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“Mueve Tu Dinero”: ciudadanos americanos contra los grandes bancos

Sunday, January 10th, 2010

El New York Times titula hoy domingo que “los bancos se preparan para nuevos pagos extra, y la ira de los clientes“. El New York Times llega tarde.

Huffington Post estrenaba año con el liderazgo de su dueña Arianna Huffington y una de sus resoluciones para 2010: retirar el dinero de los grandes bancos. Diez días después, el experimento es una cadena de historias, comentarios y reacciones que muestran cómo la ira de los norteamericanos ante los favores a Wall Street se desató hace mucho tiempo. No ahora que llega la segunda ronda de préstamos del gobierno.

La campaña “Move Your Money” (Mueve Tu Dinero) consiste en retirar el dinero de grandes bancos e ingresarlo en otros más pequeños y locales. Los grandes tuvieron hace un año una inyección de dinero de 700 mil millones de dólares, procedentes de la recaudación de impuestos de los americanos. Durante este tiempo, no sólo han recortado los préstamos sino que han batido récords de beneficios a pesar de la crisis. Los bancos más pequeños, por su parte, pertenecen a localidades más pequeñas y a cooperativas de propietarios, por lo que su salud financiera tiene un mayor impacto en las comunidades.

En la presentación del proyecto, Huffington explica cómo está inspirado en la película “Qué Bello Es Vivir” (It’s a Wonderful Life, Frank Capra, 1946), en la que el dueño de un pequeño banco (interpretado por James Stewart) lucha contra el gran banquero. En 2010, los ciudadanos que ya se han sumado a la iniciativa quieren dar una bofetada a los bancos que han cortado el grifo de los préstamos y que no han hecho más que aumentar las comisiones por uso de las tarjetas de crédito o registro de cuentas.

Es pronto para saber el impacto de esta campaña. En su contra están desde las dificultades que ponen los bancos a los clientes cuando estos quieren retirar el dinero hasta la pobre situación económica de los que más puede apoyar este movimiento. Pero el cansancio de los americanos no es algo que acabe de empezar precisamente, y la invitación de Arianna Huffington puede ser el último empujón que necesitaban para tomar la iniciativa. Por darles ideas, les ha dado hasta una base de datos para localizar los bancos que tienen más cerca y que mejor funcionan durante la crisis.

¿Ayudarán las redes sociales al censo de EEUU?

Saturday, January 9th, 2010

2010 es año de censo en Estados Unidos. Censo analógico y digital, porque para evitar errores catastróficos de otros años, el censo ya está en FacebookTwitter y You Tube. El gobierno quiere encontrar a sus 300 millones de ciudadanos y evitar que una gran proporción se quede fuera de las listas, como ocurrió en el último recuento hace 10 años. Las implicaciones son graves. En España el censo nos suena (ente otras cosas) a las listas electorales; en Estados Unidos también tiene connotaciones económicas.

El censo de EEUU ya está en Facebook

El censo de EEUU ya está en Facebook, Twitter, You Tube...

En el extranjero el Huracán Katrina fue la sorpresa de cómo el país más rico del mundo sucumbía a una tormenta que apenas dejó heridos a su paso por Cuba. Cómo la primera potencia era incapaz de evacuar y ayudar a sus ciudadanos. Cómo fueron incapaces de retener el agua tras esos diques de papel. La primera explicación que se nos ocurrió a muchos fue que claro, el ejército estaba en Irak y Afganistán. No quedaba nadie para ayudar. Después vimos en televisión que la mayoría de los afectados eran afroamericanos y nos preguntamos si Estados Unidos seguía discriminando entre sus ciudadanos.

En Estados Unidos Katrina es muchas historias de supervivencia, surrealismo y un drama que se ha extendido con la migración de muchos ciudadanos de Nueva Orleans que ahora viven repartidos por todo el país. Entre los dramas de Katrina está la falta de conocimiento, por parte del gobierno, de cuántos habitantes y de qué nacionalidades vivían en Nueva Orleans y alrededores. Los avisos de emergencia, las órdenes de las autoridades, señales de rescate… todo llegaba en inglés. Pero la capital de Louisiana también habla vietnamita, español, creole o francés.  Y en una proporción más grande de la esperada por el gobierno: había que evacuar a más personas de las estimadas por cualquier cálculo. Los recursos para los servicios de emergencia venían del equivocado cálculo del censo del año 2000. A pesar de que casi un tercio de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza y sin ningún medio de transporte propio, la evacuación por tierra no llegó. No había recursos.

Los datos de 2010 servirán para saber qué estados necesitan mayor porción de la tarta de recaudaciones anuales -unos 300.000 dólares-, dónde hay más inmigrantes, de dónde vienen (muchos hispanos han cambiado el sur por Alaska en esta década), dónde hay que enviar más médicos bilingües y traductores o qué colegios necesitan más profesores para apoyar en tutorías de inglés. Y así evitar desastres anteriores. Aunque puede que los métodos elegidos no sean los adecuados. Para acercarse a los “incontables” el Censo ha decidido volcar muestras de formularios documentos, explicaciones y guías en Facebook. Dicen los responsables que los ciudadanos a veces confían más en sus comunidades que en el gobierno y que las redes sociales ayudarán con esto. Pero son precisamente los “incontables” los que menos acceden a la red, los que menos disfrutan de una conexión a internet en casa (prefieren el teléfono móvil) y los que navegan la burocracia con menor manejo del inglés.

Es cierto, las redes sociales puede terminar con el pánico que muchos ciudadanos, sobre todo inmigrantes, sienten al recibir una carta o una visita de un empleado del censo. Los últimos datos dicen que los grupos étnicos y los menores de 20 años son las poblaciones que más crecen en Facebook. Pero todavía no alcanzan los datos de participación de otros grupos. Puede que los “incontables” sean todavía más difíciles de encontrar en el mar de las redes sociales.

