Archive for the ‘Thoughts’ Category

Yo quiero escribir para un iPad

Saturday, February 20th, 2010

“Estamos en un momento en el que la tecnología nos va a permitir leer y consumir los medios de comunicación de forma totalmente distinta, ya sea en papel, teléfonos móviles o el iPad”, explica Scott Dadich, director creativo de la revista Wired. “Seguirá habiendo riqueza narrativa, la narración seguirá siendo el eje, pero lo podremos hacer en vídeos cortos, en imágenes en 360 grados y con la posibilidad de ver y girar la imagen de un producto para verlo desde todos los ángulos”.

Como periodista, el vídeo ha despertado inspiración en mí para seguir pensando en historias que no tienen que contarse sólo con 1000 palabras y una fotografía. La tecnología de internet ya nos permite construir artículos como un puzzle en el que cada uno de los elementos aporta un valor complementario. ¿Por qué nos da tanto miedo? Comparado con el iPad o cualquier otro dispositivo parecido, el ordenador me resulta limitado; desde que uso el iPhone, a veces el primer instinto es tocar la pantalla y cuando cojo un periódico, me faltan links. A continuación están los porqués.

La revista Wired introdujo esta semana su versión digital para un dispositivo como el iPad de Apple. El vídeo de presentación muestra la posibilidad de navegar por las páginas de la revista como lo haríamos en su edición impresa. La sorpresa está en lo que pasa con cada una de estas páginas a nivel individual. No se puede apreciar si el usuario podrá modificar el tamaño de la letra, pero sí podrá jugar con las imágenes -tanto de los artículos como de los anuncios- y reproducir vídeos o galerías de fotos que acompañen al texto.

He encontrado muchos comentarios en la red sobre el trabajo de Wired y una de las mejores reflexiones llega de mano del laboratorio de periodismo Nieman, en Harvard, donde entrevistaron a John-Henry Barac, creador de una de las mejores aplicación para iPhone de un periódico, en este caso el diario inglés The Guardian. Barac repasa con Joshua Benton, director del Nieman Journalism Lab, las posibilidades que ofrece una plataforma como el iPad para publicaciones impresas como Wired y para periódicos.

“¿Qué pasará cuando muevas la pantalla hacia abajo? ¿Y si la mueves hacia la izquierda?” se pregunta Barac. Pensar que al hacer esto llegaremos a la siguiente página es arrastrar la experiencia del usuario de un periódico o revista a un dispositivo que está desafiando a diseñadores e ingenieros por igual. No hay nada parecido en el mercado y el salto que tuvieron que dar del ordenador a los teléfonos móviles puede quedar ridiculizado cuando se exploten del todo las posibilidades de las llamadas tabletas.

“Lo que más me interesa es la posibilidad de ofrecer a los usuarios un viaje en el que encuentren sorpresas por todas partes, llegar a ese modelo en el que puedes tener una experiencia que sorprenda al lector“, comenta Barac. ¿Y cómo llegan esas sorpresas? Gracias a los links, ventanas (pop-ups) que se abren cuando pinchamos con el dedo en una foto o información relacionada sobre lo que estamos leyendo. Los lectores quieren algo más que una galería de fotos pegada al texto o una cascada con mensajes de Twitter distrayendo la lectura.

Gracias a su experiencia con la aplicación para Guardian, Barac recomienda que nadie piense en un espacio grande sin más en el que navegar por el contenido. “Tienes que pensar en la pantalla táctil, en el toque, la forma en que el usuario manipula la información, la manera en que puedes coger una foto, ampliarla, ponerla de nuevo en su sitio y seguir leyendo”.

Las respuestas a estas preguntas las tendrán los diseñadores de aplicaciones como la que permitirá leer la revista Wired en un iPad o cualquier otro dispositivo similar. Y llegarán después de muchos dolores de cabeza, porque ni siquiera existen los programas específicos para diseñar dichas aplicaciones. Wired está trabajando con Adobe, empresa enfrentada ahora mismo con Apple porque el iPad, como el iPhone, no puede reproducir Flash, uno de sus productos estrella. Wired tendrá que esperar a que Apple apruebe la aplicación y probablemente imponga algunos cambios, pero de momento se han atrevido a dar el salto.

