotas de un fotógrafo que ha esperado semanas en Alaska hasta conseguir fotografiar a un oso no tienen nada que envidiar a las de un ilustrador. Baptista entregó un póster sobre Egipto a un experto en los accesorios de las prendas de vestir en Luxor. Le llegó de vuelta con una nota para que cambiara todas las perlas que había dibujado en forma redonda para que las pusiera con forma de lágrima. “Contactamos con expertos hasta para saber el color de la piel”, dice.

El nivel de exigencia no disminuye en el caso de los artículos ilustrados con fotografías. Es el elemento que antes identifican todos los seguidores de National Geographic y que a más de uno ha inspirado a hacer sus primeras fotos.

Cómo convertirte en fotógrafo de National Geographic

“No buscamos sólo buenas fotografías. El material tiene que contarnos una historia y contarla bien”. Según Griffin, el criterio más difícil de cumplir es también la marca de la publicación; la elección de un profesional que tenga una voz y estética únicas, pero también que sepa servir periodísticamente y con originalidad.

Baptista posa con el póster de Luxor. C.F.P.

Baptista posa con el póster de Luxor. C.F.P.

Cualquier aspirante a publicar fotos en las páginas de esta revista, además de superar la revisión de su material, tiene que demostrar que puede hacerlo mejor que los 40 fotógrafos más o menos fijos y 100 colaboradores especialistas que ya forman parte de la organización. “Queremos innovadores, no queremos fotógrafos que nos prometan que saben hacer las mismas fotos que ya tenemos”, explica el director de fotografía de la revista.

Además de estos 140 fotógrafos, el departamento cuenta con unas 30 personas bajo la dirección de Griffin. Diez de ellos son editores de fotografía a los que se asignan los proyectos. El resto están encargados de la coordinación de los proyectos o de construir y mantener todas las cámaras de la organización. Desde las más sencillas hasta las que usan para los documentales en el mar. Todo se realiza en la casa. Y en las historias más complejas, los técnicos también viajan.

Un fotógrafo puede llegar a pasar entre uno y dos meses en el lugar de trabajo. El escritor estará menos tiempo, pero antes de que llegue alguno de ellos, el equipo realiza una labor exhaustiva de documentación, búsqueda de los expertos y entrevistas que acaba viéndose reflejada en el producto final. El fotógrafo, además, suele hacer dos viajes. Entre uno y otro se revisa todo el material y decide si ha de volver o no. Lo normal es que sí regrese, según afirma Griffin, con una visión más concreta del objetivo después de consultar con todo el equipo del proyecto. Volverá con una media de 40.000 fotografías, de las que sólo 50 entrarán en una selección final, para reducirlas hasta las 12 que suelen acompañar al texto.

Algo único en este proceso es que el fotógrafo está involucrado en todo momento, desde que surge la idea hasta que se termina la maquetación de la pieza. Como bien dice Griffin, “nadie sabe mejor que él si hay otra instantánea que sirve mejor a la historia que la elegida por el editor. Si tenemos que corregir el color de una foto, sólo el fotógrafo sabe si lo estamos haciendo correctamente. Él es el único que estuvo allí”.

En National Geographic trabajan con cámaras digitales. Aunque no todos han sucumbido a los avances de la tecnología. Griffin nos cuenta que las primeras fotografías digitales fueron tomadas a finales de los años 90, pero la mayoría de los profesionales tardaron en adaptarse. Hace cinco años casi el 80 % del material era obtenido con cámaras analógicas. En estos momentos, el 95% es digital.

“La cámara digital no es un requisito para el fotógrafo. Pero permite mayores posibilidades en localizaciones de poca luz y mayor definición con todos los rangos de luz natural“, explica quien más sabe de fotografía de la empresa.

Organizando 121 años de imágenes

Los nuevos archivos digitales también permiten catalogar y conservar todas las fotografías. Los sótanos de la sede en Washington están ocupados por 10 millones de originales obtenidos durante toda la trayectoria de National Geographic. Pero sólo hace ocho años que comenzó la digitalización de imágenes para añadirlas al catálogo. Apenas 1.250.000 de estas fotografías han sido digitalizadas. Han elegido primero las que ya han sido publicadas, aunque se conserven todas las obtenidas por el fotógrafo.