El dilema de los antropólogos americanos con Irak y Afganistán

Sunday, December 13th, 2009

Bill Gentile comenzó la clase mostrando su documental “Afganistán: La Guerra Olvidada”. Era hace dos años y Estados Unidos todavía no había dado un giro de Irak hacia el este, centrándose en la guerra que arrancó en 2003. La obra muestra los estragos que pasan los soldados americanos en un territorio donde el desconocimiento del idioma y la cultura puede ser tan tramposo como una mina en la carretera.


Extracto del documental de Bill Gentile en la cadena pública estadounidense PBS.

Cuando terminó el vídeo, un compañero pakistaní que había aterrizado en Nueva York una semana antes del 11 de Septiembre de 2001, levantó la mano para comentar una escena en el que un soldado intentaba enterarse de si Al Qaeda había hecho acto de presencia en un poblado al que intentaban entrar. “Ese intérprete no estaba traduciendo correctamente, no estaba diciendo la verdad, el americano no se enteraba de nada”.

El ejército necesita algo más que la diplomacia de los caramelos con las poblaciones afgana e iraquí.

Al Pentágono le faltan soldados y expertos que hablen los dialectos de Irak y Afganistán. Los soldados ignoran las peculiaridades culturales y étnicas de un país en el que cumplen con rondas de 12 a 18 meses. En la base viven rodeados de videojuegos, McDonalds, iPods y marcas “de casa”. Mientras el gobierno busca cómo reclutar suficiente personal desde Estados Unidos, la dependencia de intérpretes ha empujado más de un contingente a un callejón sin salida. Hay libros enteros dedicados a la falta de preparación de las tropas y sus consecuencias, como éste de la corresponsal para la cadena ABC Martha Raddatz, sobre la emboscada que atrapó al ya icono Casey Sheenan y otros 7 soldados en Sadr City.

El largo camino a casa, de Martha Raddatz

El largo camino a casa, de Martha Raddatz

A falta de intérpretes y conocimiento sobre la cultura local, el ejército norteamericano confía en la ayuda de antropólogos dentro de Irak y Afganistán. Los expertos sociales les explican las peculiaridades de la cultura, esos detalles que de no conocerse pueden arruinar una negociación, y que tanto necesitan los soldados cuando intentan saber si un poblado cuenta con insurgentes de Al Qaeda o no. Pero, según informa hoy la revista Time, la Asociación Americana de Antropología (AAA) ha levantado la voz con un informe (PDF) para condenar que se utilice el trabajo de los antropólogos en estas dos guerras.

De acuerdo con la publicación norteamericana, no es un proyecto nuevo. La práctica viene desde hace varias décadas. Pero cada vez que un proyecto ha salido a la luz, el Pentágono se ha visto obligado a cancelarlo. El trabajo de los antropólogos consiste en estudiar las poblaciones locales de las que el ejército conoce poco más que su situación en el mapa y facilitar el diálogo con ellas. Pero los responsables de la AAA no tienen claro si la información compartida por los más de 500 especialistas que trabajan con el ejército es utilizada en favor de la paz o de la guerra. Es difícil saber si el ejército la utiliza para colaborar mejor con los civiles o localizar mejor sus objetivos.

Hay antropólogos a los que no gusta perder el control de toda la información que obtienen con su trabajo. Otros prefieren que el ejército no trabaje a ciegas, que es como lleva navegando por Afganistán desde la invasión. La AAA, según Time, no está en contra de ayudar al Pentágono para mejorar el conocimiento de otras culturas e idiomas entre sus filas, pero la línea entre apoyar al ejército para que se defienda mejor y colaborar en un objetivo militar cada vez es más borrosa.

La industria farmacéutica vuelve a marcar el debate

Sunday, December 13th, 2009

Pocos detalles de la reforma sanitaria impulsada por Obama llegan a cruzar el charco. Es difícil narrar un proceso tan complejo.  Incluso medios estadounidenses encuentran el debate demasiado largo y farragoso como para retener el interés de los lectores. La votación de la legislación definitiva tendrá que pasar por diferentes consultas cada vez que un demócrata o republicano propone una enmienda a la ley. El congreso logró hace unas semanas votar su propuesta final, que ahora sufre los recortes del senado.

By amayzun on Flickr

By amayzun on Flickr

Aunque el nuevo atasco en la negociación lo acaba de provocar la Casa Blanca. Según informa Politico, existe un acuerdo con la industria farmacéutica por el que ésta obtendrá 80 mil millones de dólares por medicamentos gracias a la reforma -gracias al aumento de población asegurada. Pero una de las enmiendas introducidas en el senado esta semana pretende favorecer la importación de medicinas y que los norteamericanos puedan adquirirlas sin imposición por parte de la compañía aseguradora. Obama también apoya la importación de medicamentos pero el equilibrio para contentar a todos los implicados puede terminar con la reforma.

O puede que salga adelante y que la Casa Blanca, el senado y el congreso se pongan de acuerdo. Pero todos y cada uno de estos arreglos que se están haciendo al texto original no sólo retrasarán la votación de la nueva ley, sino su implantación. Obama declaró hace unos meses que se tardará un mínimo de dos años en que los americanos noten los cambios de verdad. En el caso de la importación de medicinas, Estados Unidos todavía tiene que mejorar tanto la legislación como los mecanismos de control para asegurarse que los medicamentos tienen la calidad adecuada, por un lado, y para que las compañías aseguradoras no impongan marcas de la casa, por otro.

Quedan un par de semanas para el receso por navidades y son ya muchas las voces que piden la aprobación antes de fin de año. Entre las prisas pueden entrar muchas enmiendas que haya que arreglar después con nueva legislación. Pero los senadores y congresistas tienen ya la vista puesta en las elecciones del año que viene, que renovaran un tercio de la cámara. No quieren estar a dos cosas a la vez, no quieren ser elegidos por su apoyo o rechazo a la reforma, necesitan tiempo para fabricar el mensaje de su próxima campaña. Hay prisa.