El resto de publicaciones trabajarán en silencio o quizás escuchan, esperando a que otro se arriesgue primero, evitar sus errores y copiar sus triunfos.

Hace dos años tuve la suerte de cruzarme con profesores que me dieron un consejo: “olvídate de que lo único que vas a hacer es escribir. Puede que necesites audio para contar todo lo que ha ocurrido, puede que necesites hacer fotos, y también puede que el texto necesite un vídeo que lo complemente”. Supe muy pronto que tenían razón. Y ahora sé que cada vez está más cerca el formato para producir todo ese contenido y olvidarnos del consumo pasivo de la información que tan poco servicio hace al lector.

Alguien llega tarde a Foursquare

Friday, February 19th, 2010

Cuando descubrimos Twitter nos preguntamos lo mismo: ¿para qué quiero yo esto? ¿Qué me importa saber lo que piensa todo el mundo en todo momento? Con el uso, aprendimos cómo usaban Twitter otros internautas y vimos que la pregunta correcta era ¿cómo puedo utilizarlo? Lo mejor de Twitter está en que se adapta a lo que cada usuario quiere hacer de él, y Foursquare va camino de lo mismo.

Foursquare es una red social basada en tu localización. Para no complicarse con datos de coordenadas en un mapa, las localizaciones suelen ser una dirección exacta y, siempre que es posible, un establecimiento comercial, sede de oficinas, estación de transporte público… o cualquier lugar conocido. Los mensajes de los usuarios se convierten en frases como “estoy en el gimnasio Washington City Sports de Capitol Hill”. El potencial de Foursquare no está en saber a qué hora suda la camiseta un usuario al que sigues, está en la información que te puede dar sobre ese gimnasio, los precios, las instalaciones o la profesionalidad de los entrenadores personales.

Con Twitter muchos usuarios empezaron a funcionar de altavoces para el contenido de los medios de comunicación antes de que a ninguna cabecera se le ocurriera difundir sus propias noticias en esta red. Con Foursquare, los usuarios están haciendo publicidad gratuita de miles de establecimientos antes de que éstos hayan explotado las posibilidades de mercado que tiene esta red.

Si Obama utilizase Foursquare, de ReadWriteWeb

Si Obama utilizase Foursquare, de ReadWriteWeb

Aunque algunos ya empiezan a experimentar con ella. Una cadena de diarios gratuitos en Canadá se ha aliado con Foursquare. El proyecto consiste en enviar titulares al teléfono de un usuario cada vez que registre su entrada en una localización, o cerca de ella, de la que acabe de informar el periódico. Es decir, si llego al restaurante junto a la estación de metro y lo comparto en Foursquare, el periódico me puede enviar desde críticas de ese restaurante a información sobre un accidente en la estación.

Un medio de comunicación, como se ha adelantado el New York Times, puede utilizar su propia cuenta para registrarse en las localizaciones de las que está informando. El diario neoyorquino ha inaugurado su cuenta de Foursquare para recomendar todo tipo de lugares en Vancouver, al mismo tiempo que difunde información sobre los Juegos de Invierno y redirige a los usuarios a la edición digital del periódico.

Versión de Foursquare para iPhone

Versión de Foursquare para iPhone

Se me ocurre otra forma de aprovecharlo: la sección de cultura del periódico te avisa de eventos que pueden interesarte cerca de dónde estás.

La publicidad llegará más tarde a esta red, pero esto no quiere decir que los establecimientos comerciales no puedan rentabilizarla ya. Foursquare te da una medalla cada vez que eres el primero en decir que llega a una localización -algo bastante fácil ahora que la red acaba de arrancar. Esta información puede convertirse en descuentos para clientes, ofertas e incluso regalos si consigues que te sigan otros usuarios. Y puede aplicarse a todo tipo de situaciones, ¿y si todos los asistentes a un concierto que registren su localización reciben descuentos para descargar las canciones después?

