“Buenos días, nos han vendido”. Así arrancó la mañana la presentadora de la NBC.
General Electric acababa de vender su control sobre una de las mayores cadenas estadounidenses y Comcast obtenía vía libre para controlar cómo consumen información y entretenimiento los americanos.

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Comcast es el más grande de los cuatro proveedores de televisión por cable del país. También da acceso al teléfono y a internet. Así es como acumula información de lo que hacen sus clientes en la red, los canales de televisión que más ven o los minutos que gastan al teléfono y a dónde llaman. El potencial de esta información para la publicidad es interminable.
A cambio de casi 14 mil millones de dólares, Comcast ha comprado el 51 por ciento del control sobre NBC – Universal, el grupo de comunicación en posesión de la cuarta red de noticias, la NBC, y otras cadenas locales minoritarias, entre las que también está el canal en español Telemundo. De rebote Comcast obtiene control también -compartido con Disney, News Corp. y Providence Equity Partners- sobre Hulu, una de las plataformas de vídeo online que más daño está haciendo a las televisiones.
Como distribuidor, Comcast promete hacer que todos estos contenidos lleguen antes a todas las plataformas, por lo que acaba de dar un gran salto hacia ese día en que la audiencia pueda disfrutar de todo el contenido de estas cadenas, donde quiera (en el ordenador, la televisión o el teléfono) y cuando quiera. Si será de pago o no, también lo decidirá Comcast.
La compra de la NBC por parte de uno de los suministradores del acceso a Internet ha recibido todo tipo de calificativos. Desde un nuevo orden de los medios americanos hasta el mayor conglomerado de la historia. O el nuevo panorama mediático. O el problema del siglo XXI, mucho más grave que la relación de amor-odio entre los medios y Google.
Convertido en proveedor de conexiones a internet y dueño de varias cadenas de televisión y sus ediciones digitales, Comcast puede manipular la velocidad con la que permite acceder a sus páginas y a las de la competencia. Controla la producción del contenido y su distribución. Es la peor pesadilla de los defensores de la neutralidad en la red hecha realidad. Hasta la firma de este acuerdo, ningún proveedor de internet era dueño de un medio. Ahora no hay razón para no sospechar que Comcast da mayor ancho de banda a los vídeos de la NBC mientras que los de la CNN tardan un minuto en cargarse, por ejemplo.
Esto es algo que ya ocurre en Estados Unidos. Miles de pequeños medios de todo el país han solicitado recursos del plan de estímulo económico de Obama para comprar ancho de banda. En un país donde la penetración de internet llega al 75 por ciento (datos de Nielsen), los pequeños medios quieren comprar espacio y velocidad. Los proveedores como Comcast han decidido que su contenido interesa, pero menos.
El presidente de Comcast defendió ayer que respetará la independencia de aquellos que trabajan por crear el contenido que su empresa distribuye. Aunque dejó la puerta abierta con un “ya veremos lo que depara el futuro”. El acuerdo tiene que esperar un año de exámenes por parte de organismos regulatorios y puede sufrir algún recorte. De momento, quedan muchas preguntas por resolver. Ahora que uno de los proveedores tienen posesión de una cadena de televisión, ¿cuánto deben pagar los otros proveedores por dar acceso a ese canal? ¿Hay algún método de control para demostrar que Comcast está dando preferencia al tráfico de usuarios hacia sus páginas en internet?
Los encargados de responder a todo esto y de pararle los pies a Comcast, si así lo consideran necesario, están en el Congreso. El acuerdo pone en peligro la neutralidad de la red en Estados Unidos. Obama ha mostrado su compromiso para protegerla, pero el papel principal es del congreso, con demasiados intereses de por medio como para meter la tijera en el poder que Comcast acaba de acumular. Como ya avisa el experto Dan Gillmor, los legisladores tienen en los anuncios de televisión su principal arma durante las campañas electorales. Pocos pondrán la mano en el fuego a que un congresista se vaya a jugar la reelección luchando contra el poder de un canal de televisión y su proveedor.
La organización Free The Media lleva meses advirtiendo de las consecuencias que puede tener esta operación de salir adelante. Ayer la Federación de Consumidores Americanos se unió a los activistas por la neutralidad de la red calificando la venta de NBC a Comcast como “una gran amenaza a la competencia audiovisual que puede dañar seriamente el interés público”.