La bofetada del hambre tumba el sueño americano

Tuesday, November 17th, 2009

Rachel atiende a los clientes del supermercado con una mano. Con el otro brazo se apoya para no perder el equilibrio. El obrero que vino a por cigarrillos se desespera. “Lo siento pero no tengo tiempo”. Rachel tendría que estar jubilada. Un carro de la compra es su bastón. No pesan los productos que pone en el carro para salvar la distancia de un metro entre la pared y el mostrador. Le pesan sus más de 60 años, las bolsas bajo los ojos y la cojera.

A tres manzanas, otra cajera te ayuda a encontrar los productos de la droguería mientras arrastra una botella de oxígeno. Sin trabajo, no podría pagar por respirar. Sin bombona apenas puede trabajar. Terminas la compra y la calle acaba de dar la bienvenida a otro ciudadano sin techo. Se lava en la plaza con jabones prestados. Se afeita a escondidas en un banco. Se marcha sin dejar rastro.

No es casualidad ni exageración. Son tres escenas que puedes ver en un día cualquiera en Washington, D.C. y a muy pocas manzanas de las paredes impolutas de la Casa Blanca. Son las huellas de la recesión, aplastando contra el suelo las oportunidades de muchos ciudadanos atrapados en el miedo a perder un empleo por enfermedad o la vida por falta de seguro médico; organizaciones para personas sin techo cerrando albergues porque ahogan los recursos y adolescentes que desayunan bolsas de doritos y gominolas porque en su casa nunca entra una botella de leche.

La sociedad norteamericana despierta de su propio sueño a golpe de estadísticas. Ayer un informe (PDF) del Departamento de Agricultura descubría que más del 14 por ciento de la población -una de cada siete familias, uno de cada cuatro niños o 50 millones de personas-, viven sin la seguridad de que mañana tendrán comida que llevarse a la boca. Una bofetada de realismo que se siente en los supermercados. Los clientes llevan más cupones de descuento que billetes de dólar.

Hotel Recesión. San Diego, California.

Hotel Recesión. San Diego, California. CFPereda

Son los mismos ciudadanos que pagaron con sus impuestos el plan de rescate de 600 mil millones de dólares que hace un año aprobó el todavía presidente Bush. Un año después, los americanos siguen igual. O peor.

El desastre en Wall Street marcó el estallido de una crisis que dio la razón a todos los deshauciados, parados o ciudadanos anónimos en bancarrota que avisaban de lo que iba a pasar.

La bofetada del hambre se mezcla ahora con cifras de desempleo que cogieron carrerilla en 2007, deshaucios inflando las tasas de familias enteras sin hogar (32 por ciento más en un año) y presupuestos locales que no pueden cubrir la demanda de bonos de comida (un aumento del 24 por ciento en 12 meses).

Hay efectos visibles y no tan dramáticos como el hecho de que por primera vez no puedas coger un tren en la hora punta del metro. La gente deja el coche en casa. Los que trabajan cerca, te enseñan ahora a esperar bicis igual que coches cuando vas a cruzar la calle. O la consolidación de los huertos caseros en jardines y garajes para ahorrar a final de mes. Ni los restaurantes vacíos los fines de semana o ese escaparate que desapareció sin tiempo de colgar el cartel de “liquidación por cierre”.

Entre las consecuencias más serias, el curso escolar acaba de empezar con menos profesores y menos presupuesto. Hay más estudiantes por clase, pero se terminaron las horas extra para aprender idiomas, los tutores de apoyo de matemáticas, o los cuadernos y bolígrafos gratis para los chavales que llegan con lo puesto. Hay quien ya habla de la “generación crisis”. Cada vez más estudiantes llegan al colegio desde un albergue o centro de acogida: el número de estudiantes sin hogar superaba el millón antes de la crisis. En ciudades como Chicago aumentaron un 28 por ciento entre 2007 y 2008. Las cifras de 2009 sólo se esperan peores. Son chavales a los que el colegio debe dar de desayunar y comer. Los dólares que cuestan estas comidas ya no se pueden gastar en bicicletas, arreglar la canasta del patio o la cena de fin de curso.

Los americanos ya no miran los datos de bolsa. Rascan sus bolsillos como nunca lo hicieron. Por eso las primeras empresas en remontar son las que mejor sirven a los norteamericanos al borde de un ataque de nervios… Triunfan los huertos caseros. Lo próximo es comprar la comida de todo el mes y que te la envíen a casa. Hay centenares de tiendas por todo el país. También están en Internet y te atienden por teléfono para que elijas las recetas. Se trata de comprar a lo grande con un bolsillo pequeño. En sólo un año, el catering de la empresa DreamDinners, con platos precocinados para toda la familia, roza un beneficio de 3 millones de dólares.

La primera vez que ves en televisión un anuncio de una empresa como DreamDinners piensas que son “cosas de los americanos”. Después de contagiar de comida rápida a medio mundo, no tienen problema en pasarse a los platos precocinados. Pero en crisis sabes que son “cosas de la recesión”.

Se marcha un pilar de la CNN

Thursday, November 12th, 2009

Nota: estreno sección en la que repasaré la actualidad diaria de Estados Unidos. Seleccionaré las noticias más calientes, curiosas, divertidas… del día y trataré de aportar la información y perspectiva que menos llega hasta España. Puedes seguirlo todo en Hoy en EEUU.

Era Lou Dobbs. No muy conocido fuera de Estados Unidos pero símbolo de polémica en este país. La CNN vende objetividad, honestidad y toda la actualidad. Todo ello envuelto en un despliegue de tecnología y reporteros arriesgándose por un reportaje, ya sea al borde de un río a punto de desbordarse, con la nieve hasta las rodillas o contando lo último ocurrido en Afganistán con el chaleco antibalas puesto. Sin faltar el logo de la CNN en el casco y el chaleco.

Las 24 horas de noticias en la que fuera primera cadena de televisión estadounidense (sus cifras de audiencia han caído hasta el fondo) no dan para cubrir toda la actualidad. Fue una de mis primeras decepciones aquí. El telediario de 30 minutos de Al Jazeera, en inglés, ofrece más información tanto de Estados Unidos como de resto del mundo que todo un día frente a los presentadores de la CNN.

