Casi todos los medios digitales han demostrado ya que pueden emitir un evento en directo y combinar vídeo con comentarios de lectores y expertos gracias a widgets de Twitter o Facebook. Los comentarios extienden la noticia. Las reacciones de los lectores pueden ayudar a los periodistas que presten atención a saber por dónde continuar la información. Pero en el caso de los eventos en directo, extender la noticia no significa profundizar en ella. Ese es un trabajo que debe hacerse antes del directo.
Así lo demostró la semana pasada la Sunlight Foundation, una organización de Washington destinada a la asistencia a los periodistas mediante técnicas de investigación por ordenador. No tienen la fuerza de un medio de comunicación, pero dieron una lección importante durante la cumbre para la reforma sanitaria organizada por Obama en la Casa Blanca. Su retransmisión a través de internet se ganó tantos elogios que la Sunlight Foundation ha explicado en su blog cómo lo hicieron y cuál fue la clave: el trabajo durante la semana anterior a la reunión.
“Nuestra intención era dar contexto en tiempo real a las afirmaciones hechas por los políticos y hacerlo utilizando datos del gobierno. Queríamos dejar que los números hicieran algo más que simplemente lo que hablaran los políticos”, explica Jack Brewer en el blog de Sunlight Foundation.
Retransmisión de la Sunlight Foundation
Los elementos elegidos fueron los más básicos: pantalla de vídeo empotrada gracias al código compartido por la Casa Blanca (a partir de ahora todos los vídeos se podrán “empotrar” en blogs y páginas web) junto al hilo de comentarios en directo. El valor añadido: la Sunlight Foundation destinó a 6 reporteros durante la semana anterior para recabar datos sobre cada uno de los participantes en la reunión. Investigaron desde sus vínculos con aseguradoras médicas o la industria farmacéutica hasta declaraciones previas sobre los asuntos del debate.
Gracias a este trabajo, los periodistas de Sunlight fueron ofreciendo links a gráficos, tablas y textos relacionados con cada uno de los políticos que intervinieron. La información aparecía en directo. La noticia se extendía gracias a los comentarios y los periodistas profundizaban añadiendo información a lo que pasaba cada minuto.
En un esfuerzo similar, el New York Times fue cambiando la portada el domingo por la noche durante la entrega de los Oscars. Un menú con las cinco categorías reinas combinaba fotografías con vídeos de cada uno de los candidatos. Cada vez que se entregaba uno de estos premios, el mosaico quedaba dedicado al ganador.
Menu interactivo en la portada del NYTimes.com
La Sunlight Foundation demostró que no hace falta el potencial ni los recursos del New York Times para añadir profundidad a una retransmisión en directo. Hacen falta ideas claras y voluntad de llevarlas a cabo. Los medios no hacen más que mirarse unos a otros para averiguar quién acierta la pregunta mágica: cómo ofrecer información de profundidad, con calidad, en internet y en directo. Resultó que la respuesta estaba fuera de un medio de comunicación.
Para un análisis completo de la experiencia del usuario en retransmisiones en directo, recomiendo este artículo de David Johnson en Poynter que también analiza el trabajo de Sunlight Foundation.
Cuando descubrimos Twitter nos preguntamos lo mismo: ¿para qué quiero yo esto? ¿Qué me importa saber lo que piensa todo el mundo en todo momento? Con el uso, aprendimos cómo usaban Twitter otros internautas y vimos que la pregunta correcta era ¿cómo puedo utilizarlo? Lo mejor de Twitter está en que se adapta a lo que cada usuario quiere hacer de él, y Foursquare va camino de lo mismo.
Foursquare es una red social basada en tu localización. Para no complicarse con datos de coordenadas en un mapa, las localizaciones suelen ser una dirección exacta y, siempre que es posible, un establecimiento comercial, sede de oficinas, estación de transporte público… o cualquier lugar conocido. Los mensajes de los usuarios se convierten en frases como “estoy en el gimnasio Washington City Sports de Capitol Hill”. El potencial de Foursquare no está en saber a qué hora suda la camiseta un usuario al que sigues, está en la información que te puede dar sobre ese gimnasio, los precios, las instalaciones o la profesionalidad de los entrenadores personales.
Con Twitter muchos usuarios empezaron a funcionar de altavoces para el contenido de los medios de comunicación antes de que a ninguna cabecera se le ocurriera difundir sus propias noticias en esta red. Con Foursquare, los usuarios están haciendo publicidad gratuita de miles de establecimientos antes de que éstos hayan explotado las posibilidades de mercado que tiene esta red.
Si Obama utilizase Foursquare, de ReadWriteWeb
Aunque algunos ya empiezan a experimentar con ella. Una cadena de diarios gratuitos en Canadá se ha aliado con Foursquare. El proyecto consiste en enviar titulares al teléfono de un usuario cada vez que registre su entrada en una localización, o cerca de ella, de la que acabe de informar el periódico. Es decir, si llego al restaurante junto a la estación de metro y lo comparto en Foursquare, el periódico me puede enviar desde críticas de ese restaurante a información sobre un accidente en la estación.
Un medio de comunicación, como se ha adelantado el New York Times, puede utilizar su propia cuenta para registrarse en las localizaciones de las que está informando. El diario neoyorquino ha inaugurado su cuenta de Foursquare para recomendar todo tipo de lugares en Vancouver, al mismo tiempo que difunde información sobre los Juegos de Invierno y redirige a los usuarios a la edición digital del periódico.