De acuerdo con Bill Perry, director del archivo fotográfico, las 10 millones de instantáneas están conservadas a algo más de cero grados centígrados, una temperatura acordada por expertos en la materia. Cada vez que un departamento de la organización —desde ediciones especiales de libros, pósteres para una exposición o una imagen para un documental—- necesita ver un original, los encargados del archivo lo van cambiando de temperatura durante varias horas hasta poder sacarlo al exterior.

“Tenemos tantas peticiones desde otros sectores del grupo, como los departamentos audiovisuales o los programas educativos”, explica Perry, “que nos vimos obligados a poner a su disposición el catálogo a través de internet”. Además del registro interno, National Geographic ha abierto al público nationalgeographicstock.com con 250.000 fotografías que pueden reproducir otras instituciones, y ngsprints.com. Este último responde a las demandas de impresión. De momento contiene 50.000 ejemplares y sigue creciendo.

Los encargados del archivo recogen toda clase de peticiones para reproducir imágenes con el sello de National Geographic y gestionan las licencias y la propiedad de todo el material. “El fotógrafo conserva todos los derechos intelectuales sobre su obra. La casa tiene derecho a utilizar lo que seleccione para publicación en la revista y normalmente conserva el derecho a utilizarlas posteriormente pagando por ellas“, detalla Perry.

Y entre los posibles usos de las fotografías ya existe la de reproducirlas en internet y a través de dispositivos portátiles. “Creemos que la mejor contribución que podemos hacer a estos avances es una mayor protección de todos los derechos de las imágenes, revisar las licencias y extenderlas, así como mejorar toda la información relativa a una imagen y que después facilitará su uso en otros dispositivos”.

Como ha ocurrido con la mayoría de las publicaciones impresas, National Geographic no ve crecer en este momento el número de suscriptores ni de lectores. La crisis también les ha afectado. Pero siguen centrados en la lealtad de todos los suscriptores que no se han ido. “No buscamos beneficios económicos y además sabemos que las publicaciones impresas no están muertas”.

Griffin explica con mucho optimismo que los lectores seguirán teniendo las fotos en sus manos cada mes. Sin embargo, la sociedad está lista para los cambios tecnológicos, y están experimentando para poner la revista en las manos del suscriptor, aunque tenga que ser a través del iPhone. “Será mucho mejor si un día todos damos la bienvenida a la opción de trasladar la experiencia del papel a la red, para causar un impacto mucho menor en el medio ambiente”

Parte de la tranquilidad y seguridad que se respira en sus instalaciones viene del poder de la marca. Mientras que otras publicaciones impresas ven como el nombre de la cabecera se diluye, el marco amarillo de la portada de la revista sustenta el futuro de esta publicación.

“No somos un gran medio, pero el poder de la marca es mucho más grande”, argumenta Griffin. “Quizá no seamos nosotros los que adivinemos cómo hacer que los lectores paguen por leer en internet, pero estaremos listos en el momento en que alguien descifre esa posibilidad“.

Los medios de comunicación se lanzan en brazos de las redes

Wednesday, September 9th, 2009
CRISTINA F. PEREDA

Las redes sociales acaban de superar a la pornografía como actividad número uno de los internautas de Estados Unidos. YouTube aloja 100 millones de vídeos y ya es el segundo buscador más utilizado sólo por detrás de Google. Los usuarios de Facebook comparten cada día un millón y medio de fotos, vídeos, noticias, comentarios y links. Pero el asunto no acaba ahí: una de cada 8 parejas estadounidenses casadas en 2008 encontró a su media naranja en una red social.

Los números también asustan si comparamos las redes con los medios de comunicación. A la radio le costó 38 años conseguir 50 millones de oyentes en Estados Unidos. A la televisión, 13. A Internet, cuatro. Al iPod de Apple, tres. Facebook logró 100 millones de usuarios en sólo 9 meses.

Las redes sociales no sólo han conseguido captar nuestra atención más rápido que ningún otro avance. Los usuarios cada vez pasan más tiempo en ellas, modifican sus hábitos y, en esta transición, hacen que organizaciones, medios de comunicación y cualquiera con un perfil público tenga que transformar su forma de trabajar. Las empresas, por ejemplo, necesitan proteger su marca en internet y comienzan a usar las redes para aprender sobre sus consumidores. Las organizaciones tienen en las redes sociales el distribuidor perfecto para promover proyectos y captar nuevos afiliados.