Hablar de toda la actualidad de un país tan diverso y grande como Estados Unidos es una utopía. Y vender objetividad es imposible cuando tienes a un presentador al que contradice su sustituto cuando no puede estar en antena. Lou Dobbs se hizo famoso por su peculiar interpretación de la inmigración -acusó a los latinos del aumento de la lepra en este país- y acusar a instituciones como la cámara de comercio hispana, de la que dijo estar centrada en tráfico de drogas e inmigrantes de México a Estados Unidos.

No faltaron palabras para Obama. Entre otras cosas, se obsesionó con su certificado de nacimiento. Algunos republicanos acusaban a Obama de haber presentado un certificado de Hawai falso, y que no había nacido en el país realmente (lo que le habría impedido presentarse a las elecciones). Dobbs dio rienda suelta a estas acusaciones.Y CNN aprovechó para negarlas cuando Dobbs no pudo presentar su programa.

Dobbs, uno de los primeros presentadores de la cadena, se ganó las denuncias y protestas de muchas organizaciones de inmigrantes y medios de la comunidad hispana. Dentro de CNN también. Los responsables de la cadena sabían que no tenía sentido que Dobbs largara contra los inmigrantes en el espacio anterior a un especial -anunciado durante semanas como símbolo de la objetividad de la cadena- sobre las implicaciones de ser Latino en América.

Es de los presentadores más famosos de Estados Unidos y ayer anunció su dimisión. Ni siquiera terminará el contrato millonario que le ataba a la cadena hasta 2011. Dice que quiere trabajar “de forma más directa con la resolución de problemas”. Puede que hasta salte a la política. No hay dudas del lado que escogerá.

Actualización 24.11.09: Dobbs no descarta presentarse a las elecciones presidenciales de 2012 (vía Politico.com)

Por qué los estadounidenses no quieren un sistema de salud pública

Monday, August 3rd, 2009
CRISTINA F. PEREDA

Más de 47 millones de norteamericanos vive sin seguro médico. A estos se suman 14.000 cada día. Sin embargo, 1 de cada 6 dólares que consume Estados Unidos lo hace en gastos médicos. El 62 por ciento de las familias que se declaran en bancarrota lo hacen arrastradas por facturas médicas. El coste de un parto roza los 10.000 dólares. Y el de una analítica completa, los 700.

Esto se traduce en la costumbre de ver por la calle a gente que va al trabajo en condiciones en las que en España les darían la baja. Pocos van en muletas si necesitan una escayola en una pierna. Si tienen un brazo escayolado, trabajan con el otro. Si se quedan en casa, trabajan desde casa. Si tienes gripe o fiebre, lo normal es mandar un email al jefe dando cuenta de la temperatura exacta. Todo por no perder el trabajo. Ni el seguro médico. Pero, ante una situación así, ¿por qué los americanos son tan contrarios a una cobertura médica universal?

El primer obstáculo para conseguir cobertura para todos son los 200 millones de norteamericanos que sí tienen seguro. El segundo obstáculo son los 60 millones que tienen un seguro insuficiente: Obama tiene que convencerles de que las nuevas opciones serán mejores. El tercer impedimento es el individualismo estadounidense. Un sistema público implica que los costes médicos corren a cargo del estado gracias a los impuestos de los ciudadanos. La lectura que hacen algunos norteamericanos es que no quieren pagar con sus impuestos los medicamentos al vecino de al lado. Ni a los más pobres. El país ya cuenta con un sistema para los gastos médicos de aquellos que ganan menos de 10.000 dólares al año, llamado Medicaid y que Obama quiere extender a mayor parte de la población.

Y cuarto. El complejo sistema sanitario y legal que enmarca las reglas del juego de las aseguradoras, los altos costes de cualquier tratamiento y los miles de millones de dólares que gastan al año las compañías farmacéuticas en financiar las campañas de los políticos. Para que después no lleguen al congreso y firmen por un plan que reduzca sus ingresos. Como podría pasar con un sistema universal.

Para resolver todos estos problemas de un plumazo, Obama no apoya un sistema de salud universal o público sino un sistema de pago compartido. Para el que tenga trabajo y su empresa le proporcione un seguro, podrá quedarse con él. Para el que no tenga trabajo ni seguro, el estado —mediante un sistema como el español— mantendrá cubiertos sus gastos médicos.

La propuesta de Obama sonaba perfecta durante su campaña electoral. Pero la situación es mucho más complicada que decir a una audiencia entregada que habrá “seguro médico para todos”.

En estos momentos hay tres propuestas de ley en el Congreso y en el Senado para reformar el sistema actual. Las dos cámaras tendrán que ponerse de acuerdo, pero los senadores ya han dicho que no llegarán a la fecha límite deseada por el presidente, que quería ver resultados antes de las vacaciones de la semana que viene. Antes de que Obama pueda aprobar cualquier reforma, varios comités dentro del parlamento tendrán que ponerse de acuerdo. Dentro de cada comité, además, cada congresista y senador tiene un ojo en la legislación y otro en sus intereses electorales personales.

La economía puede ser la clave

Si hay una preocupación que ciudadanos y legisladores tienen en común es el coste de la reforma. Aunque no todos lo vean desde el mismo punto de vista. Estados Unidos gasta casi tres billones de dólares al año en cuidados médicos. Para cada familia se traduce en una media de 1.800 dólares anuales sólo en la póliza sanitaria. Cualquier enfermedad por sencilla que sea empieza a multiplicar la cifra. El argumento de Obama es que si las familias están endeudadas de esta forma, no pueden contribuir a la recuperación de la economía estadounidense. Sus opositores le contestan que endeudando más al país para que todo el mundo tenga cobertura tampoco va a sacar a Estados Unidos del agujero.

La propuesta de los más liberales —recordemos que cualquier opción universal es tachada en Estados Unidos de “socialista”— incluye que los ricos paguen más impuestos para contribuir a la cobertura de los más pobres, que las empresas estén obligadas a proporcionar un seguro a sus empleados a partir de cierta cantidad de beneficios; que las aseguradoras médicas no puedan negar una póliza a ningún ciudadano por enfermedades o condiciones pre-existentes, y que tampoco puedan cobrar más por el mismo seguro a una persona enferma que a una sana (en el momento de contratarlo).