Versión de Foursquare para iPhone
Se me ocurre otra forma de aprovecharlo: la sección de cultura del periódico te avisa de eventos que pueden interesarte cerca de dónde estás.
La publicidad llegará más tarde a esta red, pero esto no quiere decir que los establecimientos comerciales no puedan rentabilizarla ya. Foursquare te da una medalla cada vez que eres el primero en decir que llega a una localización -algo bastante fácil ahora que la red acaba de arrancar. Esta información puede convertirse en descuentos para clientes, ofertas e incluso regalos si consigues que te sigan otros usuarios. Y puede aplicarse a todo tipo de situaciones, ¿y si todos los asistentes a un concierto que registren su localización reciben descuentos para descargar las canciones después?
Como en todo, hay quien ve más peligros que ventajas en esta red social. La página Please Rob Me ofrece en directo información sobre todos los usuarios que dicen que acaban de salir de casa. Y como en todo también, siempre hay herramientas y ajustes para evitar todo esto. Las últimas semanas, sobre todo a raíz del lanzamiento de Google Buzz, ha habido muchas quejas de internautas que ven cómo se escapan datos privados en la red, desde dónde estamos hasta nuestros contactos y cuentas de correo personales. Sorprende esta avalancha por un lado y que por otro Foursquare triplique el número de visitas a su página en sólo dos meses de vida.
Pero si algo ha logrado internet, como ha mostrado Twitter, es que cada uno podemos diseñar cada red social a nuestra medida. Hace semanas que entré en Foursquare y todavía no le he encontrado utilidad. No consigo nada por decir dónde estoy, pero en cuanto un establecimiento, empresa o medio de comunicación me demuestre que puedo recibir algo a cambio, compartiré dónde estoy.
Como el fanático seguidor de Perdidos que no entra en Twitter para que nadie le desvele lo que pasó en el úlitmo episodio antes de verlo, algunos fans de los juegos se quejan por tener que esperar a la NBC para ver competiciones de las que medio mundo ya conoce el resultado.
Los Juegos Olímpicos de Pekín pusieron de manifiesto en Estados Unidos que las exclusivas de televisión para emitir los eventos empiezan a tener poco sentido. La diferencia horaria con China obligaba a retransmitir las competiciones con casi 12 horas de retraso para ajustarlas al horario de máxima audiencia en Estados Unidos. La NBC, cadena con la exclusiva, logró permiso del Comité Olímpico Internacional para bloquear los vídeos de cualquier medio online extranjero. Aunque quisieras ver la llegada a meta de un corredor, tenías que conformarte con los titulares, el texto y las fotos -el mismo problema existe durante los juegos de Vancouver.
No es sólo una cuestión de diferencias horarias. La inversión de la NBC en estos Juegos está hipotecada a retransmitir lo más interesante en horario de máxima audiencia para rentabilizar la publicidad, aunque los americanos sepan que su estrella ya ha ganado.
El verano de 2008 consolidó el uso de las redes sociales en Estados Unidos gracias a las elecciones presidenciales. La diferencia horaria con China impidió que los americanos comentaran eventos deportivos en las redes, pero los Juegos de Invierno en Vancouver pueden marcar un punto y aparte para la NBC o cualquier cadena que quiera retransmitirlos en exclusiva.
Los dos años que pasan entre la edición de los juegos de invierno y los de verano marcan como una grieta la ruptura de la audiencia con la televisión. Muchos todavía quieren la magia del directo. Y ésta no se la transmite su locutor de siempre, la voz que narra la tensión del descenso, el riesgo del supergigante, o el sacrificio de los competidores de fondo. Ahora viene de locutores anónimos que llenan de mayúsculas y exclamaciones sus mensajes en Twitter. O quizás mejor, de los atletas después de un entrenamiento o nada más bajar del podio.
La misma organización de los Juegos comparte vídeos y mensajes en redes sociales desde que arrancó el primer relevo de la antorcha olímpica. Ahora narra en directo en Twitter y Facebook los resultados de los eventos.
Gráfico interactivo de NBC
La NBC sabe que no puede vivir de la franja horaria de más audiencia y por eso ha dedicado una página en su edición digital para clasificar todos los mensajes que llegan en tiempo real hablando de eventos en Vancouver. El gráfico interactivo es sencillo e incluye una sección con los mensajes enviados a Twitter por los atletas.
Antes del comienzo de los juegos saltaron las alarmas en Estados Unidos. A falta de grandes estrellas que enganchen a la audiencia, la NBC podía haber hecho una inversión condenada a las pérdidas. Los Juegos de invierno no tienen las misas cifras de audiencia que los de verano y, a falta de una estrella que cree expectativas entre el público, la NBC parece haberse volcado a las redes sociales para que los usuarios vuelvan más tarde, pero eso sí, para sentarse ante la televisión.
Y desde el sillón, puede que vuelvan a compartir en Twitter, Facebook, Buzz o en su blog lo que acaban de ver. Volverán a las redes, alimentando el hilo de mensajes sobre cada uno de los eventos. Si hay un acontecimiento internacional con un gran sentido de comunidad son los Juegos Olímpicos. Los usuarios ya lo han arrastrado a las redes sociales y los medios empiezan a asomarse. En dos años, Londres demostrará si este nuevo aspecto en la cobertura de unos Juegos ha venido para quedarse.