El resultado de este aumento de tiempo que pasamos en las redes ya tiene su reflejo en la publicidad. Según una investigación publicada el pasado miércoles por la organización comScore, el 21,1% de los anuncios en internet aparece justamente en estas webs. Y sólo MySpace o Facebook acaparan el 80% del total. Son datos de Estados Unidos y referentes al mes de Julio, pero nos dan una idea de la dirección que lleva la publicidad online.

En el caso de los medios de comunicación, ya pueden olvidarse de que estas redes son el enemigo que les ha robado la magia de ser el primero en contar la noticia. Ellos necesitan a las redes sociales. Son un altavoz, el camino para captar nuevas audiencias, un foro de aprendizaje donde conocer las costumbres, intereses y motivaciones de los lectores, y una fuente de recursos interminable.

En Estados Unidos, algunos como el Washington Post trabajan desde el año pasado para promover contenido fuera de su página. Los reporteros tienen su perfil personal para hablar con los lectores y recomendar sus noticias; los editores distribuyen artículos en su red de amigos; el defensor del lector recoge comentarios dentro y fuera de las páginas de la versión online del periódico… Es como si se hubieran parado a escuchar a cualquiera que tenga algo que decir sobre sus noticias en medio de la calle. Lo que hace unos años era imposible por inabarcable, las redes sociales lo hacen posible.

El lector como parte de la noticia

“La explosión del uso de redes sociales ha cambiado nuestra relación con las noticias. Ya no son algo que recibimos pasivamente. Ahora participamos en las noticias, reaccionamos a ellas y las compartimos”, declaró Arianna Huffington el día del lanzamiento de HuffPost Social, una red social ‘de noticias’, fruto de la integración entre Huffington Post y Facebook.

Gracias a su alianza con Facebook, cada vez que un lector de Huffingtonpost.com pone un comentario en un artículo, puede hacer que aparezca también en su página de Facebook. Los lectores saben del mismo modo qué acaba de consultar el usuario al que siguen dentro de Huffington Post. ¿Qué se consigue con esto? Huffington Post distribuye su contenido dentro y fuera de sus páginas gracias a los comentarios —1.700.000 sólo el mes pasado— y recomendaciones que los usuarios hacen a través de Facebook. Por otro, la red social consigue una excusa más para que los usuarios entren en su sitio antes que en cualquier publicación digital.

El paso dado por Huffington Post responde a los últimos cambios en el comportamiento de los internautas. Antes nos dirigíamos a la web de un medio de comunicación y, después —y a veces— comentábamos. Ahora cada vez son más los que repasan el perfil de sus amigos en Facebook, ven qué páginas acaban de visitar y pinchan en el link para leer ellos mismos la información. Después, vuelven a la red social y comentan.

Jesús Encinar, director ejecutivo de Idealista.com, analizaba hace unos días en su blog cómo cambia el tráfico de lectores. Si hace un tiempo llegaban de lectores automatizados tipo RSS, ahora llegan desde redes sociales. Y esto afecta también a los comentarios: “Antes la gente respondía en el blog, ahora me responden por Twitter o Facebook”, escribió Encinar.

Los comentarios, de viaje

Las conversaciones han viajado desde las páginas donde el internauta lee la noticia hasta las redes sociales, porque es ahí donde los usuarios se sienten más cómodos. Tienen la sensación de que sus palabras quedan ‘entre amigos’. Los comentarios publicados en un medio de comunicación pueden ser leídos por cualquiera. Pero si lo escribimos en nuestro perfil, sólo será visible para aquéllos que nosotros hemos elegido.

La red social integrada en el medio aporta un factor clave para las redacciones. Los periodistas son un usuario más al que los lectores pueden consultar. Pueden comentar sus artículos y obtener una respuesta directa. ¿Cuántas veces has querido preguntarle directamente a un columnista? ¿Cuántas le has hablado a la radio? En estos casos es tan sencillo como buscar el perfil del autor de la noticia y le tendrás un poco más cerca.