Los conservadores no sólo se oponen a un sistema universal porque no quieren que el gobierno se interponga entre médico y paciente. Tampoco quieren que los empresarios estén obligados a proporcionar el seguro a sus empleados ni que los contribuyentes paguen con sus impuestos la cobertura de otros.

Como ejemplo de la complejidad del asunto, dos comités del congreso están enredados estos días en discusiones sobre la cifra que separa a una empresa con suficientes ingresos como para asegurar a sus empleados de otra a la que no se puede obligar a hacerlo.

La salud de los americanos empeora

Las numerosas apariciones públicas y ruedas de prensa de Obama, así como de los demócratas, no ayudan a deshacer el embrollo. Tampoco han hecho que los ciudadanos tengan más claras las diferencias entre una y otra propuesta. Pero el contexto económico puede que sea la única diferencia —y el único factor de ventaja para Obama— entre esta reforma y todas las que han fracasado en el pasado. El último intento protagonizado por el matrimonio Clinton tuvo lugar en un contexto en el que la salud de los norteamericanos mejoraba cada año. Sin embargo, 2008 fue el cuarto año consecutivo en que la salud nacional se estancó por el aumento de la obesidad, la falta de cobertura médica entre la población y el abuso de malos hábitos alimenticios y tabaco (según el Centro de Control de Enfermedades).

No hay nada que convenza mejor a los norteamericanos sobre la necesidad de un cambio que sentirse amenazados individualmente. Las cifras de 14.000 personas sin seguro cada día les recuerdan que el siguiente puede ser cualquiera. Y ese cualquiera puede tener un accidente de coche o ser diagnosticado con una enfermedad grave mañana mismo.

Para los más críticos con el asunto, el problema de la reforma es que está basada en un sistema que ya se ha demostrado que no funciona. Los costes médicos son demasiado altos y la simple reducción en los precios de pruebas y medicamentos ayudaría a extender la cobertura médica. Pero esto significa que las compañías aseguradoras verían reducidos sus ingresos. Por el momento, una misión imposible. Por eso Obama parece convencido en que poner un parche sobre los agujeros del sistema actual servirá como solución.

Artículo para soitu.es.

La estrategia política de Obama con las torturas de la CIA

Tuesday, April 21st, 2009
Por CRISTINA F. PEREDA (SOITU.ES)

El presidente Obama visitó ayer por primera vez las instalaciones de la CIA, se reunió con 50 oficiales y después compareció ante los agentes para pedirles que “no se desanimen” por el hecho de que la opinión pública sepa hasta dónde llegó la inteligencia norteamericana para obtener información. La visita se producía días después de que el Departamento de Justicia desclasificara los informes sobre los métodos utilizados para interrogar a sospechosos de terrorismo.

“Lo que hace que Estados Unidos sea especial, y lo que os hace especiales a vosotros, —decía Obama a la élite de la inteligencia estadounidense—, es precisamente el hecho de que estamos dispuestos a mantener nuestros valores e ideales incluso en los momentos más duros, no sólo cuando las cosas son fáciles. Incluso cuando tenemos miedo o estamos amenazados, no sólo cuando nos conviene hacerlo”.

Ahora sabemos que los agentes de la CIA utilizaron la técnica de ahogamiento simulado hasta 183 veces para obtener información del detenido Khalid Sheik Mohammed. El supuesto miembro de Al-Qaeda había declarado ser el cerebro de los atentados del 11-S. Otros sospechosos fueron víctimas de la misma técnica, según informa esta mañana el diario New York Times.

Pero hasta el domingo, justo después de que el presidente Obama decidiera hacer públicas las órdenes del servicio de inteligencia, nadie tenía los datos exactos. El público no sabía cuántos presos habían sido sometido a esas prácticas de interrogación que la Administración Bush calificó de “seguras y legales”. Tampoco sabían si había sucedido una vez, seis, o 266. Tampoco si había ocurrido en Guantánamo, Irak o una de las cárceles secretas que Obama ordenó cerrar el segundo día de su mandato.

¿Qué se esconde tras el gesto?

Lo que sigue siendo un secreto es si el actual inquilino de la Casa Blanca ha decidido desvelar esta información por respetar los valores estadounidenses, por recuperar la dañada imagen norteamericana en el extranjero o por pura estrategia política.

Parte de la polémica creada por los métodos de interrogación de la CIA radica en eso, en su falta de concordancia con los valores norteamericanos. Pero la decisión de hacerlos públicos y no perseguir a los responsables, según Naciones Unidas, es también contraria a la ley internacional. Y Obama ha optado por restaurar los valores nacionales dentro y fuera de su frontera, en vez de buscar más enfrentamiento político.

“Obama ha decidido no perseguir a ningún responsable porque para ello necesitaría el apoyo de varios republicanos en el Senado [donde el partido demócrata no cuenta con la mayoría suficiente para sacar adelante una propuesta como ésta], y no quiere quemar ningún puente”, nos explica Steve Biddle, experto en política exterior estadounidense del Council on Foreign Relations. “No puede arriesgarse a perder esos votos después, cuando los necesite para aprobar otro presupuesto, la reforma sanitaria o de inmigración”.

El presidente también arriesgaba perder votos en su propio partido, al menos de los demócratas más liberales que quieren ver a Bush responder por los informes de la CIA. Aunque a lo mejor ha considerado que los demócratas más moderados son más fáciles de convencer si les necesita en un futuro.

¿A quién hacer responsable?

Entre los más conservadores y los liberales están quienes piensan que, ya que no se va a perseguir a Bush, en la Casa Blanca entre los años 2002 y 2005 a los que corresponden estos informes, ni a los agentes que llevaron a cabo los interrogatorios, la justicia debería perseguir a los que caen justo en medio: los que redactaron los informes y contaban con autoridad para dictar dichas órdenes.

El jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Rahm Emmanuel, declaraba este fin de semana en la cadena de televisión ABC que la Administración actual está en contra de que el Departamento de Justicia persiga a ningún responsable. Pero nadie se ha pronunciado sobre si otra autoridad podrá hacerlo.

“Obama ha tenido mucho cuidado y en ningún momento ha especificado si perseguirá a alguien o no. Ha evitado muy cuidadosamente decir nada sobre qué pasará con quién redactó los informes, y eso puede que satisfaga a los demócratas más liberales”, apunta Biddle.

Tampoco ha mencionado si no perseguirá a ningún agente ni miembro del anterior Gobierno por acuerdo con el partido republicano. Según declaraba ayer en la sede de la CIA en Washington, “sólo lo he hecho por una razón: porque creo que nuestro país es más fuerte y más seguro cuando mostramos todo nuestro poder y el poder de nuestros valores, incluido el de la ley”.

Críticas a la publicación de los informes

Aunque hay quien no se siente tan seguro después de que los informes hayan visto la luz. Muchos países occidentales respiraron hondo cuando Obama firmó la orden ejecutiva que prohibía el uso de estas técnicas, pero los más conservadores en Estados Unidos ya han mostrado su preocupación. Entre ellos están el antiguo fiscal general Michael B. Mukasey, y anterior director de la CIA, Michael V. Hayden quienes escribían el pasado viernes en el Wall Street Journal que al publicar los métodos de interrogación, los terroristas podían estar ya preparándose para superarlos.

“Me parece un argumento muy débil pensar que los terroristas se pueden entrenar ahora para superar estas técnicas de interrogación. Estarían perdiendo el tiempo porque Estados Unidos no va a volver a utilizar estos métodos”, argumenta Biddle.

El revuelo que ha provocado la salida a la luz de estos informes y la cantidad de debates que han inspirado en los medios contrastan con la falta de debate en la opinión pública hasta antes de la campaña electoral. Las cárceles secretas, simulaciones de ahogamiento, presos obligados a permanecer horas de pie o encerrados con insectos son ideas que los medios sólo ahora han empezado a mencionar. Por no emitir, ya sabemos que no había ni imágenes que dieran demasiadas pistas a los estadounidenses de las condiciones en que luchaban sus soldados.

Tardaremos un tiempo en saber si se convierte en un auténtico debate público o si se apaga el fervor de algunas discusiones en televisión este fin de semana, en editoriales dedicados a la decisión de Obama incluso ayer lunes o los titulares que el New York Times sigue añadiendo a su cobertura del tema. Los norteamericanos son expertos en mirar hacia adelante y el pasado noviembre eligieron el lema optimista y esperanzador de Obama, quien ayer repetía su intención de dejar atrás el pasado.

Biddle me recuerda al acabar la entrevista un proverbio chino. “Un viaje de mil millas empieza por el primer paso”. Y Obama, con cada paso, demuestra que sólo quiere mirar hacia delante.

Articulo para Soitu.es

Las otras cárceles de la vergüenza de Estados Unidos

Monday, April 20th, 2009

Por CRISTINA F. PEREDA

Marlene Jaggernauth llevaba 27 años viviendo de forma “legal” en Estados Unidos, después de emigrar desde Trinidad y Tobago, cuando fue detenida por el Departamento de Inmigración. Le acusaban de un pequeño robo al poco de entrar en el país. Durante cuatro años y antes de ser deportada, fue retenida en varios centros de detención sin atención médica.

Los inmigrantes de EEUU piden que no les traten como delincuentes. Alex-s

“Lo que vi durante esos cuatro años fueron víctimas de violencia doméstica, refugiados, presos que habían sido objeto de tráfico de personas o discapacitados y enfermos mentales que no recibieron ninguna ayuda médica. Muy pocos tenían acceso a abogados o traductores. Si protestabas por la falta de ayuda médica, podían alargarte el tiempo que estabas detenido”, declaraba Jaggernauth la pasada semana en un acto en Washington, D.C., con diferentes organizaciones.

El presidente Obama ha mostrado en varias ocasiones su deseo de reformar las leyes de inmigración y establecer las condiciones para conseguir “legalizar” a doce millones de indocumentados. Un miembro de la Administración norteamericana ha confirmado incluso en el New York Times que les gustaría abordar los cambios antes del final de 2009. Pero los activistas quieren asegurarse de que la reforma termina con un capítulo que consideran vergonzoso: defienden que los centros de detención de indocumentados caen en una especie de limbo legal en el que se violan desde la Constitución estadounidense a leyes internacionales.

En respuesta a las declaraciones en el diario neoyorquino, organizaciones no gubernamentales, grupos de presión y activistas han invadido la capital con visitas al Congreso, reuniones, comparecencias, ruedas de prensa y toda clase de eventos para presionar al Gobierno de Obama. Quieren asegurarse una reforma favorable a los inmigrantes, pero también recordarle al inquilino de la Casa Blanca que estos centros de detención están fuera de la legalidad: la mayoría de los detenidos superan el tiempo de estancia máximo sin derecho a juicio.

“Recuerdo mi sorpresa cuando después de muchos años trabajando por los derechos humanos en todo el mundo, me encontré con que también había violaciones en mi propio país”, asegura Sarnata Reynolds, directora legislativa para inmigrantes y refugiados en el capítulo estadounidense de Amnistía Internacional.

Años encerrados por un delito civil

La ley norteamericana establece que entrar de forma ilegal en su territorio constituye un delito civil, no criminal. Aun así, el Departamento de Inmigración tiene el objetivo de encarcelar a casi medio millón de indocumentados este año. Mientras esperan su juicio, permanecerán encerrados en 300 centros de detención para inmigrantes y cárceles de todo el país, compartiendo celdas con condenados por robo, asesinato u otros delitos. El tiempo de espera para la deportación, una vez que se ha celebrado el juicio con las autoridades de inmigración, no debe superar los seis meses, pero muchos de estos detenidos pasan años encerrados, son desplazados de un centro a otro y casi siempre carecen de defensa legal.