Los norteamericanos inventaron el “social networking” el trabajo de las relaciones sociales, hacer contactos, intercambiar tarjetas de negocio, etc. El Desayuno Nacional de Oración es uno de los pocos eventos que dan un toque religioso a una de las oportunidades que tiene el Presidente de Estados Unidos. La ocasión es todavía mejor para su invitado de turno, quien tiene el privilegio hablar ante una audiencia de más de 3.000 personalidades de la política, economía, del estamento militar e incluso de gobiernos extranjeros y empresas de comunicación.
El Desayuno Nacional de Oración se celebra desde hace más de 50 años en Estados Unidos y siempre cuenta con la presencia de una personalidad, a nivel nacional o internacional, a la que el Presidente quiere dar un reconocimiento o, como en el caso del presidente español, presentárselo a la sociedad norteamericana. Barack Obama introdujo ayer a José Luis Rodríguez Zapatero como su “querido amigo”. La invitación es una palmada en la espalda tanto al presidente como a todos los invitados que le acompañaban en la capital estadounidense.
Los medios estadounidenses se han hecho eco de la llamada al “civismo” de Obama y de la condena de éste a un proyecto de ley que prohibe la homosexualidad en Uganda. No hay menciones a Zapatero más allá del detalle de los invitados principales porque el protagonismo se lo ha llevado la misteriosa organización que ampara este evento a nivel nacional, La Familia. El mismo día que llegaba Zapatero, se descubría que La Familia apoyaba la polémica ley en Uganda. Entre invitaciones a cancelar su presencia en el desayuno, Obama prefirió asistir y condenar el proyecto legal.
Rodríguez Zapatero se quedó sin un sólo párrafo dedicado a la importancia de su paso por Washington, pero puede que alguna de las reuniones a las que asistió ayer jueves den sus frutos en el futuro. Según informa el Washington Post, el presidente español visitó ayer por la tarde la sede de este diario, donde se reunió con el consejo editorial. Si esta reunión le interesa más al Gobierno español que a los seis invitados del presidente -la mitad del total- que están relacionados con grandes grupos de comunicación, tendrán que decirlo los asistentes.
Por parte del Washington Post, uno de los columnistas presentes destacaba ayer la “confusión” de Rodríguez Zapatero ante el sistema de salud estadounidense: “Lo que no entiendo es por qué el coste de los cuidados es tan alto en relación con el PIB y por qué la cobertura es tan limitada,” manifestó Rodríguez Zapatero, calificando este aspecto del sistema estadounidense como “un problema básico” del mismo. En un plano secundario quedó el desplante de Obama a la Unión Europea y la presidencia española, que en esta orilla del atlántico los medios han interpretado como una reacción del presidente ante la falta de agenda concreta y el desconcierto que inspira el liderazgo de la UE, con cuatro presidentes.
Zapatero no enfadó a nadie con su respuesta: “Obama tiene la puerta abierta en Europa”, cita el Washington Post. “Hay una actitud muy positiva. No deberíamos estar pensando en lo que Obama puede hacer por nosotros, sino en lo que nosotros podemos hacer por Obama”.
De momento, es el presidente estadounidense el que le ha abierto la puerta al español. El socialista estuvo presente en otras reuniones, convirtiéndose en ponente estrella en el Atlantic Council, un Think Tank progresista que celebra esta semana sus “Series de Liderazgo Global” y quería contar con la presencia del español. Antes había compartido la comida con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, la mayor federación de empresas de todo el mundo. Si los asistentes habían consultado las noticias sobre España antes de entrar en la reunión, puede que a Zapatero le haya costado el doble convencerles de los beneficios de invertir en nuestro país.
En el extranjero nos sorprende una celebración como el Desayuno Nacional de Oración. A unos por la oración y a otros por el desayuno “nacional”. Pero el título no debería engañar a nadie. El evento al que fue invitado Zapatero es una versión a gran escala del “social networking”. La Familia organiza reuniones durante toda una semana y en grupos reducidos para establecer relaciones en función de sus intereses. Es ahí donde el invitado de honor, el presidente español en este caso, puede sacar mayor tajada a dos días en Washington.
Aunque los titulares se hayan apartado del presidente español, puede que le interese más el abrazo, lejos de las cámaras, de personalidades influyentes de la sociedad norteamericana.
Haití no es Nueva Orleáns después del Huracán Katrina. Haití no pertenece a Estados Unidos. Pero la respuesta norteamericana a las consecuencias del terremoto bien podría equipararse a la que daría el gobierno de Obama ante cualquier catástrofe dentro de su territorio. O la que muchos exigieron a Bush tras el paso del huracán en 2005. Desde la donación inmediata de 100 millones de dólares a las promesas casi diarias de que Estados Unidos no abandonará a Haití una vez terminadas las labores de rescate y emergencia, Obama parece mirar a Haití como un estado más. Y los medios americanos así lo contaron: “Haití, en todos los sentidos, se convirtió en el estado número 51 el martes a las 4.53h de la tarde con el terremoto”, publicaba la revista Time bajo el título El ejército americano en Haití: Una invasión compasiva.