Como en todo, hay quien ve más peligros que ventajas en esta red social. La página Please Rob Me ofrece en directo información sobre todos los usuarios que dicen que acaban de salir de casa. Y como en todo también, siempre hay herramientas y ajustes para evitar todo esto. Las últimas semanas, sobre todo a raíz del lanzamiento de Google Buzz, ha habido muchas quejas de internautas que ven cómo se escapan datos privados en la red, desde dónde estamos hasta nuestros contactos y cuentas de correo personales. Sorprende esta avalancha por un lado y que por otro Foursquare triplique el número de visitas a su página en sólo dos meses de vida.

Pero si algo ha logrado internet, como ha mostrado Twitter, es que cada uno podemos diseñar cada red social a nuestra medida. Hace semanas que entré en Foursquare y todavía no le he encontrado utilidad. No consigo nada por decir dónde estoy, pero en cuanto un establecimiento, empresa o medio de comunicación me demuestre que puedo recibir algo a cambio, compartiré dónde estoy.

Si la noticia de Tiger Woods la contáramos las mujeres

Monday, December 14th, 2009

Recuerdo conversaciones en Soitu, ante el lanzamiento de Utoi, sobre la necesidad o no de crear un hilo de conversación en el que sólo escribieran mujeres. Éramos mayoría en la redacción y había suficientes firmas para mantener el tema activo con reacciones de todo tipo ante la actualidad. No se trataba de hablar de “cosas de mujeres” ni pintar las noticias de rosa, simplemente queríamos registrar una voz como otra cualquiera. Entre las dudas, una pregunta importante. ¿De verdad hace falta separar una voz para las mujeres? En Soitu nadie presumió de esa mayoría femenina y quizás la fórmula era seguir así, anclados en la modestia.

Cartel para baños

Cartel para baños - niallkennedy en Flickr

Slate lanzó hace seis meses su blog Factor XX como una publicación independiente. Seis meses que ha tardado en reincorporarlo al dominio slate.com como una sección más. Blogher, la comunidad de blogs liderada por Lisa Stone, es la cuarta más grande de Estados Unidos.

Las mujeres no necesitamos una plataforma como Blogher, la sección de Slate ni el hilo de conversación en Utoi que no fue. Podemos decir lo que pensamos y como lo pensamos. Pero digámoslo más veces para que nadie diga nada por nosotras. Llevo dos semanas negándome a escribir sobre el ídolo caído del golf pero…

¿A nadie más le chirría leer que “Tiger Woods no limitaba sus hazañas al césped de los mejores campos del mundo”? Casi he perdido la esperanza de que alguna locutora se niegue a enseñar las tetas para contarme las noticias, pero alguna editora debería negarse a sacar textos que poco a poco nos condenan al pensamiento rancio que todavía hace de las mujeres un trofeo. Que dé sentido a colgar a una tía en bolas en la última página del diario deportivo.

¿Para quién? ¿Para el lector o el periodista?

Un verano de prácticas en una radio de Madrid, pasé por la sección de deportes. Me encontré a cuatro reporteros embobados con la última rubia que una cadena de televisión había plantado en la banda para decirnos que el árbitro añadirá dos minutos de tiempo extra. No le diría a la rubia que rechazase el puesto, como Vanesa Saez no dejó de ser la chica del tiempo a pesar de los chistes gastados de “Los Manolos”. Le diría al jefe de la rubia que sus empleados no están ahí para vacilar a nadie en directo. Pero quizás esté ocupado contando las incorregibles patadas al lenguaje disfrazadas de metáforas.

Años después, resulta que Woods es tan humano como el que se distrajo con la rubia que canta los cambios. Para comprenderlo, Carlos Arribas reclama (en su pieza de El País de ayer) que “en alguna obra perdida de Freud habrá un estudio sobre el carácter fálico del palo de golf, sobre la fácil analogía sexual del deporte que consiste en embocar una bola en un agujerito. Si no lo hay, debería haberlo”.

Un artículo después, John Carlin le aconseja a Woods, que no hubiera elegido ese papel de chico perfecto, que hubiera mantenido su integridad como lo hizo Ronaldinho, que así “se hubiera evitado la colosal vergüenza que sufre hoy”. ¿Vergüenza de qué? ¿De ser humano? ¿De haberse equivocado?