La Administración de Bill Clinton estableció durante su última legislatura un programa que permitía a la policía de cada estado reforzar las labores de lucha contra la inmigración ilegal, un asunto que depende del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) y de la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE). Sin embargo, durante el mandato de George W. Bush, diferentes estados fueron consiguiendo permisos para que ’sheriffs’ y policías tuvieran la misma competencia que los agentes de inmigración. La consecuencia: en estos estados, si un policía detiene a una persona sin papeles, puede trasladarle directamente a un centro de detención para que espere allí un juicio y ser deportado.

Entre las frases más recordadas de los que han acogido estos programas con las manos abiertas está la que declaró un oficial en una reunión con agentes de inmigración: “Podemos hacer que una persona desaparezca”.

El origen de este programa fue la lucha contra el terrorismo dentro de Estados Unidos y para mejorar la seguridad mediante la persecución de indocumentados y criminales. Pero la organización Justice Strategies encontró que justamente el 61% de las localidades en las que la policía puede detener indocumentados tiene ya un índice de criminalidad por debajo de la media nacional. Además, el 80% de los permisos han sido otorgados en una zona con un largo historial de discriminación con tintes racistas.

“Sencillamente, no tiene ningún sentido”, afirma Aarti Shahani. La experta de Justice Strategies denuncia además que estas detenciones les cuestan a los estadounidenses 1.700 millones de dólares al año.

Niños abandonados en mitad de la carretera

Las denuncias de los defensores de los derechos de los inmigrantes van desde la proliferación de redadas y retención de indocumentados que esperan un juicio en cárceles para criminales ya condenados, hasta el trato que reciben en el momento de la detención o las consecuencias para las familias de los detenidos. El año pasado, la organización Consejo Nacional de La Raza denunciaba que en las detenciones en carretera —en algunos estados la policía de tráfico también puede exigir el permiso de residencia, por ejemplo, como parte de estos programas especiales— muchas veces los policías abandonan a los niños en los coches, sin avisar a otros familiares para que los recojan. Los menores piensan que sus padres les han abandonado, que son asesinos o que el último recuerdo de ellos va a ser ése, cuando entraron esposados en un coche de policía.

Shahani señala que su organización ha mantenido varios encuentros con el equipo de Obama desde la transición y que conocen estos casos. Sin embargo, cuando hace dos semanas mantuvo una reunión con el Comité de Justicia del Congreso, muchos de los legisladores desconocían los detalles. “Ese programa del que hablas, ¿es para investigar o para qué?”, apunta como ejemplo, citando a un congresista.

Jaggernauth apeló su condena de deportación y volvió a EEUU para ayudar a otros inmigrantes. CFPereda

“Tenemos que contar esta historia porque creemos que si todos los norteamericanos supieran lo que está ocurriendo en estos centros, se quedarían horrorizados“, insiste Shahani. Según diversas investigaciones, el problema más denunciado por los detenidos es la falta de atención médica y de acceso a su propio historial.Marlene Jaggernauth necesitó atención de un ginecólogo mientras estaba en uno de los centros. Su petición fue enviada a Washington para que aprobaran la asistencia —normalmente se envía una persona a uno de los centros o se traslada al preso a un hospital—. Antes de recibir ninguna respuesta, Jaggernauth fue trasladada a otro centro de detención. Allí tuvo que volver a empezar el proceso. Fue deportada a Trinidad y Tobago antes de ver a ningún médico.

Para Shahani, el problema radica en la cualificación de los funcionarios de las cárceles. “Se trata de empleados que no están preparados para ese trabajo, que no entienden las necesidades de los detenidos y que piensan que mientras esperan a ser deportados, no hay necesidad de responder a lo que pidan. Piensan que se pueden permitir ignorarlos”, declara.

Murió de cáncer sin que le atendieran de sus dolores

Diferentes organizaciones han denunciado casos de inmigrantes que han fallecido en estos centros de detención. Cheryl Little, directora del Centro de Abogados por los Inmigrantes en Florida, recordaba a Hiu Lui Ng, un inmigrante e ingeniero del Empire State que falleció a causa de un cáncer que no le fue diagnosticado hasta después de cuatro meses quejándose por los dolores. La investigación del caso descubrió una grabación en la que el fallecido fue arrastrado por los oficiales del centro, le negaron la medicación y una silla de ruedas cuando ya no podía caminar, y le acusaron de mentir sobre su enfermedad.

Little añadió a la lista nombres de algunos de los 91 inmigrantes que han fallecido en estos centros desde 2003. Entre ellos hay detenidos con esquizofrenia sin acceso a su medicación, presos de los que se supo que padecían cáncer o patologías del corazón sólo después de haber fallecido, paralíticos sin acceso a silla de ruedas y haciéndose sus necesidades en la cama durante seis meses o mujeres obligadas a mostrar compresas usadas para probar que necesitaban más.

“Estar detenido es difícil por varias razones, pero en cuanto a la ayuda médica nos sentimos impotentes y asustados. Es un sistema humillante que han creado simplemente para inspirar miedo. Nada más”, atestigua Jaggernauth. “Se trata de una crisis de derechos humanos y civiles. Estados Unidos está fallando. Hacer algo así en este país no es sólo inaceptable, va más allá de lo vergonzoso”, concluye la abogada Little.

Articulo para Soitu.es

El presidente cambia la dirección de los medios en la Casa Blanca

Thursday, March 26th, 2009
Por CRISTINA F. PEREDA

El presidente Obama ignoró el martes durante su rueda de prensa a los grandes diarios norteamericanos en un gesto histórico. Sólo tres periódicos, Washington Times, Stars and Stripes, y Politico —aunque este medio, fuera de la capital, es más conocido por su web— tuvieron la suerte de poder hacer una de las trece preguntas de la noche.

Por primera vez en la historia, un presidente dejaba callados a periodistas del New York Times, Washington Post, USAToday o Wall Street Journal. El gesto responde a la estrategia de comunicación que Obama consolidó durante la campaña electoral: los medios en otros idiomas, locales o de internet pueden tener tanta fuerza al trasladar su mensaje como cualquier otro medio nacional.