Una semana antes de que la tierra sacudiera Haití, Hillary Clinton comparecía en Washington para hablar sobre USAID, la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos. USAID es una agencia con el orgullo herido, atrapada entre la falta de fondos para ayudas y acusaciones de que las últimas respuestas en el tsunami de 2004 y los terremotos en China en 2008 no fueron suficientes. Una semana antes de la catástrofe, la Secretaria de Estado norteamericana anunciaba reformas en USAID para convertirla en un ejemplo a nivel internacional.
Pero el despliegue de ayuda no se ha visto con los mismos ojos dentro y fuera de Estados Unidos. Para los americanos, empujados por el lenguaje de los medios de comunicación, el ejército y los marines han dejado de imponer su imagen más dura para dedicarse a entregar agua y comida. Aunque vayan armados. En el extranjero, sobran las preguntas sobre por qué hacían falta 10.000 efectivos del ejército, un buque y la guardia costera mientras Haití clamaba por personal sanitario y medicamentos.
Algunos editoriales defendieron que el terremoto en Haití no pone tanto a prueba a Estados Unidos como a Obama. Es la oportunidad de cumplir otra de sus promesas: que no dejarán sólo a ningún país o pueblo necesitado. Y de rebote, la posibilidad de mejorar la imagen de Estados Unidos en el extranjero. Pero Obama respondió igual que Bush durante Katrina. Cuando el estadio de Nueva Orleáns quedaba atestado de desplazados por el huracán a finales de Agosto de 2005 y los servicios de emergencia de Louisiana fallaron, Bush envió al personal de Blackwater, la agencia privada de seguridad que después manchó su nombre en Irak.
El diario Los Ángeles Times ha descrito el despliegue de medios de comunicación en Puerto Príncipe como el mayor desde el tsunami en Asia en 2004. Y parecieron trabajar al unísono. Mientras las televisiones estadounidenses mostraban imágenes de haitianos arañando el cemento para rescatar a familiares, los titulares dictaban la preocupación sobre la seguridad. A ningún locutor le chirriaba ese rótulo hablando del peligro en las calles de Puerto Príncipe, cuando su voz acompañaba escenas de heridos, desplazados, huérfanos y haitianos solidarios con desconocidos bajo los escombros. Las cámaras de la CNN tardaron varios días en encontrar escenas de gente en busca de comida entre los cascotes de los supermercados. Para entonces, la llegada de miles de marines parecía obedecer el dictado de los titulares: “La seguridad se convierte en la preocupación número uno”.
Un artículo de la revista online Slate titulado “Por qué Estados Unidos se centró en la seguridad en vez de ayudar a los haitianos” concluía la semana pasada que cualquier respuesta a esta pregunta es negativa para los americanos. O bien Estados Unidos tiene intereses en el país caribeño que sólo el tiempo va a revelar, “o no importa de qué color sea nuestro presidente. Incluso cuando esté haciendo las cosas bien, el gobierno americano puede ser racista y, aún en una operación civil y puramente burocrática, salvajemente cruel”.
Los rostros de los haitianos pidiendo ayuda han recordado a muchos a las víctimas afroamericanas de Katrina. Los mismos que se quejaron por el lenguaje utilizado en función del color de las víctimas del huracán Katrina -el adjetivo de saqueador siempre acompañaba a los afroamericanos, los blancos eran víctimas-, se preguntan estos días por qué después del tsunami en Asia o el terremoto en China los titulares no nombraron problemas de seguridad.
Las televisiones norteamericanas se dieron prisa por retratar a los marines como guardianes de la ayuda. Para apoyar esta teoría, todos los días llegaban imágenes del mismo rincón comercial de la ciudad. Grupos de haitianos escalando entre los escombros para conseguir cualquier cosa. Comida o una caja de cartón. Algo que pudieran vender. Los reporteros norteamericanos a veces tuvieron suerte y hasta encontraban imágenes de la policía intentando hacerse con el control. La estrella de la CNN Anderson Cooper (en sus peores cifras de audiencia antes de aterrizar en Puerto Príncipe) se topa con un adolescente desorientado. Le acaba de caer una pedrada en la cabeza. La imagen de Cooper llevando al joven ensangrentado hasta otra esquina alimenta el horario de la CNN durante toda la tarde.
En España Francisco Perejil nos contaba que para encontrar escenas como esta, bastaba con ir al mismo cruce de calles donde antes estaba la actividad comercial. En Estados Unidos nadie confesó que repetían localización a diario.
Las imágenes de Haití llegaban con los nombres y apellidos que los norteamericanos nunca ponen a sus víctimas nacionales. Sean soldados o civiles, sus heridas nunca llegan a la pantalla de televisión ni a las páginas de un periódico. Las de los haitianos aparecían después de dos mensajes. Uno, la advertencia de que podían herir la sensibilidad de algunos televidentes. Y dos, que los medios se veían obligados a mostrarlas porque “esa es la realidad ahora mismo”. Si los norteamericanos necesitaban ver el terremoto en directo desde dentro de un orfanato, esos 15 segundos de gritos en la oscuridad, o si de verdad hacía falta poner el micrófono del reportero de la CNN entre los escombros para escuchar a las víctimas pidiendo ayuda, no lo sabemos.