O vergüenza de no habernos hecho entender que el ídolo lo creamos nosotros, y no él.

No nos avergonzamos por encumbrar figuras que derrumbamos al instante en que nos damos cuenta que son tan frágiles como nosotros. Consumimos con el mismo hambre los triunfos y las derrotas. Y a cada paso, olvidamos el anterior. Catapultamos a Woods mientras quemábamos las polémicas de Kobe Bryant. Contamos que Nadal se hunde tras la lesión mientras citamos a Murray envidiando dichoso bajón. Reíamos las fiestas de Ronaldinho para después hundirle arrastrado por un michelín que ya quisiera el cincuentón medio español. Olvidamos que quizás eso de que le gustaba más un balón que las mujeres no era tan verdad.

El deporte, como la vida, está lleno de mentiras. Y para cínicos, nosotros. Estados Unidos, esa sociedad puritana que condena las expresiones de afecto en público y el deseo sexual con la misma intensidad con la que produce películas pornográficas, devora historias de infidelidades. Es más fácil hundir a Woods por adúltero que por dopaje. Seamos honestos. Clinton engañó como lo hizo Edwards o el menos conocido gobernador de Carolina del Sur. Todos los periodistas preguntaron antes o después por qué sus mujeres estaban a su lado en el momento de admitir la infidelidad públicamente. Muchas periodistas preguntaron a la engañada ojerosa, ¿por qué no le dejaste?

Si la mujer se queda, porque se queda. Y si se va, porque se va. Nunca contamos que si triunfa una mujer independientemente de su marido ya no escuchamos que “detrás de una buena mujer hay un gran hombre”, saltan las sospechas del “qué habrá hecho para llegar ahí” y, como se le ocurra reivindicar su fuerza y nombre, entonces no es lo suficientemente dulce (recuerden que la única vez que han visto llorar a Hillary Clinton fue antes de las primarias de New Hampshire, y las ganó). Por no hablar de los ejemplos, que nos sobran, con especulaciones sobre si una profesional, empresaria o política de prestigio es lesbiana porque “no se le conoce pareja”. ¿De verdad? Pensé que no estábamos para especulaciones.

Pero salto de periódico y leo que “los hombres públicos deben y pueden hacer lo que quieran” -hasta aquí estamos de acuerdo-, “incluso equivocarse, ejercer de cabrones o chulear a sus parejas”. Vale. Ser capullos lo hemos sido todos y todas. En un digital resulta que las amantes de Woods son leonas (no podían quedarse en tigresas) y la mujer, “engañada, furiosa y atacada de los nervios” llamó a una de ellas “como una leona que protege a su tigre (…) ha sacado las garras y ha llamado a la supuesta amante de su marido”.

¿En qué quedamos, mujeres leonas o a las que se puede chulear?

Yo sólo me pregunto si esto lo escribiría igual una mujer. Si no nos faltan voces, y firmas, para compensar esto un poco. En España el 80 por ciento de los periodistas son mujeres. La cifra da para equilibrar el mensaje más de lo que está. Pero aquí seguimos.


A mi madre, que estaba de cumpleaños.

No preguntes ‘cómo estás’ si no quieres escuchar. Everybody’s fine.

Saturday, December 12th, 2009

Everybody’s Fine. Todos están bien.

El título de la última película de Robert DeNiro y un síntoma de muchas familias norteamericanas.

Después de que los hijos se marchen de casa a la universidad o empezar su vida independiente, muchos encuentran casi imposible mantener una relación normal con los padres. Estas navidades, alguno de los artículos más leídos son sobre aplicaciones para teléfonos móviles que te ayuden a “sobrevivir” las fiestas. Nada de aplicaciones que te ayuden a encontrar el mejor regalo, restaurante o estilo para el árbol de navidad.

La tecnología abunda en una sociedad donde faltan los abrazos. Depende de las familias, del estado, de la casa, de cada historia. Pero después de más de dos años aquí me he acostumbrado a no ver a la gente abrazarse en la calle. Me faltan gestos de afecto. Y me sobra gente hablando por teléfono sin decir nada. Enviando mensajes a un jefe impaciente al otro lado de la pantalla. Me faltan conversaciones.