Obama invitó a preguntar a una televisión en español y una revista afroamericana durante la segunda rueda de prensa que celebra en horario de máxima audiencia. Y para que quede claro que está dispuesto a acercarse a todos, esta noche se dirigirá a la audiencia de Univisión. El canal para los hispanos de Estados Unidos celebra sus premios de la música y el presidente dará un mensaje en español e inglés.

La Administración de Obama ha decidido mantener una política de ‘puertas abiertas’ con los medios minoritarios estadounidenses. Su departamento de comunicación está constantemente en contacto con ellos y comparte información a diario sobre los movimientos del presidente. Sin embargo, éstas publicaciones todavía tienen dificultades económicas y de recursos para cubrir la Casa Blanca.

Denise Barnes, directora del periódico para la comunidad afroamericana de la capital, Washington Informer, cuenta con una redacción de 8 personas. Con sólo dos reporteros, no se puede permitir que uno de ellos pase el día entero esperando la rueda de prensa oficial. «Ése es nuestro desafío. No estamos en situación de mandar allí a una persona todos los días. Y no puedes desafiar el sistema de gobierno si no estás allí para hacer una pregunta».

Los medios en español también comparten esta situación. Si quisieran seguir intensamente lo que ocurre en la Casa Blanca, no podrían prestar atención a los temas que afectan a su propia comunidad. Al final dependen de noticias de agencias para cubrir la presidencia de Obama.

Unos 50 millones de personas consultan a diario uno de los más de 3000 medios que cubren comunidades de inmigrantes, la mayoría de las veces en un idioma distinto al inglés.

La audiencia de medios para inmigrantes asciende a un cuarto de la población estadounidense. Casi 50 millones de personas consultan a diario uno de los más de 3.000 medios que sirven a estas comunidades, la mayoría de las veces en un idioma distinto al inglés.

«No han visto nuestras caras, no saben quiénes somos, pero simplemente porque no estemos ahí todos los días, no quiere decir que no cubramos la Casa Blanca», declara Lori Montenegro, corresponsal en Washington, D.C. para la cadena de televisión Telemundo. La cadena en español es uno de los pocos medios a los que el Presidente Obama ha concedido una entrevista.

Sin embargo, los medios minoritarios reconocen y aprecian que Obama les haya abierto las puertas. Conocen en todo momento el horario del presidente así como los temas en los que está trabajando. Algunos miembros de la oficina de comunicación conceden entrevistas, algo que no había ocurrido en anteriores administraciones.

“Hasta ahora la Casa Blanca ha estado mucho más abierta y accesible. Prestan atención a nuestras necesidades y son más sensibles a las limitaciones que tenemos los medios latinos o afroamericanos”, explica Lori Montenegro.

El trabajo de Luís Miranda, director para medios Hispanos en la oficina de prensa de la Casa Blanca, ha tenido un gran impacto, según algunos reporteros. Miranda realizaba la misma labor para el partido Demócrata, por lo que está familiarizado con los corresponsales en Washington, D.C., lo que necesitan, sus límites y hasta el horario en el que mejor pueden cubrir una rueda de prensa.

“Queremos ser accesibles para ellos y mantener un diálogo entre la comunidad hispana y la administración”, explica Miranda. “Queremos que los medios y la comunidad latina sepan lo que estamos haciendo, por qué y cómo les puede afectar a ellos en el caso del plan económico, de salud o ayudándoles a no perder sus casas”.

El papel de Luís Miranda en la oficina de prensa ha cambiado en comparación con sus predecesores. Ahora puede organizar entrevistas e incluso aparecer en cámara para televisiones latinas como Telemundo. En administraciones anteriores, la persona que trabajaba para los medios minoritarios sólo podía enviar notas de prensa o conceder entrevistas a periódicos, pero nunca para radio ni televisión. La Casa Blanca también ha celebrado varios encuentros entre medios hispanos y el jefe de gabinete Rahm Emanuel, la presidenta del comité para el Cambio Climático Carol Browner o la directora del Consejo de Política Doméstica Melody Barnes.

La prensa afroamericana también ha sido bienvenida por la Casa Blanca. Nada más celebrarse las elecciones, la revista Ebony obtuvo una entrevista con Obama —ayer fue uno de los medios afortunados—, mientras que el grupo Black Enterprise lo consiguió justo después de la investidura.

“Cuando este sistema funciona bien se convierte en una conversación que nos permite presentar las políticas del presidente a una mayor audiencia, así como escuchar la opinión de las comunidades sobre determinados problemas que les afectan”, explica Corey Ealons, director de comunicación para medios afroamericanos.

Pero a pesar de los esfuerzos realizados por la administración, miembros de los medios minoritarios todavía quieren más atención. Después de haber cubierto las presidencias de Clinton y Bush, Barnes dice que no recuerda ninguna rueda de prensa tan “programada” como las de Obama. El único momento que tiene para salirse del guión es cuando responde a una pregunta. Pero incluso entonces, explica Barnes, no parece que haya mucho espacio para sorpresas.

“Cuando siempre dejas que los mismos medios hagan la pregunta, y no invitas a nadie distinto, entonces no puedes tener una perspectiva diferente en lo que está pasando. La lista me parece una forma de hacerle sentir cómodo. Sabe cuál es la postura de cada reportero que invita a preguntar y del medio para el que trabajan, así que sabe quién es más o menos agresivo”, argumenta Lori Montenegro.

El problema no es sólo si estamos en las ruedas de prensa, sino que cuando estamos ahí queremos vernos representados. Cuando acudimos estamos listos para participar”, dice Denise Barnes, quien acudió a la primera conferencia de prensa de Obama. “Todos los medios de comunicación fueron elegidos antes de la conferencia. Le dieron una lista al presidente, no como otras veces que reciben preguntas de la sala, así que es diferente. ¿La forma de entrar en esa lista? No lo sé”.

Articulo para Soitu.es