Este fin de semana los defensores del lector del New York Times y Washington Post dedicaron una columna a justificar el uso de estas imágenes. Para el Times, “resultó duro mirar algunas imágenes de sufrimiento y muerte, pero era imposible no publicarlas”. En el Washington Post, sin embargo, reconocen que los lectores esperaban ese tipo de imágenes, “pero no estaban preparados para ver durante días una representación tan gráfica de la muerte”.
Puede que sin esas imágenes no hubieran llegado millones de dólares a través de mensajes de texto. Aunque, seguramente, sin cada uno de esos fotogramas dedicado a una víctima el argumento de que el ejército estaba allí para ayudar no sería sostenible.
Rebecca Solnit, autora del libro “Un Paraíso Construido en el Infierno” sobre Nueva Orléans después de Katrina, estudia la reacción de las autoridades en catástrofes naturales. Según Solnit, desde el terremoto de San Francisco en 1906 las autoridades y las leyes que les amparan están más preocupados por la propiedad que por las vidas humanas. “En casos de emergencia”, escribe Solnit, “la gente puede y de hecho acaba muriendo por esas prioridades. O son disparados por pequeños robos o por robos imaginarios. Los medios no sólo empujan estos resultados sino que casi de forma repetitiva prepara el camino para que se dé esta reacción”.
Con ayuda de los medios o no, Estados Unidos ha conseguido crear una imagen de salvador en Haití. Sólo los marines podían garantizar la entrega de ayuda, por eso la custodiaron en el aeropuerto de la capital durante días, mientras las organizaciones internacionales en el terreno se quedaban sin palabras para explicar que necesitaban la entrada de personal sanitario y medicamentos. Sólo los marines podían garantizar la seguridad de aquellos que entregarían las botellas de agua y raciones de comida. Por eso esperaron los haitianos.
En casa, Obama ha vendido el mejor ejemplo de su prometida diplomacia humanitaria, la de la compasión y el diálogo. La compasión llegó en forma de dólares, buques y soldados. El diálogo aterrizó con Hillary Clinton, quien se sentó junto a René Préval, presidente de Haití. No hubo imágenes de Clinton sobrevolando la zona de la catástrofe en helicóptero. Llegó, escuchó y se marchó.
En el terreno, quedan los marines sin fecha de regreso.
Me enteré del accidente de Tiger Woods a través de una alerta por email. Era del servicio de noticias BNO News, también conocido por su cuenta en Twitter BreakingNews (casi millón y medio de seguidores). Mi primer instinto fue abrir Twitter, porque el email de BNO no tenía un link a ninguna noticia. Los primeros mensajes que encontré eran en inglés y reenviaban el original de BNO News así que lo compartí con un link al diario Orlando Sentinel, que sí contaba con información muy básica sobre el accidente. [El texto ha ido evolucionando con la información]
En apenas 15 minutos, algunos usuarios de Twitter empezaron a compartir información sobre el alta de Woods, la gravedad de sus heridas o incluso si el accidente había sido provocado por paparazzis.
Mensajes de BNO News con nueva información sobre el accidente de Woods
“Mientras veo cómo se desarrolla esta historia frente a mis ojos en internet”, escribía MG Siegler, “me demuestra que éste tipo de noticias es exactamente por lo que la red está destruyendo periódicos y debería, eventualmente, terminar hasta con la televisión y las principales fuentes de información para la mayoría de la gente”.
Mensajes de BNO News con nueva información sobre el accidente de Woods
Son precisamente estas afirmaciones las que menos justicia hacen a las cualidades de las redes sociales y la información en tiempo real. Los argumentos han cambiado con el tiempo, pero los medios de comunicación estaban en crisis antes de la crisis. Y antes de que llegara Twitter. El hecho de que unos cuantos nos enteráramos por internet del accidente de Woods antes que por televisión no arruina el valor que la ésta tiene para la población desconectada a internet.
No hay duda que la rapidez de un servicio como Twitter, de la que ya hemos presumido todo lo que no han presumido sus propios creadores, venció a la CNN -que cuando algunos usuarios ya compartían links sobre el alta de Woods todavía contaba con apenas una línea de información sobre el accidente- y otras cadenas de información. La alianza de MSNBC con el servicio de actualizaciones de BNO News nos dice que no estamos hablando de un servicio cualquiera.
Pero por todo lo que hemos elogiado a Twitter por su rapidez, tendríamos que reconocer que seguimos yendo a medios de comunicación para tener datos confirmados. Incluso puede que encendamos la televisión a ver mientras usamos Twitter para actualizar lo que sabemos. ¿Por qué no reconocemos esto? Twitter nos sirve para regresar a los medios. Todos buscamos el link al primer medio que nos aportase un dato nuevo, que confirmara que la mujer de Woods le rescató del coche con un palo de golf o cómo puedes chocarte contra la boca de incendios y un árbol en tu jardín (mapa) y quedarte inconsciente. A las 2 de la mañana.
Alguien debería escribir por qué hasta los usuarios de Twitter expertos en tecnología acabaron hablando de esto. Pero eso es otra historia.
Una de las críticas más conocidas en contra de Twitter es que “cualquiera” puede difundir información no confirmada, una labor que los periodistas realizan con humildad, a veces, y con exagerado orgullo, muchas otras. Si a los medios les preocupa ser los primeros en contar una noticia, se me ocurre que escriban, en 140 caracteres, que acaban de enterarse de que el famoso de turno ha tenido un accidente y trabajan para confirmarlo (les sobrarían 70 caracteres). Un mensaje así me invita a volver a leer su cuenta en un rato y pinchar en el link que pongan diciéndome que Woods iba al volante.