Tráiler de la película “Everybody’s Fine”

Everybody’s Fine arranca con la promesa de una autocrítica de la sociedad actual estadounidense en la que los hijos no encuentran tiempo para meterse en un avión y visitar a su padre, que acaba de enviudar. A su padre enfermo. Viven pegados a un teléfono pero no hay tiempo -y sobran las excusas- para contarle si están bien.

La palabra “fine” es la clave. No significa nada. Si contestas que estás “good”, mejor que fine, estás imponiendo cierta felicidad y optimismo al que te escucha, que no está acostumbrado a que la gente le diga que está estupendamente. Pero tampoco puedes contestar “not good”. Nunca cuentes tus problemas a un americano. No están aquí para escucharlos. Con las debidas excepciones, pero has de saber que si te preguntan por aquí “how are you?” no quiere decir que vayan a quedarse a escucharte. Es parte del saludo.

Esta semana el New York Times entrevistaba a la directora de una escuela artística. Su interés en conocer a la persona antes que al artista, antes que al alumno, centraba la pieza. Pero fue una frase, y también parte de su filosofía, la que sorprende tanto por aquí que mereció ocupar el titular: “No preguntes “¿cómo estás?” si no estás dispuesto a escuchar la respuesta.

El arranque de la película es una colección de todas las situaciones que más me sorprendieron al llegar aquí. Más allá de ir a contestar qué tal estoy cuando la otra persona ya estaba a cinco pasos. Más allá de notar que la otra persona ha perdido el interés en la conversación pasado un minuto. Es la sensación de que todos viven en permanente huida. Hacia dónde, todavía no sé. Creo que huyen de sus emociones que nunca tuvieron tiempo de explorar y mucho menos de expresar. Se perdieron buscando una nota mejor, un trabajo mejor, una carrera mejor, una casa mejor, un coche mejor… Las emociones son para las películas y las series de televisión. El cine sigue siendo ese mundo de los sueños donde los americanos pueden ser lo que siempre soñaron. Nos venden un cine realista en el que es fácil traducir a la sociedad norteamericana. Pero no vemos todos los detalles. No hasta que no llegamos aquí.

¿Se dieron cuenta de que en las comedias románticas casi nunca salen los padres? ¿Que éstos sólo aparecen si parte del argumento es “conocer” a los padres?

Porque no están, porque no cuentan.

La realidad es que aquí se vive a la velocidad con que pinchamos en el ratón para cambiar de página o cambiamos de canal de televisión. Dicen que la gente sólo lee las páginas de internet un par de minutos (y gracias) y que tienes que captar su atención en las primeras líneas, casi palabras. Que dejamos de ver los vídeos si se enganchan al cargar la pantalla. Conversar con algunos jóvenes americanos, sobre todo en las grandes ciudades, es lo mismo. Cuenta lo que tengas que contar en un minuto, 140 caracteres, lo que dura un SMS. Si no, olvídate. Siempre puedes contestar “I’m fine”.

Seis paradojas de la vida después de soitu

Sunday, November 8th, 2009

Primera: Me especialicé en hablar de la crisis de los medios de comunicación, la falta de ingresos en publicidad y la escasa confianza en que Internet es la plataforma que más opciones aporta al periodismo. Algunos de los factores que han dejado en la calle a la familia soitu.

Segunda: Para muchos era nuestro primer trabajo ‘de verdad’ como periodista. Ahora los responsables de soitu han dejado muy alto el listón para quien quiera contratarnos.
Si alguien soñó con tiempo para trabajar los temas que más le gustaban y con independencia, eso fue lo que tuvimos en soitu. Si soñó con un editor pesado que siempre tiene más preguntas, también. Y todavía hay quien dice que a esta publicación le faltó periodismo. Muchos hemos decidido seguir escribiendo por nuestra cuenta. En blogs, donde haga falta. En nuestro primer trabajo hemos encontrado esa independiencia que muchos se ponen como etiqueta de cabecera y la olvidan ahí.

Tercera: Ahora somos independientes del todo. Sin más cabecera que nuestra firma construímos la marca de la que antes hablé en soitu.