Cómo aprovechar todas estas oportunidades depende de los responsables y de sus redacciones. Por un lado, los medios pueden conocer y dialogar mejor con la audiencia. Por otro, las redes permiten que los ciudadanos y lectores contribuyan en la creación de contenido. El primero de los medios de comunicación en utilizar esta técnica fue el diario estadounidense USAToday, que la bautizó como crowdsourcing (algo así como buscar fuentes de información entre la gente).

Antes del verano, vimos como The Guardian convertía a los ciudadanos en fuentes de información cuando les invitó a indagar en un documento con detalles sobre los gastos del primer ministro británico. El diario consiguió alistar a 20.000 voluntarios que, asistidos por un equipo de periodistas, pusieron su curiosidad al servicio de una de las exclusivas de la década en Gran Bretaña.

Es una vuelta de tuerca más a las encuestas de opinión entre usuarios. Ya nadie pregunta qué te han parecido los datos sobre los gastos de los mandatarios de tu país. Ahora un periódico te invita a ayudarle a encontrar cuánto se gastaron y en qué.

Vea con sus propios ojos

El último ejemplo son los documentos recién desclasificados en Estados Unidos con detalles sobre técnicas de interrogación de la CIA. Medios como el Washington Post o el New York Times publicaron en su web el documento al completo. Los lectores tienen acceso a las 259 páginas con toda la información oficial. Más allá de la noticia en la que estos dos diarios explicaban lo que significa el informe en la investigación de casos de torturas, pidieron en Twitter y Facebook a sus seguidores que les contasen lo que más les llamaba la atención de éste. Algunos descubrieron que los nombres de los interrogados a veces no coincidían con el de los fallecidos y pidieron al New York Times que aclarasen si se refería a la misma persona.

Las mismas técnicas sirven a los medios para cubrir información local que han dejado fuera de sus páginas. Si faltan reporteros pateando las calles y en contacto con los problemas que afectan todos los días a los ciudadanos, ese hueco lo puede acabar llenando un grupo de lectores que se aprovecha de la inmediatez de la red social para contarle al periodista el abandono de una zona de ocio en la ciudad, el transporte público que no llega a una zona residencial o las dificultades de acceso a un centro de salud.

Los más rápidos ya se han dado cuenta. Los blogs de información del New York Times tienen un sistema para que los ciudadanos puedan denunciar desde calles mal asfaltadas hasta problemas en el servicio de recogida de basura. La labor del periodista está en comprobar la situación y cubrirla con el mismo rigor que cualquier otra noticia. En el caso de The Local, del diario estadounidense, las denuncias en una calle de un barrio de Nueva York consiguieron que arreglaran el asfalto dos días después de que aparecieran en el blog. Mediante la colaboración con los medios, los ciudadanos vuelven a ponerlos a su servicio. Sólo hay que abrirles la puerta.

45 minutos con ‘POTUS’ en la Casa Blanca

Tuesday, August 11th, 2009

CRISTINA F. PEREDA

Una profesora me dijo en una clase que cuando vas a entrevistar a un famoso o una persona “importante”, la mejor forma de aliviar los nervios es imaginarte a esa persona en el baño. “Te darás cuenta de que es igual de humano que tú”. Pero por más que haya visto imágenes de él en la playa, quitándose la sal de los ojos como el resto de los mortales, bebiendo una cerveza o soltando una lágrima por la muerte de su abuela, yo no podía imaginarme a Obama en el baño. Lo siento.

"La foto". La tercera por la izquierda es la autora del artículo. El del centro, Obama...

Una reunión con él en la Casa Blanca tampoco ayuda. Doble verja para entrar en el recinto. Atrás quedan los cientos de turistas que pasan cada día por allí, fotografiando por igual la Casa y los guardias armados que pasean por el jardín. El control de seguridad tiene lugar en una sala diminuta. Imposible evitar el arco de seguridad. Sólo cabe una persona entre la puerta y el detector. El espacio lleno entre guardias y detectores de metales, armas o cualquier regalo que quieras hacerle al presidente. O a su perro. El pin de soitu.es pasó el control.