Pero algo me dice que ésta no es la preocupación principal. Se nos acabaron las ganas de hacer las cosas bien, creo.
Mientras sigo encontrando información nueva, con links a fuentes contrastadas gracias a algún periodista que hizo su trabajo, en Twitter, donde “cualquiera puede contar cualquier cosa”, descubro que a alguien más se le terminó la ilusión por convencer a los lectores de que regresen al kiosko.
¿Cómo le pediremos al lector que vuelva mañana, si hoy le hemos mostrado “la mirada del asesino” que 24 horas después no lo es? La palabra “presunto” no falta en esa portada por cuestiones de maquetación. Y la culpa tampoco la tiene internet.
Salí rebotada con mi título de Licenciada en Periodismo porque me faltaban dos cosas, una era la experiencia práctica para sentir que te habías licenciado en algo. La otra, el bagaje cultural que me hiciera pensar que puedo abordar la información comprendiéndola con cierta autoridad primero. Dejé atrás tipómetros y experimentos con web-logs rudimentarios, allá por 2004, y me di un paseo hasta la UNED.
Elegí la licenciatura de Antropología Social y Cultural. Mucha lectura y mucha invitación a pensar, cosa que apenas tres profesores consiguieron en cinco años de periodismo. Interrumpida por esta mudanza a Washington, me faltan tres asignaturas para terminar este segundo título. Pero es el trabajo de periodista de estos dos últimos años lo que me devuelve a la Antropología y hace que tenga más sentido que nunca haber escogido esta segunda licenciatura.
Me gusta trabajar desde el extranjero porque tengo la oportunidad de entender (o por lo menos intentarlo) una cultura y explicarla después. Aunque sea a bocanadas de información. Me gusta contar lo que le está pasando al periodismo porque detrás de todo esto hay un cambio social del que no todo el mundo se acuerda.
Maraña de voces que descifrar - By CFPereda
Un cambio introducido por la tecnología, que dicen que acelera el ritmo con el que vivimos y pensamos. Si pensamos más rápido, tiene todavía más sentido que nos cuenten lo que ocurre en el mundo con un mínimo de explicación. Pero mientras nos acostumbramos a contar las cosas de otra forma, a trabajar de distinta manera para acomodarnos a la audiencia, ésta también cambia.
Si nosotros mismos, ciudadanos antes que periodistas, estamos leyendo las noticias en un teléfono móvil, ¿por qué no trabajamos ya para cómo hacer esto mejor?
Si nosotros mismos sabemos que todavía nos gusta tener un papel en las manos, el periódico con el café de la mañana, ¿por qué no trabajamos para que nadie más cambie ese diario por el ordenador?
No estoy hablando de elegir Google o Microsoft. Ni de cómo vender un diario o distribuirlo mejor. Me refiero al negro sobre blanco, a esas fotografías que daban ganas de enmarcar con el texto debajo. A la excusa para comprar el periódico en primer lugar. A lo que quería el lector del periódico, no al revés.
Miro hacia atrás y no deja de sorprenderme el ambiente que se respiraba en San Francisco este mes de Octubre durante la conferencia de la ONA. Sé que tiene mucho que ver con el espíritu de competencia de los americanos, con las ganas de hacer siempre más y mejor. Esa idea de compartir para mejorar y no el recelo típico español de ‘que no se entere el de al lado, que a lo mejor consigue llegar antes que yo’. Allí todo el mundo miraba hacia delante. Y sólo hablaban del lector, la audiencia, de dónde están y cómo llegar hasta él.
El debate es una gran maraña de voces que van más allá de la simple división entre los partidarios de internet y los del papel, los de sistemas de pago y los que quieren ofrecer contenidos gratuitos. A mí me interesa la voz del que lee. Y por qué esta voz cambia según avanza la tecnología. Llevamos décadas escuchando al lector en las cartas al director, al oyente cuando participa en la tertulia de radio, queremos que nos envíen sus fotos de una tormenta por internet, ¿por qué no escuchar también lo que quieren de nosotros?
Muchos se pronuncian estos días a favor del pago en internet. El New York Times no se pronuncia, pero lleva 6 meses preguntando a sus lectores y suscriptores. No, no está haciendo la típica encuesta de ‘pagaría usted o no por leer esta noticia en internet’. Hace preguntas abiertas y escucha, abre foros para que los lectores opinen. Y no, tampoco publica los resultados en ninguna parte. Cuando tome una decisión, muchos lectores podrán estar en desacuerdo, pero no podrán decir que los responsables del diario no preguntaron. Si el New York Times se equivoca, la audiencia se quedará con un ‘ya se lo dije’, pero por lo menos le dieron la oportunidad de opinar.
Ningún modelo es perfecto. Los que tanto han criticado que los periodistas digitales pecan de mucho mirar a la pantalla del ordenador y poco salir a la calle, por favor presten más atención a su alrededor. A los que antes compraban su periódico y ahora no. Los que cambiaron de canal de televisión. Los que escuchan la radio en Internet.