Cuarta: Si le preocupan sus periodistas acomodados, señor director, piense en los responsables de sección. No faltan periodistas para salir de esta “crisis”. Falta exigir responsabilidades a los que más se quejan. Faltan editores y directores de culo inquieto y para los que nada es suficiente. Faltan los que exigen a sus reporteros que salgan a la calle o descuelguen el teléfono y cuenten las cosas como nadie más las está contando. Faltan los que explican esa noticia que estamos hartos de escuchar y nos cuentan por qué es noticia. Y falta inconformismo, mucho. El mismo con el que llegamos a la universidad, dispuestos a protestar por todo, y perdemos al cruzar el umbral de la redacción (si tenemos suerte). El síndrome de que con publicar, ya basta.

Quinta: Escribiré gratis como aquellos de los que hablé. Durante este año he escrito sobre periódicos que cerraban y periodistas que abrían un blog para seguir escribiendo, contando lo que pasa en su ciudad o simplemente hacer lo que más les gusta. Antes cobraban por escribir e informar. Ahora lo hacen porque quieren. Y gratis. Tuve la suerte de que me pagaran por escribir (y aprender) sobre lo que más me gustaba. Ahora escribo porque quiero. Porque hay más cosas que contar.

Busqué argumentos a favor y en contra de los agregadores, la llamada economía de los links y hasta qué punto es justo beneficiarse de lo que ha escrito otra persona sin pagar por ello. He tenido ese debate en mi cabeza días después del cierre de soitu. Escribo en el blog porque es lo que más me gusta hacer. Escribo sin más plataforma detrás que la que sustenta estas palabras y mi firma. Y soitu, como estos meses excavando en Internet, me han enseñado que la red es compartir, recomendar, anunciar, informar. Que la red es como el mercado, la plaza o el bar, donde todos hemos recomendado un artículo, una película o la última columna de opinión del diario, y nadie nos pidió explicaciones por hablar de lo que habíamos leído*.

Y Sexta: el título de este blog me lo advertía. Se renueva el ciclo. Empecé a escribir aquí como reacción a una realidad aplastante. Tenía más posibilidades de escribir en Internet, en un medio digital, que en papel. Y después de pasar por un medio digital, tenía más probabilidades de regresar al blog que me lo enseñó.

One Way Or Another, regreso.

*Sí, vale, tienen razón. Nunca ganamos dinero por recomendar una película. Y algunos agregadores hieren a los medios cada vez que ponen un anuncio junto a información que no es suya. Es un argumento más y señala un problema que hay que solucionar. Pero sentémonos juntos y aprovechemos las posibilidades que, una vez más, internet nos da para realizar un gran debate, dejar de quejarnos y encontrar la respuesta.

Internet, cada vez menos social

Friday, November 6th, 2009

Esta semana David Armano adivinaba en la publicación Harvard Business que Internet puede convertirse en un terreno cada vez menos social. Era una de las 6 tendencias que prevé para el año que viene y que puede afectar a muchos ámbitos de la red, incluídas las redes “sociales”.

Justo esta semana hemos visto varios pasos en esta dirección.

Las listas de Twitter llegan tarde para muchos usuarios que ya habían agrupado cuentas en grupos a través de los distintos programas de escritorio para seguir los mensajes. Ahora esos grupos son públicos y muchos medios de comunicación los han aprovechado para ofrecer cobertura en directo de distintos eventos: desde la reforma del sistema sanitario en Estados Unidos hasta eventos deportivos o, ayer mismo, el tiroteo en la base militar de Texas.

El blog de actualidad The Lede, de NYTimes.com, utiliza listas de Twitter para seguir datos del tiroteo en Texas

El blog de actualidad The Lede, de NYTimes.com, utiliza listas de Twitter para seguir datos del tiroteo en Texas

Gracias a este servicio sabemos a cuántas listas pertenece cada usuario. Habrá que ver ahora si cambia la forma en que navegamos esta red. Si los usuarios comprobaremos el contenido de las listas o seguiremos leyendo la fuente que contiene todos los mensajes. Pero las listas significan fragmentación, personalización, y demuestran que los internautas cada vez más hacemos, de cada red, “nuestra” red.