Al otro lado del detector te espera otra pareja de guardias que repiten incansables a todo el que entra que no pueden salir de la sala sin un acompañante. Espera el caminito hasta el ala oeste de la Casa Blanca. Un anexo con salas de reuniones, pasillos estrechos, alfombras oscuras, que dan una sensación de búnker al aire libre, pero aislado del mundo. Un soldado, con las manos cruzadas bajo la barriga. Abre y cierra la puerta como un autómata.

Los responsables del equipo de comunicación recogen a los periodistas a la entrada, cubriendo varias veces el camino entre el mundo exterior y el ala oeste. A los que llegamos pronto nos tocó esperar media hora al sol. Nos colocan en un punto en el asfalto del que no nos podemos mover. Apenas a unos metros, Obama está compareciendo en la sala de prensa. ¿Alguien se atreve a abrir la puerta? Durante toda la estancia en la residencia presidencial no te libras de la sensación de estar a punto de montar un pollo en cualquier momento. No sabes si puedes hacer fotos a una ventana, al soldado, o a ti misma con cara de turista que no se cree estar donde está. Así que haces la foto al soldado. Ni se inmuta. Pero no te atreves a acercarte a la sombra que le protege.

¿Quién se sentará junto a ‘POTUS’?

Salen a recoger al grupo de borreguillos nerviosos con un pequeño mapa de la mesa en la mano. Pasan lista. Como el estudiante que quiere saber su nota antes de que se la diga el profesor, miramos de reojo la organización de la mesa. Apenas somos diez periodistas de medios latinoamericanos, y a ninguno se le ha ocurrido pensar que estará sentado junto a ‘POTUS’, el nombre clave en el centro de la mesa: se trata del President Of The United States. Sí hombre, Barack Obama. El de “Yes, We Can”.

El recorrido que separa a Obama del resto del mundo. A la izquierda, los puestos para las emisiones de televisión en directo. C.F.P.

Apenas cruzamos dos salas antes de llegar a la habitación donde se celebrará la reunión. En cada una de las puertas espera una persona para abrir y cerrar. Sólo les falta la enorme anilla con llaves maestras. Pero el “clin, clin, clin” sería un sonido demasiado alto para el silencio del recinto. El ruido del tráfico queda reservado para el resto del mundo. Las voces en el exterior, lejanas. Las conversaciones en el pasillo, a susurros. Y las miradas, a medias, no resulte que le estés guiñando el ojo a alguien para que te haga una foto. Al fin y al cabo, tu madre todavía no se cree que te hayan invitado a la Casa Blanca…

Ni siquiera queda un resquicio para retratar el momento con un teléfono. Antes de que empiece la reunión pasan la cesta de mimbre para recoger todos los teléfonos y se los llevan fuera de la habitación. Buscamos el cartel con nuestro nombre e inmediatamente después el de ‘POTUS’. No está. Se sentará en el extremo de la mesa, que para eso es el presidente. Pero hay un hueco en el centro, sin nombre. “¿Se va a sentar a mi lado y nadie va a poder hacerme una foto?”, se lamenta el lado ciudadano de una periodista que inmediatamente después recita en alto: “objetividad, objetividad. Sí, se puede”.

Resulta que tengo a Obama casi en frente. A ver cómo le planto el pin de soitu.es desde aquí… Se me pasa por la cabeza que si me mira a los ojos no voy a poder decir nada, apuntar nada, ni recordar nada de lo que esté diciendo. Circulan por tu mente las miles de palabras que has leído y escuchado idolatrando al personaje que está a punto de entrar en la habitación. Después piensas que ‘noooooo’, que eres periodista y estás ahí para contarles a los que no se pueden sentar en la mesa lo que te ha contado Obama.

Recuerda, te dijeron que te lo imaginaras sentado en el baño

En el instante en que empiezas a calmarte te recuerdan que en la mesa sólo puedes tener un bolígrafo, grabadora y cuaderno. Ni agua. ¡Mierda!, te recuerdan que el que viene es Obama. Y yo pensando que iba a hablar con una persona como yo.

El ala oeste de la Casa Blanca, el jardinero y la sala de prensa a la derecha. C.F.P.

Entonces entra ‘POTUS’. Los invitados trajeados en pie. ¿Somos periodistas o ciudadanos? Pero esto es un debate aparte… No pienses, que viene Obama. Resulta que da la vuelta a la mesa, estrechando la mano a los periodistas, mirándoles a los ojos mientras saluda con un “Nice to see you”.