Pero no todos son iguales. Algunos agregadores simplemente agrupan información de distintas fuentes en una misma página o portal, facilitando al usuario la navegación entre fuentes y temas de su interés. Hay agregadores que sólo publican el titular, la entradilla, el autor y la publicación original, por lo que el lector tiene que pinchar en el link para tener acceso al contenido completo. Otros agregadores citan toda esta información, acompañada del texto, imágenes o vídeos completos, por lo que el lector no tiene por qué llegar al medio que publicó y produjo la información en un principio.
Hay dos formas también de ver este problema. Cuantas más páginas citen tu trabajo, más posibilidades de que los lectores lleguen hasta la fuente original. La postura contraria defiende que los agregadores no serían nada sin ese primer artículo y que no deberían beneficiarse, en forma de tráfico y de anuncios que suelen publicar junto a los titulares, del trabajo creado por la competencia.
Y hay dos maneras de afrontarlo. Los recientes gritos de Murdoch contra Google, la oferta de Microsoft para conseguir la exclusividad en los resultados de búsqueda de los medios de Murdoch y el empeño en centrarse en el número de visitas que llegan a una página, pero no en el número de profesionales necesarios para crear un medio en condiciones, es una de ellas.
El Tumblr de Newsweek
La otra es entender que la red es compartir. Y admitir que los medios hace mucho que son agregadores.
La primera manera de agregar son los links en muchos de sus artículos a información fuera de las páginas de los medios de comunicación.
(Actualización 24.11.09 17:10 h.) Como bien me corrige Jorge Tirzoen un mensaje en Twitter, faltó mencionar que la publicación de notas de agencia también puede entrar dentro del concepto de “agregar”, aunque se trate de un servicio al que los medios están suscritos y por el que pagan.
Y hay otras más. El Washington Post lanzó durante la campaña electoral del año pasado Political Browser. Una página donde periodistas de la redacción recomendaban, entre otras cosas, las lecturas que más les interesaban ese día. El New York Times ha experimentado durante 12 meses con una colección de links recomendados en su página principal. La semana pasada decidió retirarlo y mantenerlo sólo en algunas secciones. La revista Slate tiene un agregador en su portada que actualiza tres veces al día. Todos ellos recomiendan contenido que no ha producido la propia publicación.
Las elecciones también pusieron de moda los comentarios sobre vídeos en directo. Medios como la CNN se aliaron con Facebook para que los usuarios de la red social compartieran impresiones sobre lo que veían en la pantalla. Estaban agregando mensajes, agregando contenido y significado que no había producido el medio. La última versión de esta forma de agregar la proporcionan las listas de Twitter.
A veces lo que escriben otros sirve para continuar las noticias, que nunca dejaron de estar vivas.
Los que antes han comprendido esto ya crean sus propios agregadores. Y lo hacen fuera del medio. Con recursos gratuitos. Con blogs como los que usan algunos de sus lectores. Que se lo pregunten a Newsweek, la revista estadounidense que acaba de lanzar su propio microblog o agregador en el servicio Tumblr.
Y publican de todo. Hay links a la revista y al resto de internet.
Otros están en camino. Jennifer Preston, editora de medios sociales para el New York Times, dice según Nieman Lab -la publicación de periodismo de Harvard-, que el suyo llegará pronto.
Google News recibe visitas porque nos gusta el buscador, porque funciona. Los agregadores también nos sirven porque confiamos en el medio de comunicación que está detrás y los especialistas que recomiendan el contenido. Newsweek es el ejemplo de un medio que entiende que los usuarios también quieren que recomendemos. Por eso muchos siguen a periodistas en Twitter o Facebook y allí donde estén en internet. Los usuarios piden así que los periodistas cuenten y compartan más. El Tumblr de Newsweek es sólo un método más de responder a esta demanda.
La revista Columbia Journalism Review dedicó su último ejemplar del año a un impresionante informe sobre “La Reconstrucción del Periodismo Americano“, elaborado por Leonard Downie, Jr., vicepresidente y antiguo editor del diario The Washington Post, y Michael Schudson, profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. Los editores de la publicación no quisieron esperar a que el informe circulara por la red para conocer las reacciones de otros profesionales y el público en general. Pidieron a cuatro especialistas que escribieran su respuesta, publicadas en las páginas siguientes al informe. En una de ellas, el historiador Paul Starr, alerta de que los autores se han olvidado de uno de los factores clave en esta crisis: los cambios en la audiencia.
Nuestros hábitos y costumbres son distintos. La tecnología obliga a los medios a reinventarse. Los periodistas tienen que aprender a compartir la información de otra forma. Y parte de la audiencia hace tiempo que dejó la fórmula del periódico en el desayuno, la radio al ir al trabajo y la tele por la noche. No hace falta insistir que parte de los ciudadanos les gusta recibir la información cuando quieren y donde quieren.
En muchas conversaciones sobre los cambios en los medios hablamos de esto. Pero no siempre tenemos en cuenta hacia dónde van las cosas, seguimos por detrás de la tecnología, por detrás de nuestros lectores. El tipo de ordenador, teléfono o incluso si llevan un periódico en la mano nos está dando pistas de lo que deberíamos estar pensando.
Lo mismo ocurre con la televisión. El escritor y experto en medios para The New York Times, Nicholas Carr contaba la semana pasada cómo la compra de un dispositivo lector de discos Blu-Ray le había abierto los ojos. Como muchos otros norteamericanos, lo compró buscando mejor calidad de la imagen, sin saber que el lector de vídeo puede conectar su televisión a Internet. Sin saber que puede ver películas y vídeos gratis en su pantalla plana colgada en el salón.