Sirva de ejemplo el último paso hacia la personalización dado por Google. Su apartado de noticias, Google News, permite ahora crear nuestras propias secciones. Vamos camino de tener nuestra propia publicación. Podemos elegir palabras clave e incluso hacer pública esa selección en un directorio accesible al resto de internautas. Como añadir y quitar secciones enteras a un periódico. Y cambiarlas de orden.

A los medios de comunicación no les gusta el servicio de Google News. Puede que ahora les guste todavía menos. Google está haciendo cada vez más fácil acceder a la información que los usuarios quieren y como ellos quieren. Y todo esto llega en un momento en que, en Estados Unidos, la confianza en el trabajo de los medios está en el punto más bajo de los últimos 20 años. Según explica la revista New Yorker, los americanos desconfían de que los datos no siempre sean correctos y que falte verificación.

Google lo sabe. En declaraciones de Eric Schmidt, su presidente, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (el famoso MIT), reconoció que los 10 frentes abiertos de la empresa cuentan con que los internautas van a personalizar cada vez más su propia red.  En respuesta a un reportero de Nieman Lab, Schmidt explicó que en los próximos años, los lectores accederán a la información desde dispositivos móviles, en su mayoría en Internet y menos en papel, y que las publicaciones se sostendrán gracias a una combinación entre publicidad y suscripciones.

“Si piensas en esto, está bastante claro que los productos tienen que ser más personalizados, con más profundidad y con mayor capacidad de navegar por temas”, explicó Schmidt.

Los medios pueden ver en esta tendencia que se trata únicamente de la influencia de la red y las nuevas tecnologías. Pero no deben seguir cegados ante la posibilidad de que los usuarios busquen fuentes viables de información y quieran seguirles a su manera. Si Google o las listas de Twitter son los primeros en ofrecer esta posibilidad, los internautas irán con ellos.

Friend Connect es el equivalente de Google a Facebook Connect. Pero en vez de lanzarse a captar grandes publicaciones Google elige quedarse con pequeñas comunidades de usuarios, blogs y directorios de los que puede sacar mucha información personal en cuanto a gustos, costumbres y tendencias en Internet. Desde ayer mismo, los suscriptores a Friend Connect pueden hacer encuestas entre sus lectores e incluso personalizar anuncios.

Toda esta información llega de vuelta a Google, un paso por delante en la personalización de Internet.

Sección armas/supervivencia

Wednesday, August 5th, 2009

La mujer con el brazo escayolado cruzaba la calle con apuros, en medio del tráfico y con la lengua fuera. Como en medio de un ataque de asma. Iba y venía de una acera a otra como si le fuera la vida en ello.
Lo único que le iba era la plaza de aparcamiento.
Le iban a quitar el espacio para minusválidos. Si se molestaba en mover el coche para no pagar la multa, perdía también la cita en la peluquería.
Entonces conocimos a Pierre. El peluquero empeñado en convencerle de que dejara el coche donde estaba porque no le iban a multar. La discusión en plena calle, los gritos y las caras de desesperación hacían pararse a la gente. En cualquier otra ciudad alguien habría mediado entre la anciana y el peluquero. Aquí no debes acercarte.
Gastados los gritos, la viejita se sube al coche sin hacer caso a nadie. El peluquero que parecía que iba a estamparle la mano en la cara, continua la discusión a solas cruzando la calle como si el tráfico no existiera. “A mi peluquería no vuelvas”.
Mira al vacío y se lamenta. “Todos los sábados, durante 40 años, la misma discusión”.

Leo las noticias. Trifulca familiar acaba con 2 muertos y tres heridos en un edificio de apartamentos. Hombre de 48 años se suicida después de entrar en un gimnasio y disparar 52 veces contra los participantes en una clase de baile. 4 muertos. Tiroteo después de complicación en un robo…

Una revista cualquiera

Una revista cualquiera -- cfpereda

Busco una revista. Elementos de supervivencia no aptos para desesperados.