“Nice te see ‘ME’?” La mitad de tu cerebro piensa que cuando le cuentes a tu gente que el de ‘Yes We Can’ te ha dicho que “está encantado de verte”, te van a soltar un “venga ya…”. La otra mitad, por suerte, te recuerda que sigues siendo la misma pardilla del barrio de Aluche y que tienes que sentarte a la mesa, con cuidado de no caerte al suelo porque retiraste la silla, y encender la grabadora.

Entonces ‘POTUS’ arranca la diplomacia del detalle. Marca de la casa.

Trata todos los temas de la agenda: reforma del sistema de salud, inmigración, la gripe A, pérdida de trabajos, la economía, etc. La introducción dura diez minutos. En todos los casos, recuerda una cifra sobre cómo cada uno de estos problemas afecta a la comunidad hispana. Está rígido y te recuerda a una marioneta que van soltando de habitación en habitación. Ahora te toca decir esto, ahora lo otro. Sólo repite un guión. Como todos. “Ah, se me olvidaba, estoy muy contento por la aprobación de Sotomayor —primera mujer latina en el Tribunal Supremo—. Hoy es un gran día para América”.

Como puede que sea tu última oportunidad, intentas colarte donde sea. La sala de prensa sorprende por su tamaño, es muy pequeña. En el piso inferior, que antes era una piscina, están los pequeños estudios y puestos de trabajo de los corresponsales. C.F.P.

Tragado por las tripas de la Casa Blanca

Me pregunto dónde está el Obama que saltaba a escena en los mítines con la música de U2 a todo volumen y ese aspecto imparable. La pausa enérgica con la que pronunciaba ‘Yes, We Can’ y dejaba al público hipnotizado, como si les acabara de poner delante la solución secreta a todos sus problemas. Aunque no te creyeras el mensaje, sólo él sabía transmitirlo. Y parecía que iba a comerse el mundo, pero se lo han tragado las tripas de la Casa Blanca.

Ahora Obama está cansado, tiene más canas de las que muestran las cámaras de televisión y muchas ganas de llevar la reunión a lo que más le gusta: la conversación. Es su oportunidad de mostrar ese don de gentes, la postura relajada de sus días en Hawai y el terreno para las bromas. Se dirige a ti por tu nombre, invitándote a preguntar. Y tú, que has hecho tantas bromas con eso de “Thank you, Mr. President”, te sientes ridícula cuando, de verdad, se lo estás diciendo al dirigente más poderoso del mundo.

Me contesta que los ciudadanos estadounidenses tardarán dos años en notar los beneficios de la reforma de salud. Dos años. Primero tiene que asegurarse que las compañías aseguradoras no echen ni engañen a nadie. Desde fuera de la Casa Blanca, la inmediatez de la cobertura mediática cada vez que Obama mueve un dedo te deja con la sensación de que puede solucionar las cosas así, de un día para otro. Pero este país es enorme, una maquinaria monstruosa y consolidada, a veces en el fracaso, que lleva demasiada inercia como para detenerla y llevarla al taller. Hay que arreglarla en marcha y cruzar los dedos para que no descarrile.

Mientras controla que nada se salga del guión, Obama sigue mimando los detalles durante los 45 minutos que dura el encuentro. Mide las respuestas con el mismo cuidado que pronuncia los nombres en su idioma original. Dice Colombia y Ecuador (no c-holumbia ni ec-huadooor) Le cuesta decir Sotomayor. Y se le resiste el nombre de Zapatero. La zeta es misión imposible para los angloparlantes. Se le escapa un sapatheuro, que arregla diciendo que es “un buen amigo” con el que se entrevistará en la próxima cumbre del G-20.

Me pregunto si sapatheuro también se imagina a Obama sentado en el baño, antes de encontrarse con él.

Nuestra misión imposible es conseguir “la foto”. Los teléfonos siguen fuera al final del encuentro. Las cámaras, bajo la mesa. Antes de que empezara la reunión acordamos que el borreguillo líder pediría al presidente una foto de grupo. Porque, aunque haya fotógrafo oficial, ¿de verdad va a esperar mi madre un mes a que le mande la foto con Obama? Pues no.

Para soitu.es

Mas fotos aquí.