Debate presidencial en Current TV
La tecnología vuelve a llegar antes que un modelo que haga todo esto rentable.
Las cadenas de televisión norteamericanas ofrecen sus series de mayor éxito en Internet, gratis y 24 horas después de su emisión en directo. Podemos verlas (dentro del territorio estadounidense) cuando queramos, donde queramos y a cambio de apenas 3 interrupciones publicitarias de 30 segundos. Se acaban las series de 40 minutos con 20 de anuncios.
Pero hay otra implicación mucho más grave. La suscripción a televisión en Estados Unidos cuesta un mínimo de 40 euros. Los canales de información las 24 horas pierden audiencia en un goteo que desplaza a los televidentes hasta Internet. Las series y los “realities” ganan audiencia, pero también están todos en Internet. Las películas también. Netflix, una de las mejores páginas de 2009 según la revista TIME, ofrece suscripciones mensuales (por cantidades ridículas en comparación con las de televisión) que te permiten ver películas cuando quieres y sin interrupciones. Sin necesitad de descargarlas al ordenador, en alta definición y en tu salón. O en el portátil. Donde quieras.
¿Merece la pena entonces pagar todos los meses por ver la televisión?
Algunas cadenas como Current TV van al mismo paso de la audiencia en esto. Durante los debates presidenciales incorporaron la participación en Internet a la pantalla y aparecían mensajes de Twitter por encima de la imagen de Obama y McCain. Gracias al ordenador podías participar en directo y comentar lo que estabas viendo con otros espectadores. Ahora los televisores conectados a Internet nos permiten hacer lo mismo.
Sería un error pensar que todos los ciudadanos han cambiado drásticamente su forma de consumir información. Pero si no tenemos estos cambios en cuenta, si no pensamos que la fragmentación de la audiencia -dividida no sólo en grupos demográficos, sino también en formas de acceso a la información-, estaremos a punto de perder el mismo tren que se le escapó al periodismo con Internet.
Llega YouTube Direct. La nueva faceta ayuda a los ciudadanos a colaborar con los medios. Pero no es un canal de periodismo ciudadano. Es un portal donde cada medio de comunicación puede encargar a los ciudadanos la cobertura de determinados eventos, temas o incluso participar en proyectos especiales. Ya se han apuntado Huffington Post, la radio pública estadounidense NPR, Politico o el San Francisco Chronicle.
Una vez más, el medio de comunicación no tiene que desarrollar la tecnología necesaria para todo el proceso y se lleva el servicio con todas sus posibilidades a las páginas del medio digital. Además, los vídeos no quedan alojados en sus páginas sino en YouTube. Aunque pueda parecer que con este aspecto se lleven el contenido de los vídeos a YouTube, en realidad el servicio de Google está haciendo un gran favor a los medios de comunicación por varias razones:
1. Al alojar vídeos dentro de rtve.es, por ejemplo, es RTVE quien paga por el espacio y ancho de banda necesarios para almacenar y ver esos vídeos. Cuantos más vídeos queden almacenados, y más usuarios los vean, mayor es el coste.
2. El hecho de que los vídeos estén tanto en la página del medio de comunicación como en YouTube, duplica las posibilidades de descubrirlos.
3. YouTube se encarga de desarrollar toda la tecnología que después permita que nos llevemos esos vídeos a otras páginas, comentar sobre ellos, enviarlos por email, ponerlos en Facebook, etc. Los periodistas pueden dedicarse a su nueva y obligada faceta, la moderación.
Uno de los principales obstáculos en la tarea de moderar es que la persona encargada de navegar por internet para pescar el contenido más interesante y relevante tiene que hacer eso, navegar por Internet entre redes sociales, agregadores, servicios de vídeo… Muchos medios han habilitado secciones de “periodismo ciudadano” para que la audiencia participe directamente. Estas secciones exigen atención, mantenimiento y una estructura tecnológica proporcionada por el medio. YouTube Direct ahorra este paso.
Y facilita uno más, el de la demanda. La radio pública estadounidense, NPR, es uno de los primeros medios que han adoptado este servicio. Además de pedir contribuciones a la audiencia desde YouTube, lo puede hacer también desde sus propias páginas. Esto no es nuevo. El punto fuerte de este nuevo servicio es la facilidad que supone para el internauta o colaborador el poder cargar el vídeo en su propia página de You Tube y sentirse partícipe al mismo tiempo de la información.
Otro ejemplo: Huffington Post ha querido enviar a una persona a la cumbre del clima en Copenhague. No va a enviar a un periodista. A menos que uno de ellos gane el concurso que ha lanzado esta publicación gracias a YouTube Direct. Quien envíe el mejor vídeo se convertirá en enviado especial del proyecto Hopenhage (un juego de palabras entre ‘Hope’, esperanza, y ‘Copenhage’).
La explosión del periodismo ciudadano ha empujado a muchos medios a quejarse porque la creación de contenido ya no está solo en sus manos. YouTube Direct no les devuelve la exclusividad en esto, pero les convierte en moderadores de la información. Pueden ser directores otra vez. Periodistas y ciudadanos, todos contentos.