Solitude

Sunday, May 24th, 2009

Hasta entonces nunca me habían aterrado
de esta forma los aeropuertos.
Lléname de abrazos, lléname de besos,
creo que anunciaron tu vuelo.
Y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente,
y una fiera maloliente clava en mi alma sus afilados dientes.

(El camino de regreso, Ismael Serrano)

Solitude

Solitude -- CFPereda

La ciudad vacía

Sunday, May 3rd, 2009

La primera sensación en Miami fue la de aterrizar en un resort de vacaciones gigante e interminable en el que todas las casas parecen el lugar de descanso, no de residencia. Después llegaron las preguntas de ¿dónde está todo el mundo? porque no hay nadie caminando por la calle, sólo coches. Entonces me contaron que en Miami hay ahora hasta 60.000 apartamentos vacíos, sobre todo en las torres o rascacielos junto a la playa, víctimas de la especulación inmobiliaria, la avaricia por pensar que todo lo que se contruye también se acaba vendiendo, y del negocio de las hipotecas y los que jugaron a duplicar los intereses… al final, un paseo por la noche es una colección de ventanas apagadas y torres fantasma.

La ciudad vacía -- cfpereda

La ciudad vacía -- cfpereda

Como un bonsai

Wednesday, February 4th, 2009

Después del comentario de Luis en el post anterior, he pensado todo el día en la idea del bonsai, y creo que tiene toda la razón. No hay forma de echar raíces en un suelo extraño. Nunca tiene suficiente agua, la luz del sol no es la misma, el aire no te sienta igual :)

Lo que más me ha gustado es la frase “Pueden sacar a la persona de su tierra, pero su tierra nunca se saca de la persona.” No creo que sea un cliché. Creo que es una verdad bien grande, que no hay más que salir del país de orígen para empezar a ver tu ciudad, tu casa, de otra forma. Como no lo habías hecho antes.

Es diferente porque empiezas a ver tu ciudad y tu casa dentro de ti. No es que vayas a los lugares y dejes de reconocerlos. Lo que reconoces es la huella que todos esos lugares, las caras, las voces, los colores en las fachadas de las casas, han dejado en ti.

Photo by CFPereda </br>Casa de Campo, Madrid

Photo by CFPereda Casa de Campo, Madrid

La huella más grande es la de la gente, la cultura. Esas ideas que extrañamente se han colado en tu cabeza y ya nadie te podrá arrancar. Nadie te va a quitar nunca que te sientas en la mesa para comer, que no tiene sentido tomar ni un bocadillo delante del ordenador, que cuando sales el viernes de la oficina no retomas el trabajo hasta el lunes por la mañana, el descanso del café a las 11, el almuerzo y la merienda, quedar con un amigo a charlar mientras tomas un café, unas cañas (y no a quizás charlar, tomar un café y trabajar cada uno en su portátil), que conducir y usar el móvil es demasiadas cosas que hacer a la vez (te resulta imposible conducir, hablar por el móvil y encargar la comida a la vez), no entiendes que haga falta abrir los gimnasios a las cinco de la mañana ni que el intermedio de la comida se utilice para machacarte cogiendo pesas (después de comer delante del ordenador), no necesitas eventos especiales para conocer a tus compañeros de trabajo y puedes mantener conversaciones en las que cuando preguntas “qué tal estás?” no forma parte del saludo.

Y esa huella te confunde, porque no puedes deshacerte de ella ni de la duda de si estás idolatrando el lugar de donde vienes, si hablas demasiado sobre cómo son las cosas en tu país o si el resto de habitantes de la tierra están equivocados porque no comen con aceite de oliva. Estoy exagerando las cosas a propósito, pero es verdad que te entran estas dudas…

Después vuelves a casa y te sientes completamente “en casa”, vuelves a ser completamente español porque ya no tomas el café por la calle ni haces tres cosas a la vez. Se te caen las nuevas costumbres de las manos en cuanto pruebas el agua de Madrid :)

Entonces te preguntas, ¿quién demonios me convenció a mí de que tiene sentido comer delante del ordenador, tomar el café mientras camino y ocuparme de tres cosas a la vez?

Pues eso, que año y medio después, sigo pensando. Pero ahora como un bonsai.